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El Muro de la Vergüenza y la izquierda chilena
Opinión

El Muro de la Vergüenza y la izquierda chilena

El domingo 9 de noviembre recién pasado se conmemoraron los 25 años de aquella notable jornada de 1989 cuando cae, primero simbólicamente –con el paso de miles de alemanes orientales que pasan desde la R“D”A hacia Berlín Occidental, ante la mirada de guardias que, esta vez, no fueron los verdugos de sus propios compatriotas–  y luego materialmente –al principio con disimulo, luego a punta de picotas, martillos y cualquier herramienta con el filo suficiente para poder herir de muerte aquella construcción que había destruido el alma y la libertad de espíritu de una nación por décadas–, el llamado Muro de la Vergüenza.

Construido el 13 de agosto de 1961, no tuvo otro objeto que establecer un perímetro inmodificable, inescapable, para desarrollar uno de los proyectos más nefastos de los socialismos reales.

Como ha sostenido con coraje entre nosotros el escritor Roberto Ampuero por estos días, no sólo se trata de un hito en la historia de la libertad –de hecho, el 9 de noviembre es universalmente reconocido como el “día de la libertad”–, sino que es un fenómeno de gran impacto en nuestro país. Suelen obviarse los cientos de chilenos que vivieron –y padecieron, nos dirían después unos pocos– la experiencia totalitaria de la RDA.

Y en esto la izquierda chilena está al debe; en particular, muchos de sus líderes políticos. En deuda con la democracia, las libertades individuales y los derechos humanos.

¿Cómo explicar que quienes sufrieron en carne propia –sus amigos y familiares– las atrocidades de una Dictadura implacable como la chilena, no hayan condenado con firmeza las atrocidades de Honecker y el resto de los jerarcas?

"¿Cómo explicar que quienes sufrieron en carne propia –sus amigos y familiares– las atrocidades de una Dictadura implacable como la chilena, no hayan condenado con firmeza las atrocidades de Honecker y el resto de los jerarcas?"

¿Cómo entender que mientras en Chile sigue la herida abierta de madres, hermanos, primos, que aún buscan los cuerpos de sus seres queridos desaparecidos –y todavía en Chile hemos sido poco proactivos en avanzar con tranco más rápido en justicia, verdad y reparación–, no haya una palabra respecto de los cientos de asesinados por aquella otra Dictadura?

De nada sirven los “nunca más” en nuestras fronteras, respecto de nuestra experiencia, si ella no tiene un sentido universal. 

Y es la Presidenta Bachelet la que debiese poner al día a la izquierda en esta materia. Me parece además, una necesidad autobiográfica. Entre otras razones, porque mientras por estos días ha generado impacto el documental El Muro Chileno de María Paz Salas y Mathias Meier; más impacto me han generado las palabras de la madre de Bachelet, Angela Jeria, recogidas en el mismo, cuando se le piden reflexiones en torno a la caída del muro: “Me dio pena. Porque, en primer lugar, se perdía un país que yo conocí. Ya dejó de existir. El hijo mayor de Michelle dice siempre: 'Yo nací en un país que ya no existe'. Y porque fue un ensayo interesante de haber logrado una sociedad más justa y equitativa”.

Vaya precio que se debe pagar para ensayar con millones de vidas humanas por el logro de una sociedad más justa y equitativa.


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