Crédito: Agencia Uno
El amarillento jardín del vecino
Opinión

El amarillento jardín del vecino

En algún momento, se instaló en Chile que las personas están enrabiadas o son presas de un profundo malestar. Incluso, se comenta que estaríamos al borde de un estallido social. Pero este diagnóstico también ha sido cuestionado en numerosas cartas, columnas y editoriales.  Ellas sostienen que no sería cierto que el progreso en Chile haya llegado, como insisten algunos, solo a unos pocos.  También advierten que no es verdad que los chilenos consideren que el modelo de sociedad que tenemos esté fracasado. Las encuestas, que reflejan una opinión representativa de los chilenos, parecen darles hace varios años la razón a los segundos. La última CEP lo corroboró una vez más.

Sin embargo, el grupo de políticos y expertos autoflagelantes que han planteado que en Chile existiría ese “profundo malestar” -a pesar del auge económico y las evidentes mejoras del país en términos de desarrollo humano-, están afectando a la opinión pública de modos impensados.

En particular, la han llevado a convencerse de que, aun cuando el propio jardín esté verde, los “otros chilenos”, esos a quienes no conocen en persona sino a partir de lo que se dice en la TV y el diario, están pasando por la peor de las sequías. Pero esos “otros” no existen o son muchos menos de lo que nos han hecho creer. Y así lo dice la CEP de noviembre este año; también lo dijo la Encuesta de Desarrollo Humano del PNUD en 2011. 

Centrémonos por un momento en la encuesta CEP lanzada hace unos días. La paradoja se evidencia cuando estudiamos las respuestas a la pregunta “Considerando todas las cosas, ¿cuán satisfecho está con su vida en este momento? y ¿cuán satisfechos con sus vidas cree usted que se encuentran el resto de los Chilenos?”.

En efecto, la mayoría (más de la mitad) de los chilenos reporta niveles de satisfacción personal iguales o superiores a 7 en una escala del 1 al 10. Pero, cuando se les pide evaluar el bienestar de “los otros”, creen que sólo uno de cada ocho compatriotas está así de bien. Lo mismo pasa con el sufrimiento. Creemos (¿o nos han hecho creer?) que el sufrimiento en Chile tiene una magnitud que es casi tres veces la que efectivamente refleja esta encuesta.

"Es muy probable que todo esto se deba al espacio mediático que se le ha dado a esos pocos que, por alguna u otra razón, están convencidos de que esta sociedad no da para más."

El fenómeno que describo es muy interesante. En general el ser humano tiende a distorsionar la realidad en el sentido opuesto: el jardín de mi vecino está siempre más verde que el mío. Pero en nuestro caso es al revés. Sorprendente, ¿no? Es muy probable que todo esto se deba al espacio mediático que se le ha dado a esos pocos que, por alguna u otra razón, están convencidos de que esta sociedad no da para más. Nos vendieron el cuento.

El diagnóstico está errado, y nos encontramos hoy con políticos que están trabajando para un Chile ficticio, con problemáticas inventadas. Lo complejo de todo esto es que los chilenos tenemos problemas que sí son reales y que no están siendo vistos, o adecuadamente dimensionados, por quienes gobiernan.

Esa falta de comprensión de lo que realmente es nuestra sociedad hace que cada vez más chilenos opinen que sus políticos y gobernantes no representan el sentir de la gente. El desprestigio de nuestros gobernantes y de la clase política en general son síntomas graves que a la larga se podrían traducir en grandes daños para Chile y para su gente.

Esa es la crisis que vivimos hoy, es ahí donde perdimos el rumbo. Los gobernantes y políticos de hoy tienen la tarea de reencantar a la gente, y eso solo lo lograrán si se reconectan con las verdaderas luces y sombras de la realidad chilena. Ese, y no otro, es el viraje que hoy se hace urgente. 


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