Auto-bullying
Opinión
Max Colodro Max Colodro
Sociólogo

Auto-bullying

Alejandro Guillier amenazó con no asistir a la proclamación que el PPD le tiene preparada para este fin de semana; una decisión casi surrealista que refleja a plenitud el nivel de tensión y dificultad que está enfrentando su candidatura. Como si las señales públicas hubieran dejado ya de importar, el PPD no tuvo esta vez la más mínima precaución luego del encuentro de sus dirigentes con su futuro candidato, al punto de salir a criticar a viva voz los planteamientos programáticos y las definiciones políticas de Guillier, apenas terminada la cita.

"Cuando los partidos dejan de cuidar lo único que puede ayudarlos a sobrevivir como coalición en el poder, se ha empezado ya a desfondar el último eslabón de su proyecto político"

Precisamente cuando la campaña del senador independiente atraviesa por una curva de estancamiento e incluso de deterioro en las encuestas, personeros de la izquierda oficialista parecen abocados a golpear y debilitar al liderazgo que representa hoy su única y remota posibilidad de seguir en el gobierno. Casi como un inexplicable instinto suicida o una subterránea voluntad de auto-sabotaje, el sector de la Nueva Mayoría llamado a jugarse con el senador independiente una de sus últimas cartas para intentar revertir el actual cuadro electoral, se encuentra haciendo exactamente lo contrario.

El síntoma es innegable: la Nueva Mayoría no sólo se fractura y resuelve competir separada en la próxima contienda presidencial; también se desmoronan su confianza y su convicción en que tiene algo que ofrecer al país. En los hechos, cuando los partidos dejan de cuidar lo único que puede ayudarlos a sobrevivir como coalición en el poder, se ha empezado ya a desfondar el último eslabón de su proyecto político. Reflejo de una gestión de gobierno severamente cuestionada por la ciudadanía desde hace casi tres años, donde las reformas planteadas al país no alcanzaron niveles razonables de respaldo, como para haber construido una herencia digna de proyectar.

Desencanto, culpa, fatiga de materiales o todas las anteriores; Alejandro Guillier está siendo ahora sometido a algo todavía más íntimo y complejo que el ‘fuego amigo’. Un extraño cóctel de distancia y deslealtad que le está poniendo la guinda de la torta a un fracaso histórico, que es precisamente la dura evidencia con la que el delirio refundacional de la Nueva Mayoría terminó de estrellarse.

Al parecer a Alejandro Guillier ya no le basta con el descuelgue de Carolina Goic y la amenaza de Beatriz Sánchez. Hoy también debe administrar el inverosímil auto-bullying de los partidos que decidieron respaldarlo.