Crédito: Agencia Uno
El peor momento del humor
Opinión

El peor momento del humor

No es chiste: el humor ha ido desapareciendo de la televisión local. Un género que ha dado clásicos como Medio Mundo, De Chincol a Jote, Jappening con Ja o Plan Z, en los últimos años vive en agonía. El último golpe fue el anuncio de los integrantes de El Club de la Comedia de que el programa se acababa, tras siete años y una última temporada que tuvo su peor rating.

Así, ahora queda como único espacio dedicado al humor Morandé con Compañía, que consigue buen rating gracias a su humor revisteril donde la broma termina siempre donde mismo. Que en la última Teletón Jorge Alis fuera programado en el trasnoche y Stefan Kramer apareciera poco antes del cierre con su presentación menos lucida completan un panorama desolador.

En parte la culpa ha sido de los propios humoristas. Porque es evidente que hay una falta de renovación y nombres que le den tiraje a la chimenea. Es sintomático que la organización del Festival de Viña 2015 esté en conversaciones para volver a subir a Dinamita Show a la Quinta Vergara, un dúo sin vigencia ni nada nuevo que mostrar, pero tampoco tienen mucho más dónde elegir.

Ese escenario, además, vio pasar en los últimos años rutinas lamentables cargadas de xenofobia y homofobia (además de aburridas), como las de Mauricio Flores y Óscar Gangas, que provocaron polémica y multas del CNTV. Así, para el Festival contratar humoristas se ha vuelto una pesadilla: deben encontrar nombres nuevos y con rutinas que no caigan en la vulgaridad y la discriminación, en tiempos donde ya no se tolera hacer chistes a costa de las minorías. Y la mayoría no ha hecho ese cambio de switch y se queja amargamente de que “la gente se puso sensible”, en vez de comprender que debe adaptarse y renovarse.

"No hay espacio para un programa de humor ni estelares donde los humoristas se fogueen."

En parte, también, la culpa ha sido de la TV: exprimieron tanto a los humoristas, repitieron tantas veces sus rutinas, que terminaron cansando, además de abrirle la puerta a muchos sin talento y a todo aquel que dijera hacer stand up. La baja audiencia que consiguieron los estelares mundialistas este año, donde los comediantes eran invitados recurrentes, es otra prueba de que el humor ya no vende como antes.

Al menos no de la misma manera: hoy hay un espíritu festivo en los matinales, hay comedia en una teleserie como Pituca sin Lucas y varias ficciones que se preparan traen el componente de humor añadido, como la adaptación de la sitcom Los Años Dorados. Pero no hay espacio para un programa de humor ni estelares donde los humoristas se fogueen.

Algunos añoran los tiempos de Coco Legrand. Pero es infértil repetir la misma cantinela. ¿Kramer? Es evidentemente talentoso y sus caracterizaciones son impresionantes. Pero le falta urgente un mejor libretista que acompañe ese esfuerzo. Y tras él debieran venir otros, como Jorge Alis o Fabrizio Copano, además de actores y creativos que ayuden a oxigenar un género que está moribundo en la TV, por culpas compartidas, y donde al final quien pierde es el televidente.


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