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10 razones detrás de la falta de política pública en ciencias (I)
Opinión

10 razones detrás de la falta de política pública en ciencias (I)

Conicyt fue creada como organismo asesor de la Presidencia en materias de desarrollo científico, de formación de capital humano y de fortalecimiento de la base científica y tecnológica del país. Durante 40 años ha cumplido su rol

Pero por los cambios del país y por su propio desarrollo, hoy merece una revisión. En catorce años de carrera, conversando con colegas, académicos y amigos que allí trabajan, muchas veces nos hemos preguntado por qué si se produce ciencia al más alto nivel, ésta no se traduce en resultados poderosos y evidentes.

¿Las razones? Hay que buscarlas en las fuerzas que conducen la ciencia en Chile. En definitiva, en un problema multifactorial que evidencia la falta de una política pública que eleve la ciencia nacional al país OCDE que aspiramos ser.

1. Ausencia de política pública

En ciencias, la falta de política se debe, en primer lugar, a que ésta se ve sólo como un grupo de interés en la asignación presupuestaria. Es decir, no se entiende su rol transversal para la sociedad.

Desde el retorno a la democracia, no ha existido claridad sobre el rol de la inversión en Investigación y Desarrollo para el fortalecimiento de la educación, la promoción de un economía que transite de los commodities al valor agregado y la creación de capacidades para el desarrollo de la manufactura en un marco de globalización y cambio climático.

"Desde el retorno a la democracia, no ha existido claridad sobre el rol de la inversión en Investigación y Desarrollo."

En vez de eso, nos hemos transformado en un centro de eventos, con congresos del futuro llenos de investigadores que hacen lo mismo que se hace en Chile o cosas que no se pueden realizar. O viajando a países cuyos avances nos asombran pero que no se transforman en políticas públicas.

Y todo para terminar en comisiones mixtas de expertos nacionales e internacionales que deben resolver problemas públicos como si la validación externa diera seguridad a lo que aquí se hace.

2. Doctores y más doctores

La carencia de aptitudes y conocimiento en estos temas ha llevado a confundir política con acciones o programas que nada tienen que ver con lo que se espera en el futuro. Porque nunca se ha pensado el futuro al que queremos llegar.

Programas como Becas Chile son un ejemplo. Altamente criticado en sus inicios, aumentó a tal punto el número de doctorantes en el extranjero que ya se habla de “doctores per cápita”, dejando en evidencia que nunca se previó el retorno e reinserción de estos profesionales. Ni para la academia ni para la industria.

"Se pensó en el número mágico de indicador OCDE, pero nunca en la seguridad social de los becarios,"

 Es decir, se pensó en el número mágico de indicador OCDE, pero nunca en la seguridad social de los becarios, quienes ahora se encuentran desamparados en temas de pensiones y salud; y con gran incertidumbre laboral.

Y aún así hubo y hay graves dificultades a la hora de devolver la beca. Restricciones que han cortado la carrera internacional de algunos, y las redes que ellos generan. Para qué decir que el aumento en el número de becas se tradujo también en que muchos desertaran en el camino.

3. Desafección de la ciudadanía

La percepción generalizada es que hacemos más de lo mismo, al más puro estilo de “The Big Bang Theory”. Es decir, con poco aporte en temas cotidianos.

Al final, a la ciencia se le ve como algo lejano. Y muy por el contrario. Gracias a los fondos asignados se han podido comprender enfermedades como el Hanta o la Salmonelosis  o entender que estamos ad portas de la generación de piel sintética o de un tratamiento de agua a bajo costo made in Chile.

Gracias a esa ciencia, hoy la minería se nutre de nuestros ingenieros, o podemos dictar cátedra en materias sísmicas a nivel mundial. Y no hay que olvidar, que muchos egresados de las escuelas de ciencias pasan a ser docentes en colegios, marcando una gran diferencia a nivel de la educación escolar.

Lamentablemente, como la relevancia de esta disciplina está desafectada de otras áreas de la sociedad, muy pocos niños -y menos aún niñas- desean estudiarla. O lo que es peor, después de alcanzar el grado profesional, la prosecución de estudios al más alto nivel no es opción a causa de la enorme incertidumbre de inserción. Se pierden los deseos de seguir adelante, cuando son esas nuevas generaciones las llamadas a reemplazarnos. 

4. Gasto en lugar de inversión

En el presupuesto nacional, este ítem es considerado un gasto y no una inversión, lo que genera innumerables problemas.

Si no existe una política que eleve el nivel de la ciencia en Chile, que ya es de calidad, menos aún cuando se trata de consolidar su papel la sociedad. Año tras año, en los presupuestos nacionales, se busca satisfacer a un grupo de interés en vez de transformar a la ciencia en palanca al desarrollo.

"En los presupuestos nacionales, se busca satisfacer a un grupo de interés en vez de transformar a la ciencia en palanca al desarrollo."

Sin superar el 0,5% del PIB, estamos muy lejos de aquellos países con los que nos gusta compararnos. Cabe recordar que ese escuálido presupuesto paga los salarios de quienes trabajan en Conicyt -personas esforzadas que nos ayudan tanto a gestionar y evaluar los proyectos, como a dar seguimiento y apoyo a una entidad pequeña pero de gran valor- al final el valor nominal es más bajo que el 0,5%.

Por tanto, para el nivel de ciencia realizada en Chile y su presupuesto asignado, hemos sido altamente eficientes e innovadores en la creación de programas de apoyo y fondos; pero eso no es suficiente, menos para un país OCDE.

5. El peso de presidir Conicyt

Ser presidente de CONICYT no es fácil. Al final, por su estrecho rango de acción, es un cargo más nominativo que de conducción de la ciencia en Chile. Muchos sabemos que quien llega a ese cargo no ha sido el primero de la lista. Es más: la lista es larga y los "no" abundan.

Lo bueno, eso sí, es que ya no se tolera que cada gobierno nombre al presidente por fines políticos, sino que debe buscarlo en una comunidad cada vez más grande y educada.

"CONCIYT es un “fierro caliente” para nuestros científicos de más años."

Pero aún así CONCIYT es un “fierro caliente” para nuestros científicos de más años. A quienes se lo proponen, no ven más que una chaqueta rígida que no permite hacer mucho.

Además, el sueldo es muy inferior del lque muchos imaginan. El académico escogido debe renunciar a mucho para hacerse cargo de una institución de alta complejidad; malos salarios para alguien que ha sido exitoso académicamente y que ahora dirige proyectos, alumnos, extensión y relaciones internacionales. Y el costo no termina ahí. Durante cuatro años, debe marginarse de la investigación, dejando la vigencia y la vanguardia, cuando nuestras carreras son evaluadas por la papermetría (número de publicaciones al año).


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