Crédito: Agencia Uno
El AUGE de la Educación

El AUGE de la Educación

Hace algunas semanas, y tratando de revertir el lento pero continuo deterioro de la percepción pública respecto a la reforma educacional, el ministro Álvaro Elizalde aseguró: “con toda claridad la Reforma Educacional es el AUGE de la educación chilena”.

Más allá de lo irónico de ver arrimándose al AUGE al gobierno de la ministra de Salud que más se opuso a él, la expresión no dejó de ser ingeniosa: mal que mal, dicho programa es la reforma social más valorada de los años de la Concertación, habiendo mejorado de manera significativa la calidad de vida de millones de chilenos. Pero, ¿es esta reforma realmente algo así como “el AUGE de la educación”?

Para contestarlo es necesario recordar que AUGE significa Acceso Universal a Garantías Explícitas en salud. Ello implica que, cuando un paciente padece ciertas condiciones o enfermedades, se activan automáticamente garantías de tratamiento por parte del sistema de salud. Estas garantías son explícitas pues especifican concretamente las prestaciones que se realizarán, y el período máximo dentro del cual éstas deben hacerse, existiendo un mecanismo específico para que las personas puedan exigir estas garantías.

Ellas también son de acceso universal pues cubren a todos, incluyendo a los afiliados a ISAPRES. Se podría decir, pues, que el corazón del AUGE es su apuesta por materializar el derecho a la salud de las personas; de pasar, en otras palabras, de derechos sociales formales a derechos sociales reales.

"Sabemos tan poco del diseño global de la reforma educacional que difícilmente podemos decir si ésta se parecerá en algo al AUGE."

Lamentablemente, sabemos tan poco del diseño global de la reforma educacional que difícilmente podemos decir si ésta se parecerá en algo al AUGE. Pero igualmente podemos afirmar que, a juzgar por el primer proyecto presentado, el espíritu de otorgar garantías exigibles a la población no parece estar en el centro de las preocupaciones del gobierno.

Más bien, el proyecto actual se centra en imponer ciertas prohibiciones a un actor del sistema -los colegios subvencionados-, sin dar luces respecto a nuevos compromisos educacionales que vayan a ser asumidos por parte del Estado.

Las prohibiciones propuestas pueden ser más o menos sensatas -personalmente, el fin gradual del copago y al menos ciertas restricciones a la selección me parecen muy oportunas-, pero de ahí a decir que esta reforma es en algún sentido un AUGE de la educación no hay más que licencia poética (o política). Sin embargo, y quizás a pesar de la intencionalidad meramente comunicacional del ministro, me parece que la idea de un AUGE de la educación es interesante y merece al menos explorarse.

Me permito pues, la licencia de fantasear con un verdadero “AUGE de la educación”, que diese garantías explícitas y universales a toda la ciudadanía respecto al proceso de aprendizaje de sus niños.

A rasgos muy generales, me imagino que su estructura básica tendría que ser algo así: independientemente del colegio al que asista (municipal, particular subvencionado o particular pagado), el sistema educacional -ojalá desde la educación inicial- debiese garantizar individualmente, a cada niño y niña del país, el logro de ciertos mínimos en términos de su desarrollo de habilidades cognitivas y no cognitivas, y a lo largo de las distintas etapas de su proceso educativo.

Así, por ejemplo, cualquier niño que a la edad estipulada no haya desarrollado suficiente vocabulario, o que no comprenda mínimamente bien lo que lea, o que no sea capaz de aplicar razonamiento numérico en la resolución de problemas, tendría derecho (efectivo y oportuno) a acceder a una atención personalizada, especializada y (eventualmente) interdisciplinaria para desarrollar dichas habilidades al nivel requerido, con las metodologías (psico)pedagógicas que la experiencia internacional recomiende. El apoyo se prestaría así directamente a los niños, más allá del apoyo pedagógico que se dé (o no) a las escuelas según su desempeño y necesidades.

Desde luego, el nivel de estos mínimos garantizados probablemente sea modesto inicialmente, pero su cantidad y exigencia debiesen subir progresivamente a medida que entren más recursos al sistema y a medida que la calidad general de la educación siga subiendo.

Por ello, sería una medida sólo complementaria (y en ningún caso un sustituto) a reformas que apunten a mejorar la calidad general del sistema, entre las cuales el fortalecimiento de la educación pública y una carrera docente atractiva probablemente sean centrales.

"Un Estado que se comprometiera con ciertos mínimos exigibles se auto impondría una mucha mayor presión política."

No obstante, un Estado que se comprometiera con ciertos mínimos exigibles se auto impondría una mucha mayor presión política para mejorar el sistema educacional, lo cual debiera favorecer justamente poner al centro dichas reformas de mayor impacto, dándoles así mayor piso político.

Por último, dichas garantías explícitas también podrían jugar un profundo rol democrático: ayudarían a crear -tal como ocurrió en salud, con sus más de 20 millones de atenciones AUGE en menos de una década- una verdadera cultura de derechos en las familias, con exigencias concretas sobre el Estado y las escuelas, profundizando su accountability y creando a la vez una cultura de apoyo permanente a los alumnos que, por la razón que sea, se vayan rezagando.

¿No sería una reforma educacional de esta índole una manera directa de volver efectivo y tangible el derecho social a la educación de cada niño y niña de nuestro país, más allá del formalismo de los 12 años garantizados detrás de un pupitre? Al menos a mí, algo de esta índole me parecería más cercano a un “AUGE de la educación” que todo lo que hemos visto hasta ahora.


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