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Presidentas en problemas
Opinión

Presidentas en problemas

Las comparaciones, en general, resultan odiosas; y, con frecuencia, el pasto del vecino es más verde. Estas simples afirmaciones, válidas para la vida diaria, las podemos aplicar a la coyuntura política regional que esta viviendo Argentina, Brasil y Chile. ¿Qué tienen en común y qué diferencia tienen las crisis que están sufriendo las tres presidentas en ejercicio de estos países?

Descartado de antemano que es un tema de género, y mucho menos un “femicidio político” como sugirió una destacada periodista chilena, lo concreto es que Cristina Fernández, Dilma Rousseff y Michelle Bachelet están unidas por una fuerte caída en su popularidad.

La presidenta brasileña se acerca al 70% de rechazo, en tanto que las mandatarias chilena y argentina bordean el 60% producto de una crisis de credibilidad y confianza originada en  los escándalos, uso de información privilegiada y financiamientos reñidos con las “buenas costumbres”, que han dado origen a los denominados casos Bourdeou en Argentina, Petrobras en Brasil y Caval, SQM y Penta en Chile.

¿Son lo mismo en todos ellos? Claramente no. En Chile, la solidez de la respuesta la han dado las instituciones en el sentido de hacer cumplir la ley con transparencia, como así también la reacción de la opinión pública que ha marcado una clara diferencia.

Afortunadamente, dirá más de alguien, pues al contrario de Argentina con una presidenta casi ausente y encerrada en su casa; en Brasil, Dilma sigue ejerciendo su liderazgo y mantiene la conducción política; mientras que en Chile, la presidenta Bachelet ha dado señales equívocas que incluso han llegado a difundir el rumor que “ha pensado en renunciar”, si es que pasa por ahí la solución, lo que evidentemente es un error pues provocaría una grave crisis institucional.

 El “caiga quien caiga” es mayoritario en el sentir chileno, como así también el rechazo a aceptar acuerdos de cúpulas, y mucho menos consignas que -lamentablemente- son una realidad tanto en Argentina, Brasil como en otros países. Me refiero a cerrar los ojos, mirar para el lado y afirmar: “roban… pero hacen”. 

La cuestión no tiene que ver con los montos involucrados como erróneamente se consigna en parte de la opinión pública extranjera. Nos dicen: “lo de ustedes es ridículo”, son “montos mínimos”, como si con eso aminorara la falta. Por ningún motivo. Ahí esta, quizás, la fortaleza, la oportunidad y la diferencia que aún podemos marcar en Chile: la no complicidad con la corrupción.

Somos tan latinoamericanos como nuestros vecinos y amigos a quienes apreciamos, pero no por ello hemos de adoptar sus malas prácticas. Ya nos hemos acercado lo suficiente al populismo y al “macondo" regional, en tanto que las tres comparten la ambición de reelegirse, el gusto por el poder y no saber retirarse a tiempo.

Por ahora, nuestro pasto sigue siendo más verde que el de los vecinos y amigos. Es tiempo de abono y mejorar el riego, no vaya a ser que también termine por secarse.


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