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Áreas verdes: la miopía detrás de los 9 metros cuadrados
Opinión

Áreas verdes: la miopía detrás de los 9 metros cuadrados

Desde el regreso a la democracia y con el fortalecimiento de la economía de mercado como fuerza conductora para el desarrollo, poco a poco nos hemos ido transformando en una sociedad de mercado que mercantiliza bienes que no deben serlo y abusa de la estrategia de incentivos en búsqueda de reconocimiento.

A esto se agrega nuestra inmadurez en términos cívicos que nos ha hecho ser un país ávido de adoptar conceptos que marcan tendencia en el extranjero sin darnos cuenta que llevan años en la discusión académica. Así los transformamos en modas, los destruimos y, por qué no decirlo, los degradamos a su nivel más bajo.

Uno de los ejemplos ha sido el concepto de sustentabilidad. Éste ha llevado a los sectores público, privado y organizaciones civiles a disparar cuanta acción consideran que el concepto puede aguantar, haciendo más de lo mismo, pero como gran plan de marketing. Incluso llegan a presentarse a premios, rankings y cuanto espacio de reconocimiento exista para vestirse de "sustentables".

Ambos fenómenos nos han llevado presenciar cómo un banco más que preocuparse de conformar una banca ética al estilo de Triodos promociona andar en bicicleta. Una minera, en vez de reducir su impacto ambiental, trae una muñeca gigante. Una ONG que se preocupa de sólo ciertos eventos ambientales y no otros. O gobiernos que se engolosinan con los términos de moda de ciudades inteligentes como si eso fuera sinónimo de poner sensores y capturar de datos, construyendo de paso 400 kms de ciclovías de día domingo no conectadas entre sí – cada comuna tiene la suya – y de áreas verdes de las cual mucho se habla pero muy poco se reflexiona.

"Crecer o no en áreas verdes ha estado lejos de ser racional, cayendo en la compulsión de alcanzar un número “estándar” para ser cualificados como ciudad verde"

Al respecto, en el contexto de ciudades sustentables e inteligentes, los urbanistas han vuelto a estar en los titulares dando opinión desde cómo debe crecer la ciudad hasta cómo debiéramos desarrollar el tren subterráneo. Sin embargo, la discusión sobre el crecer o no en áreas verdes ha estado lejos de ser racional, cayendo en la compulsión de alcanzar un número “estándar” para ser calificados como "ciudad verde" o estar entre nuestros pares de la OCDE.

La áreas verdes son altamente complejas en su diseño. Son mucho más que calcular metros cuadrados promedio. Un ejemplo de su complejidad se da cuando existen zonas con alto numero de residencias y jardines privados, en donde los metros cuadrados de áreas verdes son aportados por cada hogar y no por aporte público. Al contrario están también grandes áreas de parques públicos – como Central Park – o privados – como Fantasilandia – que congregan a grandes masas, pero que el acceso a ellos es completamente diferente.

Lamentablemente, en Chile, la miopía e ignorancia existentes han homologado el concepto de área verde a espacio público. Y como tal de responsabilidad del Estado, agregando que la meta es alcanzar los 9 metros cuadrado por habitante, sin siquiera investigar si este número mágico es correcto o si se aplica a las condiciones de Punta Arenas, Santiago o Arica.

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Además, en relación al "número mágico", se argumenta que dada la importancia de las áreas verdes para la calidad de vida de la población urbana, la OMS lo recomienda como mínimo, cuando eso no es cierto, o mejor dicho: ese estándar fue expresado en un contexto muy diferente.

Dicho patrón fue rescatado de las publicaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) como disponibilidad mínima de espacio abierto verde por habitante después del diagnóstico de ciudades de la región Asía Pacífico. Es decir, nace del concepto de “Pobreza Urbana” y los efectos positivos en la salud cuando se alcanza un valor mínimo de espacio verdes en ese contexto geográfico.

Como la ignorancia apremia y queremos lucir intelectuales, terminamos citando tal número sin chequear las circunstancias de la fuente. Sólo nos quedamos en "la OMS lo dice".

Por el contrario, la evidencia muestra que en países desarrollados, los patrones varían entre los 20 y 40 m2 por habitante. Mientras que en países en vías de desarrollo fluctúan entre 10 y 15.

La literatura también ha hecho hincapié en el objetivo de estas áreas y su distribución en el territorio de forma inteligente. De esta manera, sugiere evitar las áreas verdes en sectores residenciales, mientras se incentivan -como espacio público- donde la densificación es extrema.

"El aumento de las áreas verdes genera el incremento de la presión hídrica y eléctrica en sistemas urbanos"

A nivel de sus implicancias funcionales, la evidencia muestra su impacto en la mejora de salud de quienes viven cerca, la reducción a nivel de criminalidad, el incremento del valor de las propiedades además de aportar a la disminución de temperatura, depuración de material particulado y el alivio al cambio climático. Y es que las áreas verdes son mucho más que un número. Incluso su mala distribución puede crear aún más inequidad como ayudar a la resiliencia emocional y en el comportamiento de niños.

Por lo tanto, la discusión nacional reducida sólo a alcanzar un número mágico, no es más que la miopía de nuestra sociedad. Su obsesión por mostrarse como algo que no es Además las decisiones incorrectas en áreas verdes no sólo no lograrán ninguno de los objetivos ya señalados, sino que degradarán su noble objetivo. 

Finalmente, uno de los impactos no estudiado y menos considerado es el efecto rebote. Así como las ciclovías crecieron inorgánicamente sin estar conectadas con nada ni con nadie, el aumento sin análisis de áreas verdes puede llegar a poner en riesgo nuestras “ciudades inteligentes”.

Y es que su desarrollo genera, inevitablemente, un incremento de las presiones hídrica y eléctrica en sistemas urbanos. Por lo tanto, su implementación implica la delicada evaluación del trade off entre los beneficios y los gastos físicos en que se incurrirá.

Si ya no se está discutiendo la finalidad de las áreas verdes y sólo se les ve como parquecitos donde la gente se recrea, menos aún hay alguien pensando en el efecto del cambio climático sobre la disponibilidad de agua futura y el consumo de estas zonas.

Lamentablemente, la tendencia es una sóla. Así como llegar a los 22.000 dólares nos hará ser desarrollados, alcanzar los 9 metros cuadrado nos hará verdes. Quizá sería bueno partir por repensar los números. Los mágicos números.


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