Crédito: A. Uno
Cambio de gabinete
Opinión

Cambio de gabinete

Seamos honestos. El llamado “miércoles negro” de la semana pasada –los resultados de las encuestas Adimark de evaluación de gestión de gobierno y la CEP– sólo vino a confirmar el mal estado de la Presidenta y su gabinete frente a la opinión pública.

Más allá de los números generales de aprobación/desaprobación y el rechazo a las reformas principales de su gobierno, lo más llamativo fueron las caídas en diversos atributos de la mandataria en torno a capacidad, confianza y cercanía.

Analistas del gobierno ven preocupados que la Presidenta hoy aparezca identificada con temas políticos” y no “ciudadanos”. A no engañarse en esto, no se trata de un “error no forzado”: la Presidenta ya había comprometido hace algunos meses ante los parlamentarios de la Nueva Mayoría en una “cumbre” en Cerro Castillo gastarse su capital político. Y vaya que cumplió su palabra y a qué precio.

El problema del desplome del capital político de la Presidenta es su potencial sistémico: bajo nuestro sistema político hiper-presidencial una crisis política es una crisis del sistema político en su conjunto, y vaya que la Presidenta lo está buscando.

"Como ha dicho Ignacio Walker, presidente de la DC, las encuestas le mostraron “tarjeta amarilla” al gobierno. Camino a la roja."

Como ha dicho Ignacio Walker, presidente de la DC, las encuestas le mostraron “tarjeta amarilla” al gobierno. Camino a la roja.

¿Cómo interpretar un cambio de gabinete? Me parece que existen tres claves para tener a la vista.

Primero, validará si el cambio de “controladores” desde la Concertación a la Nueva Mayoría se mantiene. Mal que mal, lo que ha caracterizado este primer año de gobierno en lo político ha sido la disputa en torno a la hegemonía intelectual del sector (izquierda vs centro, flagelantes vs complacientes, etc.). 

En efecto, si en el pasado el eje articulador en la Concertación estaba marcado por el pacto PS-DC, hoy el eje central está marcado por el pacto PS-PPD y los ministros relevantes: Peñailillo, Eyzaguirre y Arenas.

Es cierto que el actual gabinete más que ser estrictamente representativo de la Nueva Mayoría y sus equilibrios –aunque lo hace– es ante todo un grupo de incondicionales a Bachelet y al programa. Pero también se debe considerar que la Concertación ha tenido un revival interesante: la crítica de Lagos, los ex ministros de Hacienda fustigando la reforma tributaria, algunos ex ministros de Educación haciendo lo propio con la reforma educacional, y más que nada, la posibilidad de que el próximo año queden a la cabeza de la DC y el PS, Gutenberg Martínez y Camilo Escalona, respectivamente.

"El actual gabinete más que ser estrictamente representativo de la Nueva Mayoría y sus equilibrios es ante todo un grupo de incondicionales a Bachelet y al programa"

Segundo, nos dirá bastante acerca de si el impulso refundacional continua o se modera hacia el reformismo. Ello está obviamente vinculado a la situación de los ministros Peñailillo, Arenas y Eyzaguirre. Es difícil pensar que salgan del gabinete –siempre existe el elegante “enroque ministerial”–, porque es poco probable que la Presidenta no quiera seguir adelante a cómo dé lugar con sus reformas.

La razón es simple: tanto en la Cámara de Diputados con el Senado, la Nueva Mayoría y los independientes afines están prácticamente alcanzando los 3/5 en el Congreso, lo que les permite no sólo hacer y deshacer en materia de leyes (tributaria, educacional, laboral, previsional, etcétera), sino que modificar buena parte de la Constitución por sí solos (9 de 15 capítulos requieren 3/5).

"Es funcional al ministro del Interior seguir contando en el gabinete a los debilitados Arenas y Eyzaguirre. ¿Para qué incorporar una figura fuerte al Ministerio de Hacienda que hiciera de contrapeso al jefe de gabinete?"

Lo anterior, sin considerar potenciales escenarios en que nuevos parlamentarios –junto con el RN Rosauro Martínez– son desaforados para enfrentar investigaciones judiciales, lo que también tendría impacto en los quórums de reforma.

Finalmente, todas las miradas críticas llevan al conductor político, al ministro Peñailillo, el brazo derecho de la Presidenta, y quien se ha encargado de transmitir que es el hombre fuerte, inamovible de la troika.

Aunque suene paradójico, es funcional al ministro del Interior seguir contando en el gabinete con los debilitados Arenas y Eyzaguirre. ¿Para qué incorporar una figura fuerte al Ministerio de Hacienda que hiciera de contrapeso al jefe de gabinete, como ha sucedido históricamente?

El cambio de gabinete hablará por sí mismo mucho más que las palabras con la que la Presidenta lo presente al país.


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