Crédito: Flickr: Jeremy Brooks
El hamburguesamiento de los contenidos
Opinión

El hamburguesamiento de los contenidos

Muchas veces los contenidos que entregan los medios de comunicación son juzgados con extrema severidad por su cliente directo: las audiencias.

Todo el mundo piensa que se hacen mal las cosas, y también (lo más chistoso), que cualquier podría dirigir un medio y hacerlo mejor que Bielsa en la selección. Chile es un país de expertos y capos en todo orden de cosas, 17 millones de Presidentes de la República. 

Pero otra cosa es con guitarra.

Una verdad incómoda: cuando se planifica el año que viene se hace casi siempre mirando resultados del año en curso. Como en general las metas económicas exigidas en el plan anual no se cumplen, los encargados de los números reducen presupuestos y equipos para el otro año.

"Como en general las metas económicas exigidas en el plan anual no se cumplen, los encargados de los números reducen presupuestos y equipos."

Ahí empieza un efecto dominó que altera la calidad de los productos y por cierto también el alcance de audiencias. Así es casi siempre.

Las radios necesitan mejores plumas y guionistas, no sólo rostros que le faciliten el trabajo a los departamentos comerciales, porque hoy compiten con muchas plataformas de consumo musical (la música es un comodity hace rato).

Entonces hay que buscar programas que arriesguen en busca de ser potentes, entretenidos, sorprendentes, no sólo cajoncitos que cumplen y ya; las teleseries necesitan mejores directores, camarógrafos, iluminadores dada la brutal competencia con por ejemplo productos turcos de alta factura y mejor cinematografía, sin contar con ese océano de pirañas come audiencias que son Netflix y Youtube.

Entrevistas, concursos, películas y documentales de factura exquisita que vemos dónde, cúando y cómo queremos; la prensa compite con Huffington Post, con The Guardian y New York Times además de toda su competencia local. Digamos que todos esos súper medios están traducidos al español.

La prensa necesita gente que sabe de qué está hablando y qué está reporteando. Pero en el afán puramente economicista de reducción de costos todo se jibariza y todo termina lamentablemente en un descenso sostenido de share cuyos únicos culpables visibles son los editores y directores responsables del menguado medio -o la obra-.

Mientras, la gente de los números es invisible, jamás se exponen y curiosamente se mantienen apernados en sus puestos durante años e incluso décadas. Porque es más fácil culpar al que da la cara frente a las audiencias que a quienes en escritorios solapadamente atentan contra lo que la gente está pidiendo y consumiendo hace años: productos masivos de calidad. 

"La comunicación es artesanía llena de sentido y no papas fritas congeladas. La buena comunicación se cocina por expertos que conocen recetas o inventan otras."

Es que el plan es muy perverso: los mejores son caros y ante las metas de los numerólogos invisibles es mejor contratar mano de obra barata. La calidad da lo mismo. Que los equipos sean cada vez más chicos y exigidos es la regla. Y luego se quejan en directorios cerrados de la constante baja de encendido o del paupérrimo estado de la publicidad.

La comunicación no es hacer salchichas o hamburguesas de manera industrial. La comunicación es artesanía llena de sentido y no papas fritas congeladas. La buena comunicación se cocina por expertos que conocen recetas o inventan otras.

Si se quiere ganar se tiene que apostar. El que nada apuesta nada gana. En especial en estos tiempos líquidos donde las audiencias están repartidas por diversas pantallas hay que dar giros inesperados hechos por los mejores.

Es la era del hamburguesamiento de los contenidos y eso es una oportunidad. Una crisis severa que deja abiertas varias ventanas, como suele pasar.¿Quién será el próximo que se pegue la despertada? Veamos. 


Lo más visto en T13