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10 razones detrás de la falta de política pública en ciencias (II)
Opinión

10 razones detrás de la falta de política pública en ciencias (II)

 

Primera parte de este post: 10 razones detrás de la falta de política pública en ciencias (I) 

6. Ser Ministerio a toda costa

Ya está instalada la idea de un ministerio de Ciencia y Tecnología. Pero cuidado: la solución puede ser peor que la enfermedad. Y es que tener una secretaría de Estado no asegura que el presupuesto se incremente  ya que es un organismo mucho más complejo en términos de gestión y costos. Lo ideal sería duplicar los fondos para lograr mantener la nueva estructura.

Pero la experiencia nos ha mostrado otra cosa. Basta ver lo ocurrido con el ministerio del Medioambiente que hasta el 2010 era una secretaría general. Su cambio de rango tuvo un impacto mínimo.

"El ministro responde a la confianza del Presidente, quien llegue ahí deberá ser afín "a la coalición", abriendo la puerta a que sea alguien que no necesariamente se maneje en ciencia."

Por otra parte, todos sabemos que ser ministro responde a la confianza del Presidente(a) por tanto quien llegue ahí deberá ser afín "a la coalición", abriendo la puerta a que sea alguien que no necesariamente se maneje en ciencia pero sí en la lógica de cuoteo.

¿Y qué hay de la idea de traspasar Conicyt a otro ministerio? No me quiero ni imaginar cómo se desarrollaría la discusión actual –ni con qué urgencia- si estuviera bajo el alero de Economía y Hacienda.

7. La lucha por la vanguardia

Así como en la adolescencia uno busca la independencia de sus padres, los científicos buscamos la autonomía intelectual de nuestros mentores. Y ahí empiezan las discusiones y conflictos generacionales: entre los que vienen de vuelta y los que van de ida.

Tal diferencia se expresa en los altos círculos de gestión, donde predominan quienes forjaron los inicios de las Escuelas de Ciencia en Chile - una generación por encima de los 55 – frente a los de 45, 55 años con pocos referentes y una camada completa ex becaria entre los 30 y 45 que siente que a lo que aspira es por mérito propio.

"No les importa si vienes de Harvard o MIT, sólo qué has hecho y qué podemos hacer juntos. Esta es precisamente la que entra en conflicto con los más viejos."

Tal generación se caracteriza por ser desprejuiciada de logos y fuertemente enfocada al éxito académico basado en “¿cuál es tu línea?”, “¿dónde publicamos?”, “¿a qué postulamos?”; son plásticos a la hora de cambiar de líneas de investigación y crean alianzas impensables con una pachorra digna de selección de futbol.

No les importa si vienes de Harvard o MIT, sólo qué has hecho y qué podemos hacer juntos. Esta es precisamente la que entra en conflicto con los más viejos, reclamando una posición que cree debe heredar por derecho propio. Pero los mayores tampoco la tienen fácil. Luchan con conflictos internos entre la vigencia y la vanguardia, creyéndolas sinónimos. Si alguna vez sus líneas de investigación – como sus ideas en ciencia - estuvieron vigentes cuesta entender cuando llega el momento de traspasar la vanguardia a los que vienen.

Intervención de Conicyt en La Moneda A. Uno

8.- Encerrados en los laboratorios

¿Hay algún área de la sociedad donde no esté presente la ciencia? A la luz de lo que ocurre en Chile, da la impresión que sólo está restringida a la academia y sus laboratorios.

"Para solucionar temas locales, nuestras autoridades recurren a "expertos internacionales", que pueden ser buenos investigadores, pero poco o nada saben de nuestra cultura"

Quienes llevan la delantera en este tema en el mundo, entendieron hace rato que la ciencia es un pilar fundamental a la hora de innovar, emprender y desarrollar con nuevas tecnologías.

Pero en la discusión nacional nunca se ha articulado este tema con áreas como CORFO, por ejemplo, salvo en programas específicos de apoyo o como soporte a quehaceres ministeriales en áreas como medioambiente, obras publicas, o dirección general de aguas.

El problema es que esto empuja a la ciencia al outsourcing de instituciones que debieran llevar en su ADN la colaboración gobierno-academia. Y a veces es peor. Para solucionar temas locales, nuestras autoridades recurren a "expertos internacionales", que pueden ser buenos investigadores, pero poco o nada saben de nuestra cultura, nuestro sistema político o sus estructuras legales.

9.- Seguir haciendo lo mismo

“¿Dónde se ha hecho esto antes?” Esta pregunta cae como una losa, una y otra vez, sobre cualquier intento de innovación. En Chile se puede promover lo que sea… siempre y cuando ya exista en alguna parte. A tecnologías como la desalación de aguas, plantas solares o eólicas nos sumamos como 15 años tarde, ya que había que esperar que otros las sacaran adelante.

Esa visión conservadora es la que siempre pregunta por la evidencia existente, cuando precisamente la ciencia avanza refutando hipótesis, navegando entre el ensayo y el error.  Es la única forma de llegar a la vanguardia y, con los años, a la vigencia. La tendencia internacional –incluida la OCDE que tanto citan- es abordar lo que hoy no se hace.

Repito: lo que no se hace. Sólo así casos como el de Zolezzi con su sistema de purificación de agua, las baterías de litio o los avances alternativos en energías renovables en base a nuestra diversidad de recursos, puede llevarnos a los grupos de avanzada. Haciendo lo mismo, sólo nos llevará a eso: a hacer lo mismo.

10.- La ciencia como respuesta

En Chile, hemos homologado ciencias a ciencias exactas dejando fuera a las sociales y humanidades en el desarrollo tecnológico.

La interconexión entre ambos mundos nos permitiría, por ejemplo, abordar el conflicto mapuche, o pensar mejor el rol de la mujer y su relación con la evolución.

En definitiva, la sociedad ve grandes temas y problemas que requieren soluciones integrales; ve dificultades en el transporte urbano y publico, de contaminación, de calidad de la vivienda, en sus barrios o, simplemente, en el sistema de seguridad social.

Todos temas que requieren de soluciones basadas en ciencias, no en revoluciones; soluciones que no se pueden importar y que sólo se resolverán con una mayor inversión que garantice retornos a largos plazos.

Y es que quizá antes de proponer acciones o programas camuflados de hoja de ruta que cambian cada cuatro años, debiéramos reflexionar el Chile que se viene, o por qué no decirlo, el Chile que queremos. El que aspiramos a ser. 


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