Crédito: A. Uno
¿El final de la tristeza?
Opinión

¿El final de la tristeza?

¿Cómo hablar de las últimas 48 horas en la vida del plantel profesional de Universidad Católica? Si nos remitimos a lo que sucedió el domingo frente a Colo Colo en el clásico que fue todo fiesta para los albos, podría decirse que nada nuevo. Otra vez sopa. Una nueva derrota en casa, una nueva caída de las que ya son moneda corriente en San Carlos de Apoquindo.

Tristeza, lamentablemente habitual. Un par de días después sucede algo que muchos esperaban, que no pocos ansiaban: el despido de Julio César Falcioni. La cosa no daba para más. Pero esto no solamente desde el punto de vista de lo que hacen los jugadores de la UC con la pelota, o más bien lo que olvidaron hacer.

"Celebrar en San Carlos los goles del rival clásico. Todo por ese "fin superior” de impedir que la Universidad de Chile, comandada por Lasarte, gane el campeonato."

No, esta vez es desde lo que nace en las tribunas, en los tablones o en las butacas plásticas, como ocurrió el domingo, donde además del habitual adepto enfurecido, surge ese otro espécimen, el que se burla del plantel.

Ahora había un elemento distinto, celebrar en el propio San Carlos de Apoquindo goles del rival clásico. Todo por ese –lo diremos así- “fin superior” de impedir que la Universidad de Chile, comandada por Martín Lasarte, gane el campeonato. Cuando comienza a suceder eso, las cosas deben cambiar.

El cuadro es, a todas luces, muy triste. Peticiones de cabezas hay desde hace meses, Buljubasich era tal vez el pack promocional que tenía que venir cuando la guillotina cayese sobre el cuello de Falcioni, que dirigió 19 partidos, perdió once, empató dos y ganó sólo seis.

Luego está Luis Larraín, que cierra un 2014 difícil de igualar en ineficiencia, depresión y desaciertos. Los despidos han sido la tónica del timonel de Libertad y Desarrollo. Mirosevic a principios de año, Falcioni en el cierre.

La vida es eterna en cinco minutos decía Víctor Jara, bueno, en menos de eso a Mirosevic le cortaron toda una vida en Universidad Católica, superando los 300 partidos vistiendo la camiseta franjeada. Pero eso es otro tema. Así como que, para ver a la peor Católica en décadas, se cobre una entrada más cara que la de un River-Boca. Rarezas del mercado.

Volvamos a Falcioni, a su sucesor, más bien. Quien llegue a ocupar ese asiento –Mario Salas o quien sea- tendrá un nuevo desafío en el horizonte. No tendrá que levantar a un plantel de jugadores mosqueados por perder una final, o el título en la última fecha. Será peor.

El desafío será levantar a una veintena de seres humanos que llevan más de cuatro meses marinados en frustración. Seres humanos que tienen talento –porque lo tienen-, pero que olvidaron dos cosas: cómo jugar bien al fútbol y cómo disfrutar haciéndolo.

Ante esto, pareciera que el próximo entrenador de Católica, amén de su pericia estratégica, deberá mostrar un muy necesario un talento de orden psicológico, motivador. Una dimensión pilarsordística, si se quiere, pero desde luego menos chapucera.

¿Cómo se levanta a un plantel que tiene sus mentes bloqueadas por el bombardeo infernal de las derrotas?, ¿cómo es posible inflar el suflé de la moral futbolera en una caterva de profesionales que no tienen más perspectiva que la rabia, la confusión extrema y una angustia descomunal?

"El ágora facebookiana cruzada pide sangre, pero también clama para que el calvario cese, para que el abismo en el que los cruzados están cayendo tenga un suelo que frene la caída libre"

También están los hinchas. Siempre están. Y ya que entramos ahí, las redes sociales de Cruzados son una mezcla de muro de los lamentos y de plaza pública hambrienta por una lapidación. Se anuncia el despido de Falcioni (que ya suena en América de Cali y Vélez Sarsfield), pero los cibernautas preguntan por Luis Larraín y José María Buljubasich.

Piden, en su afiebrada manera, algo no del todo irracional: accountability, si recurrimos al cursi y aspiracional léxico del empresariado local. Rendición de cuentas, responder por un desempeño, en buen castellano. Por toda respuesta, no hay más que el viento de las alturas de Las Condes.

El ágora facebookiana cruzada pide sangre, pero también clama para que el calvario cese, para que el abismo en el que los cruzados están cayendo tenga un suelo que frene la caída libre. Muchos de ellos son jóvenes y no vieron al equipo en cuando cayó a segunda división en 1973, ni tampoco el suscrito.

Pero pareciera no caber mucha duda respecto de que este año, que este semestre en particular, ha entregado la peor Universidad Católica de todos los tiempos. Pocos responden por eso.

El perro enrabiado se llamaba Julio César Falcioni y ya se le administró la inyección que terminó con su vida en San Carlos de Apoquindo. Muchas veces, como ocurrió con Oscar Garré y Wim Rijsbergen, cortar el hilo por lo más delgado fue la solución. Lo que venga ahora está, lógicamente, por verse.


Lo más visto en T13