De conspiraciones y espías
Opinión

De conspiraciones y espías

Hay pocas cosas que disfrute más que una buena novela de espías, y si es inglesa mejor aún (sufro de anglofilia en grado máximo). Me es difícil elegir, pero El Factor Humano de Graham Greene está entre mis favoritas de todos los tiempos, habiendo leído también El Décimo Hombre, Nuestro Hombre en La Habana, El Americano Impasible entre otras del novelista inglés, famoso por su –menos buena en mi humilde opinión, quizá porque no es de espías – El Poder y la Gloria.

Obviamente, si uno habla de novela de espías, no puede dejar de mencionar al longevo y prolífico John Le Carré, británico por supuesto, quien ha escrito muchas de las más famosas y bien narradas novelas, y que además han tenido la particularidad de que muchas de ellas se han convertido en excelentes películas. Sólo un botón es El hombre más buscado, la película póstuma del talentosísimo Philip Seymour-Hoffman. Gocé tanto cuando la vi que mandé a encargar a Inglaterra, The deadly affair (1966), película basada en la primera novela de Le Carré y que llevó al cine el genio de Sidney Lumet. La tengo sobre el velador esperando la ocasión para degustarla, un tesoro así no se puede ver cualquier noche de martes.

Una novela de espía no es tal sin una conspiración de por medio. Por lo que si de algo entiendo es de estas últimas. Esto me ha llevado a poner mucha atención a aquellos que predican sobre una conspiración empresarios-medios-partidos-incautos contra el gobierno de Bachelet. No tengo tan claro cuál sería el modus operandi, pero se traduciría más o menos en que unos señores (y señoras, como se dice ahora) se juntan en algún lugar secreto para decidir que los empresarios y agentes económicos locales e internacionales posterguen sus inversiones, los consumidores opten por consumir menos y las empresas reduzcan personal, todo esto, obviamente, siendo ampliamente difundido por la prensa nacional e incluso la extranjera.

"Esto me ha llevado a poner mucha atención a aquellos que predican sobre una conspiración empresarios-medios-partidos-incautos contra el gobierno de Bachelet."

Curiosamente, los mismos que alientan la teoría de la conspiración, le echan la culpa a la desaceleración al gobierno anterior, cómo conviven las dos teorías en la cabeza de una misma persona es un misterio, pero ya sabemos que la lógica no es un bien muy preciado en nuestro país.

Hay dos razones por las cuales tiendo a descartar la confabulación, la primera es un poco ramplona pero cierta. A los empresarios (al igual que a la mayoría de los humanos) les encanta ganar plata y les importa poco y nada quien gobierne si es que lo logran. Los empresarios que amaban a Lagos o que financiaban abundantemente las campañas de Bachelet son los mismos que hoy se muestran preocupados por el devenir del país.

La segunda razón es del tipo práctico. ¿Ha tratado usted de organizar un almuerzo entre cuatro amigos vía whatsapp para una fecha próxima? "No, ese día no puedo", "Yo puedo el jueves, pero a las tres me tengo que parar", "No, en ese lugar no. La última vez me intoxiqué". O el infaltable "voy a hacer todo lo posible por ir" (es decir, no va). Bueno, eso es para un almuerzo, imagínese para un complot a nivel nacional. Suena difícil.

"Los empresarios que amaban a Lagos o que financiaban abundantemente las campañas de Bachelet son los mismos que hoy se muestran preocupados por el devenir del país."

En la vereda opuesta a los que alientan la teoría de la conspiración, están los que creen que el país está creciendo a menos del 2% con los consiguientes efectos en empleo, debido a una reforma tributaria mal planteada y peor ejecutada, a un ministro de Hacienda sin peso, a un discurso gubernamental permanente contra la empresa privada, a una reforma educacional caótica en la que se llega a hablar de encarcelar a los que lucran, a una reforma laboral que rigidizará aún más las relaciones laborales, al fantasma del cambio constitucional, a un clima de seguridad pública claramente deteriorado, es decir, a un mal gobierno. Pero mejor no escuchar a esa gente, debe ser gente muy, pero muy aburrida, que no lee y sólo ve películas de terror.       


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