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Segunda noche de Festival: Un profesional y un amateur
Opinión

Segunda noche de Festival: Un profesional y un amateur

Ricardo Arjona es un profesional y a su lado la mayoría de los baladistas latinos quedan como unos principiantes. Capaz de ofrecer un espectáculo atractivo y veloz, anoche cantó una canción tras otra, prácticamente sin interrupciones. En 105 minutos de show, fue una verdadera aplanadora, interpretando un éxito tras otro (desde “El problema” hasta “Mujeres”) y convirtiendo a la Quinta Vergara en un karaoke.

Es cierto: lo suyo es un guión calculado fríamente, con frases hechas para agradar a las mujeres, con una fan arriba del escenario para cantarle “Señora de las cuatro décadas” o con el set acústico para recordar sus temas más antiguos. Pero ese armado, que puede resultar mecánico y que ya le hemos visto muchas veces, habla de un artista que no ha llegado a cumplir tres décadas de carrera sólo por escribir los versos más cursis de la balada en Latinoamérica. Ayer dejó constancia de que, en su género, se ha convertido en un “clásico”, aunque el rótulo moleste a sus detractores. 

No tendrá el carisma de Miguel Bosé ni la voz de Luis Miguel, pero ayer fue capaz de cantar con muy pocos ripios, sin necesidad de apoyarse del playback. Acompañado por una banda solvente que se mantiene en segundo plano, y que no recurre a pirotecnias, logró mantener un sentido del espectáculo que hizo delirar a sus fans sin tampoco echar mano a muchas interpelaciones al público. 

"No tendrá el carisma de Miguel Bosé ni la voz de Luis Miguel, pero ayer Arjona fue capaz de cantar con muy pocos ripios, sin necesidad de apoyarse del playback"

Mientras es el chiste de las redes sociales, el objeto de bullying de quienes no logran entender la razón de su éxito, Arjona ha vendido más de un millón de discos vendidos en Chile y ostenta el récord del artista masculino que más veces ha llenado el Movistar Arena. Hace rato que dejó de ser una anécdota y, liberándose de los prejucios –que pueden ser muy fundados- y pasando por alto cierto tono machista y absurdo de sus letras, es un artista que sabe bien cómo pararse frente a un escenario y dominar a la audiencia. Por eso, que esta sea su séptima vez en el Festival queda sólo para las estadísticas: mientras siga montando un show así y convocando a tantos (logró un peak de 34 puntos de rating), su presencia siempre estará justificada.

Centella

Arjona puede volver a ofrecer un show que ya se le ha visto antes y no es un problema. Sí lo es cuando un humorista toma el mismo camino.

Porque Centella no sólo hizo una rutina similar a la que ya había ofrecido en el Festival de Olmué del año pasado, sino que además su humor está anclado en los años 80, donde los protagonistas son el tartamudo o el borracho.

Un estilo ingenuo, amateur y básico, que puede sacar sonrisas, porque Centella apeló a sus nervios para ganarse al público (además de recurrir al Caso Dávalos para sortear las pifias iniciales), pero sin llegar nunca a dominar el espectáculo.

"En la presentación de Centella no hay un humor elaborado, ni tampoco carisma: sólo un cómico que olvidó pasajes de su rutina y que la Quinta Vergara premió enternecida ante sus nervios"

En su presentación no hay un humor elaborado, ni tampoco carisma: sólo un cómico que olvidó pasajes de su rutina y que la Quinta Vergara premió enternecida ante sus nervios. Pero, realmente, no es un número que merezca presentarse en el Festival de Viña, y probablemente tampoco en un programa de TV. 

Reik

El trío Reik fue el encargado de cerrar la jornada, cuando parte de la platea de la Quinta Vergara ya se había retirado. Su propuesta, ligada a la balada, no resultó adecuada para salir a las 02 de la madrugada y tampoco ayudó su débil propuesta escénica.

Su vocalista, Jesús Navarro, tendió a gritar cada vez que se dirigió al público y su voz sencillamente no dio: las desafinaciones fueron parte del show, y los silencios entre canción y canción resultaron incómodos. Los mexicanos, que ya habían estado una vez en el Festival, confirmaron que su sonido pierde fuerza en vivo y más en un escenario masivo.

Tras las fotos de rigor sobre el escenario y las Gaviotas de Plata y Oro (un trámite en esta edición), se retiraron dejando una sensación poco trascendente.

El programa de hoy

La de hoy tiene el arranque más débil de esta versión: el mexicano Alejandro Fernández se presentó en 2001 y 2006 en el Festival, pero nunca ha dejado una huella imborrable ni tiene el estatus de ídolo en Chile. Eso sí, sus momentos de rancheras y mariachis seguramente lograrán contar con el favor de la Quinta Vergara, pero es una duda lo que pueda conseguir en términos de sintonía.

Tras él será el turno de Nicole, lo que podría ser una revancha: la última vez que estuvo en Viña tuvo una fría recepción, pero hoy, con una carrera con varios éxitos y una presentación acotada –dado que es jurado-, podría convertirse en uno de los platos fuertes de la jornada.

Si el humor está en duda, el “Huaso Filomeno” no aparece como la carta que llegue a salvar esa deuda de esta versión. Él no tiene nada que perder: al contrario, sólo puede ganar, porque su carrera no ha logrado despegar del todo. Pero de los cómicos convocados para este año, él es el mayor duda.

Para el cierre, un clásico mexicano de verdad: Emmanuel. Su repertorio está plagado de clásicos y, en la línea de lo que antes han hecho figuras como Yuri, viene a llenar el cupo de nostalgia de esta versión. En el papel, su nombre aparece como el plato fuerte de la jornada.


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