Game of Thrones: La capacidad de sorprender
Opinión

Game of Thrones: La capacidad de sorprender

Tras el fin de la “era dorada” de la televisión estadounidense –que vive su recta final con “Mad men” y que partió con “Los Soprano”-, las series de drama tienen poco motivante que ofrecer como relevo.

Ante ese panorama, la posta la han tomado las series de género: La taquillera “The Walking Dead” abrió nuevamente esa ventana en 2010; “Daredevil” es la punta de lanza para las serie de cómic de Marvel que llevará Netflix y se ha anunciado el regreso de “Los archivos secretos X”. Pero definitivamente la joya de esta generación es “Game of thrones”. Una serie que combina entretención, intriga político-militar, fantasía y, probablemente más que todo eso, un tono “familiar” como antes lo eran las películas de matiné, dispuestas a satisfacer necesidades transversales.

"Una serie que combina entretención, intriga político-militar, fantasía y, probablemente más que todo eso, un tono “familiar” como antes lo eran las películas de matiné"

Es cierto: no ofrece una entretención “blanca” -abunda la sangre y los desnudos-, pero ha sido capaz de ir sumando año a año nuevo público (el primer capítulo de la cuarta temporada lo vieron 6,6 millones en EE.UU. y el inicio de la quinta superó los 8 millones) gracias a un menú que puede gustar a hombres y mujeres por igual, y de distintas edades, en tiempos donde la mayoría de las ficciones apuestan a la segmentación.

Aunque otras ya lo habían hecho antes, la opción de matar a personajes principales ha dotado a la serie de un factor sorpresa que en la mayoría no ocurre. Acá ha quedado claro, desde el principio, que nada es adivinable. En eso el guión ha sido importante, como también las actuaciones (el gran Peter Dinklage, la emergente Emilia Clarke, entre otros) y la espectacularidad visual que ofrece, similar a la de una película de alto presupuesto.

"La opción de matar a personajes principales ha dotado a la serie de un factor sorpresa que en la mayoría no ocurre"

Y en el inicio de esta quinta temporada, el domingo pasado por HBO, todas esas virtudes regresaron, dándose el lujo incluso de no mostrar a varios protagonistas, en pos de un relato coherente donde Tyrion, Jon Snow y Khaleesi llevan la batuta: el primero ha arrancado tras matar a su padre y estar condenado a muerte, el segundo comienza a rebelarse y la tercera no logra controlar a sus dragones y por primera vez la vemos timorata sobre el futuro. Sin apuros, con un episodio que pone las bases para lo que se verá en este ciclo.

Para quienes nunca han visto “Game of thrones” todo esto suena absurdo y digno de un libro infantil. Algunos se restan de verla por prejuicio sobre castillos medievales, dragones y fantasía. Pero esta serie es bastante más que eso. Es un espectáculo televisivo imperdible, superior a la casi todas las películas de entretención que llegan a los cines, y tiene una vitalidad que sólo aumenta con el paso de las temporadas. Basta con decir que el cuarto ciclo ha sido el mejor que ha tenido la serie para reforzar el punto.

"Es un espectáculo televisivo imperdible, superior a la casi todas las películas de entretención que llegan a los cines"

La capacidad de sorprender, en tiempos de revival, remakes, copias baratas de éxitos pasados, es lo que eleva a “Game of thrones” a la de un auténtico clásico moderno. Por eso su regreso es un imperdible de esta temporada.


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