El regreso de la “TV blanca”
Opinión

El regreso de la “TV blanca”

La TV es cíclica, pero hace rato que esta tendencia estaba ausente en la pantalla local: la llamada “televisión blanca”. Este año, y cada vez más con el correr de los meses, los programas y personajes que convocan mayor audiencia caen en esta categoría. El éxito de las teleseries turcas (“Las mil y una noches” y “Fatmagul”) tiene su base en historias de amores románticos donde los personajes se dan la vuelta entera antes de llegar al beso. Con heroínas sufridas y queribles, con guiones donde el sexo ronda, pero que está lejos de ser lo primordial.

Algo similar a lo que ocurre con otro fenómeno telenovelesco: “Pituca sin lucas”, donde no existen los villanos (toda una rareza), y en que la protagonista es una “cuica” adorable que se enamora de un hombre bonachón, sin echar mano a los chistes de baja estofa y mostrando a un Santiago más reconocible del que se ve habitualmente en estas producciones.

"Si algo agotó en los reality shows fue la insistencia por mostrar a concursantes conflictivos y faranduleros."

Pero el peak de esta tendencia es la versión local de “Master Chef. Aunque los jurados son severos, lo realmente brillante de este programa está en su casting y particularmente en los dos participantes más queridos por la audiencia: la abuela Eliana y el recolector de basura Ignacio.

Si algo agotó en los reality shows fue la insistencia por mostrar a concursantes conflictivos y faranduleros, que parecían darse la gran vida en el encierro sin otro afán que ganar dinero exhibiéndose.

La vuelta de tuerca de “Master Chef” está en que Eliana e Ignacio encarnan valores deseables para una gran cantidad de personas: ambos no tienen el look de quienes habitualmente aparecen en pantalla ni tampoco buscan robar cámara para ser “famosos”. Son personas reales y no personajes.

Y lo que persiguen, además de obtener el premio, es el reconocimiento de su entorno, de demostrar que sí se puede doblarle la mano a prejuicios levantados por la edad u oficio.

Este año la curva ha sido descendente para los programas de farándula y shows de telerrealidad, que agotaron la tecla del conflicto y se fueron quedando sin televidentes. Ambos géneros están lejos de estar muertos, pero tocaron tanto la misma fórmula que la desgastaron.

"Héroes anónimos y espacios “blancos” que dan un respiro a tanta noticia negativa."

Que la audiencia se haya volcado entonces a ver historias edificantes y personajes entrañables que se esfuerzan por vencer a la adversidad dice mucho también de lo que pasa hoy en el país: con una política desprestigiada, una economía con las alarmas encendidas y una población descreída de todo y de todos, encuentran en la TV a héroes anónimos y espacios “blancos” que dan un respiro a tanta noticia negativa.

Suponer que la gallina de los huevos de oro está exclusivamente en esta fórmula sería no entender nada. La audiencia cambia veleidosamente y cada programa aporta también lo suyo para que el resultado funcione. Pero, al menos por ahora, no son tiempos para villanos televisivos ni el escándalo de la semana. Porque de eso ya hay suficiente en la contingencia nacional.


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