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Cuánto tarda en aprender la Legión
Opinión

Cuánto tarda en aprender la Legión

“Nadie duda de la absolutísima inocencia del padre Marcial Maciel, por su vida y por sus obras, por lo que ha entregado a cada uno de nosotros, a la Iglesia y al mundo”. Eso dijo el sacerdote John O’Reilly la mañana del viernes 19 de mayo de 2006, horas después de que se hiciera pública la sanción dictada por el Vaticano en contra del fundador de los Legionarios de Cristo, encontrado culpable de haber abusado sexualmente de menores a lo largo de su carrera sacerdotal.

John O’Reilly era entonces el rostro de la Legión en Chile: era el legionario que más años llevaba en el país, se había transformado en el mejor recaudador de la orden y era su vocero. Por eso le tocó a él cumplir la misión dispuesta por sus superiores: defender a “Mon Pére”, aún a costa de mentir.

“El padre Maciel no ha sido condenado, simplemente se le ha pedido una vida privada”, afirmó O’Reilly, a pesar de que el castigo impuesto –abandonar todo ministerio público y retirarse a una vida de “oración y penitencia”– estaba reservado por la iglesia justamente para aquellos abusadores sexuales que no estuvieran en condiciones de enfrentar un juicio canónico, por su avanzada edad o por razones de salud. Maciel tenía entonces 86 años y sufría de diversos males físicos, que lo llevaron a la muerte en 2008. 

"Hoy es John O’Reilly quien ha sido condenado por la justicia chilena por abuso sexual reiterado de una niña, ex estudiante del colegio Cumbres. Y resulta preocupante que la Legión esté replicando el mismo modus operandis con que enfrentó el caso Maciel."

Hoy es John O’Reilly quien ha sido condenado por la justicia chilena por abuso sexual reiterado de una niña, ex estudiante del colegio Cumbres. Y resulta preocupante que la Legión esté replicando el mismo modus operandi con que enfrentó el caso Maciel. 

Los Legionarios de Cristo se demoraron décadas en aceptar que las acusaciones contra su fundador eran ciertas. Convencidos de que Maciel era un “santo en vida”, entorpecieron las dos investigaciones realizadas por El Vaticano; acusaron la existencia de una conspiración en contra de su líder; se negaron a escuchar a los denunciantes; castigaron duramente a quienes disentían de esa línea dentro de la orden; una vez conocida la sanción obviaron que se trataba del castigo a un pederasta y, deliberadamente, optaron por no reconocer a los abusados su calidad de víctimas. Menos aún, ofrecer disculpas.

En febrero de 2009, de hecho, cuando la Legión por fin admitió que Maciel había llevado una doble vida (tuvo al menos tres hijos con dos mujeres distintas), el vocero Paolo Scarafoni insistió en que las acusaciones de abuso sexual nunca habían sido “debidamente probadas”.

Recién un año después la Legión se estrelló con la verdad y admitió formalmente que “Mon Pére” había sido un pederasta: “[En 2006] la Congregación para la Doctrina de la Fe llegó a una certeza moral suficiente para imponer sanciones canónicas graves, correspondientes a las acusaciones hechas en contra del P. Maciel, entre las cuales se incluían actos de abuso sexual a seminaristas menores. Por lo tanto, profundamente consternados debemos decir que estos hechos sucedieron”.

Pero en Chile los Legionarios de Cristo parecen no haber aprendido la lección. En el caso O’Reilly, la Fiscalía ha señalado que el colegio no colaboró con la investigación –negó el ingreso a los fiscales, por ejemplo– y que hizo pública la identidad de la familia denunciante, una práctica usada en el pasado por la Legión para intimidar a otros denunciantes. 

Además, en sus comunicados la Legión de Cristo y el colegio Cumbres se han negado a mencionar que O’Reilly fue condenado por “abuso sexual reiterado” de una menor de edad, y han hecho hincapié en que el sacerdote reafirma su inocencia. Él mismo acusó a los tribunales chilenos –ante los cuales concurrió a hacer la denuncia afirmando que confiaba en ellos-, de otorgarle un trato discriminatorio. (Sin embargo, desistió de pedir la anulación del juicio tras recibir una pena sin cárcel.) 

Lo más grave es que el colegio Cumbres no ha reconocido la calidad de víctima de la afectada y habla de la “familia denunciante”, la misma fórmula que la congregación –siempre muy consciente del uso del lenguaje– utilizó por décadas con los acusadores de Maciel.

"¿Qué señal se le está dando a otros sacerdotes y educadores? ¿Dónde pueden manifestar sus dudas o sus críticas los apoderados o estudiantes que confían en el fallo? ¿Qué incentivos tienen los que, eventualmente, quisieran aportar nuevos antecedentes sobre este u otros casos si la comunidad no muestra la más mínima empatía con la víctima?"

Así, lo que se observa es que, a pesar de toda la experiencia acumulada, ni la Legión de Cristo en Chile ni el colegio Cumbres han hecho un mea culpa por eventos que, según la justicia, ocurrieron en el establecimiento escolar, donde está probado que O’Reilly tenía autorización para retirar de sus salas de clase a menores de edad, sin tener que rendirle explicaciones a nadie. 

Es completamente esperable que entre los sacerdotes de la Legión, los fieles laicos del Regnum Cristi y la comunidad del colegio Cumbres, haya quienes aún creen en la inocencia de O’Reilly. Pero las instituciones, es decir, la Legión como congregación y el colegio Cumbres, no pueden tomar partido por una persona que ha sido condenada por un tribunal penal. La justicia chilena se ha pronunciado y deben acatar.

¿Qué señal se le está dando a otros sacerdotes y educadores? ¿Dónde pueden manifestar sus dudas o sus críticas los apoderados o estudiantes que confían en el fallo? ¿Qué incentivos tienen los que, eventualmente, quisieran aportar nuevos antecedentes sobre este u otros casos si la comunidad no muestra la más mínima empatía con la víctima? 

Cuando las instituciones fallan, la única opción de cambiar su modus operandi es “desde la base hacia el vértice”, a la inversa de lo que propone la orden. Es cierto que en un grupo jerarquizado y selectivo como este, el costo es muchas veces alto. En la Legión está probado que el castigo social es duro para quienes manifiestan opiniones críticas. Pero los fieles y simpatizantes legionarios saben que también son responsables de la ceguera con que fue tratado el caso Maciel. Hoy tienen tres opciones: sumarse a la defensa corporativa de un sacerdote condenado por abuso sexual, optar por el inmovilismo y escudarse en las fallas de la orden y el colegio, o actuar.

¿Cuánto van a tardar esta vez?


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