Crédito: Agencia Uno
Hechos, sólo hechos
Opinión

Hechos, sólo hechos

Qué duda cabe que estamos inmersos en una sociedad clasista que estructura sus prejuicios a partir de apellidos, colegios, colores de piel y pelo, y otras formas más sutiles. Si decimos comida o cena, falda o pollera, guagua o bebé (si no sabía esto, ya sabe). Yo digo comida, falda y guagua, dos de tres.

Y las empresas y los empresarios no están ajenos. Es un hecho irrefutable que un pequeño grupo de colegios se repite una y otra vez si uno revisa el currículum de principales puestos gerenciales. Probablemente, no solo es un tema de clasismo, sino también de mejores oportunidades de quienes hemos ido a esos colegios, pero seríamos ingenuos si descartáramos el clasismo como una fuente de privilegios para algunos.

En sintonía con esto, desde alguna ingeniosa oficina gubernamental se ha comenzado a esparcir la idea de que detrás de las críticas y falta de sintonía del mundo empresarial con el ministro Arenas no habría otra cosa sino que clasismo. El hecho de venir del colegio Manuel de Salas, en vez del Tabancura, The Grange o Verbo Divino como sus antecesores, lo habría condenado frente a la elite. Esta idea ha caído en terreno fértil y ya ha aparecido en una columna de Ascanio Cavallo (un columnista influyente de verdad), en una entrevista al ministro del Interior y, por supuesto, ha sido debatida con la falta de ecuanimidad habitual en redes sociales.

"Al menos en el mundo profesional hoy son pocos los que no tienen un amigo o un familiar sin trabajo."

El problema son los hechos. Se diseñó e implementó una reforma tributaria llena de ripios e inconsistencias. Los buenos sistemas de impuestos son simples y si el sistema propuesto por Arenas no lo entienden ni los expertos tributarios, qué queda para nosotros los mortales.

El ministro sostuvo durante meses que la reforma tributaria no tendría impacto alguno en la inversión, nadie entendido se explicaba su razonamiento. Hoy con la inversión en el suelo, todos entendemos: estaba penosamente equivocado.

¿Y el clima anti empresarial? Los poderosos de siempre, y otras linduras como esa, salieron para apoyar las ideas de Hacienda. Hoy tratan de recoger con la alianza pública-privada, pero nadie les cree.

"El ministro sostuvo durante meses que la reforma tributaria no tendría impacto alguno en la inversión, nadie entendido se explicaba su razonamiento."

La economía está estancada y estamos todos soplando para que el crecimiento llegue al 1,5% y con flecos al 3,0% el 2015. El desempleo empieza lenta, pero sostenidamente, a subir. Al menos en el mundo profesional hoy son pocos los que no tienen un amigo o un familiar sin trabajo, y la respuesta de los head hunters es lapidaria: no tengo nada de nada. La inflación se empina en el 5,7%, cifras que creíamos olvidadas.

La gestión del ministro de Hacienda ha sido extraordinariamente débil. Intentar acallar las críticas con la bandera del clasismo es un insulto a la inteligencia. El clasismo y la falta de meritocracia en nuestra clase dirigente hay que combatirla con energía, pero le hacemos un muy flaco favor a la lucha contra la discriminación si toda crítica la transformamos en clasismo, pues cuando todo es clasismo, al final, nada lo es. El ministro pidió públicamente que lo juzgaran por los resultados. Eso hacemos. Los resultados son malos.


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