De elecciones e ideología
Política

De elecciones e ideología

Max Colodro
Max Colodro

Sociólogo, doctor en Filosofía y analista político. Llena sus días haciendo clases en la Universidad Adolfo Ibáñez, escribiendo y leyendo en la medida de lo posible. Combate el estrés corriendo en una trotadora y compartiendo una buena conversación con amigos y familiares. Sufre escuchando los partidos de la U y es ya lo suficientemente viejo para saber que las preguntas son mucho más interesantes que las respuestas.

Las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias estarán entre las más relevantes de las últimas décadas. No sólo porque ellas pondrán en la balanza los efectos y las tensiones generadas por las reformas impulsadas por la actual administración, sino también, porque algo de dicha tensión responde a ciertas coordenadas globales, que se han visto reflejadas en el plebiscito sobre el ‘Brexit’ en Inglaterra, en la última contienda presidencial de EE.UU. y en los distintos eventos electorales que se desarrollan durante este año en Europa.

El mundo occidental está siendo sometido a una encrucijada política decisiva, que ha puesto sobre la mesa problemas de legitimidad del modelo económico-social generado desde la post-guerra, así como también importantes claves culturales de la democracia representativa. En los hechos, el capitalismo global fue sometido a partir de la crisis ‘subprime’ de 2008 a imperativos de una reestructuración financiera que aún no terminan de conjugarse, mientras los sistemas políticos han sido forzados a hacerse cargo de una de las principales consecuencias de esos imperativos: la declinación de los Estados de bienestar.

Ambos factores -deterioro económico y crisis política- han abierto un abismo social y cultural de implicancias todavía difíciles de preveer, pero una de cuyas secuelas ya es evidente: una mayor polarización ideológica, que se expresa en una fuerte controversia sobre la legitimidad de los modelos de desarrollo y la institucionalidad política. Así, las sociedades se han extremado, una ola de malestar recorre sobre todo a sus clases medias, se han reforzado los nacionalismos y el temor a la inmigración, poniendo en el centro de la controversia política la naturaleza de las instituciones y las bases del modelo económico.

En Chile, estas dinámicas globales han tendido a ser decodificadas según las divisiones ideológicas del último medio siglo. El año 2010 la centroizquierda vivió un verdadero cataclismo: las fuerzas políticas que respaldaron al régimen militar alcanzaron la mayoría absoluta llegando al gobierno y ello terminó de echar por tierra los ya debilitados consensos de la Transición. El país vio resurgir entonces antagonismos que parecían superados, revestidos ahora por un desacuerdo constitucional y por disensos en torno a reformas estructurales impulsadas por la centroizquierda. La polarización ideológica se reinstaló otra vez.

Ahora el escenario electoral decanta hacia la cristalización de este mar de fondo. La Nueva Mayoría se desfonda debido a sus diferencias internas y el Frente Amplio amenaza con estirar dicha cuerda hasta el límite. La centroderecha se refugia en el amplio rechazo social a las reformas y el país se apronta a una batalla trascendental.

Son los costos de no haber abordado a tiempo un quiebre histórico que parecía olvidado. Es la trampa de intentar abordar los desafíos del futuro, saldando otra vez cuentas pendientes con el pasado.