Crédito: AFP
Ana (y tantos más)
Opinión

Ana (y tantos más)

Ana sube al mismo escenario donde cantaron o cantarán Paul McCartney, Beyonce, Beck, Pharrell Williams, U2, Coldplay. Lo logra grabando con recursos mínimos en relación a la industria del norte, con su consecuencia latina, con la originalidad que la caracteriza, con las ganas del sur.

Ana merece una ovación de pie. Llegó allá donde pocos llegan sin transar ni una pizca de lo que ella es. Pero acá poco y nada se escribe de ella. “No ganó el Grammy” dijeron por ahí en vez de “Ana comparte el escenario con los grandes”.

La historia es vieja en nuestro país. Violeta Parra la vivió en carne propia y no pudo con eso. En estos días, donde Jorge González tuvo un accidente cerebro vascular y emergió en redes lo peor del ser humano. Una suerte de venganza contra quien llegó lejos, donde uno no pudo llegar porque ni siquiera lo intentó (quizás lo más triste de la existencia, no atreverse a cruzar un río), y vimos un espectáculo triste. O en chileno: penca. 

"Ana Tijoux logró romper con la cáscara de huevo asfixiante que genera la envidia, las miserias personales, las frustraciones diarias."

El poeta Enrique Lihn alguna vez dijo con amargura: “nunca salí del horroroso Chile”. Es cierto, no pudo. Pero Ana lo logró. Logró romper con la cáscara de huevo asfixiante que genera la envidia, las miserias personales, las frustraciones diarias. El Birdman que todos llevamos a cuestas. Eso que nos dice “esto no va a funcionar” tiene micrófono y más aún hoy megáfono en las redes sociales. Que a otro le funcione lo que a uno no a ratos nos enfurece.

Porque la angustia de no hacer lo que otros hacen nos enrabia, nos pone frente a un espejo que no queremos mirar y que guardamos en un subterráneo secreto. Dios nos libre de que gente así tenga una pequeña cuota de poder, desde un jurado, un puesto de poder o desde su pequeño twitter. A oscuras.

Ojo: para más remate, eso que consideramos “tan nuestro” (el chaqueteo), no es “tan nuestro”. Es humano. Una nueva derrota. Incluso somos poco originales. Cuando los Beatles salieron a probar suerte fuera del Reino Unido les pasó lo mismo; cuando U2 invadió Estados Unidos con Joshua Tree y con el posterior Rattle and Hum Irlanda les pegó un portazo y Europa en general también. Pero siguieron adelante. Acá La Ley fue tratada de ondera, poser, “fleta”.

"La angustia de no hacer lo que otros hacen nos enrabia, nos pone frente a un espejo que no queremos mirar y que guardamos en un subterráneo secreto."

Pero conquistaron el mercado latino. Nuevamente rompieron la cáscara de huevo. La pestilente. Esa llena de críticos que hieden soledad y cobardía desde sus computadores.

El ser humano o crea o destruye. Habrá que elegir de qué lado de la cancha se querrá jugar. Y si se es público, también. A quién vas a animar. 

Habrá que rodearse de los que apoyan. Los que patean el bastón serán el enemigo.

En las últimas décadas hemos visto cómo han salido del país muchas voces. Desde Neruda a Mistral, Raúl Ruiz a Roberto Bolaño, nombres como Ana Tijoux o Jorge González, hoy Sebastián Lelio o Pablo Larraín y muchos más. Todos han tenido lo que otros no tienen: la idea de que pueden más, que quieren más, que lo van a lograr. “Va a resultar” es el lema de los que la hacen. Los que persisten. Los que insisten. Y lo logran.

Ayer Ana lo logró. Ganó. Se ganó. Y me pongo de pie para ovacionarla. Porque es ejemplo. Y no un blanco donde disparar contra nosotros mismos.


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