Crédito: A. Uno
Populismo eruptivo
Opinión

Populismo eruptivo

Por estos días en que los chilenos hemos estado expuestos intensamente a las jergas de los especialistas sobre las distintas dimensiones de la actividad (o inactividad) volcánica: Los escándalos “Penta”, “Dávalos Bachelet-Caval” y SQM, en la superficie de nuestra vida democrática, esconden una actividad intensa e incremental de populismo subyacente que amenaza con hacer erupción en nuestro país más temprano que tarde y ante la cual sólo una respuesta inteligente y eficaz de las instituciones de la democracia representativa puede poner atajo.

Si bien el populismo nunca ha sido un concepto preciso –bajo este caben una serie de experiencias bien distintas las unas de las otras: la derecha radical en Europa o por la izquierda Podemos en España o las democracias autoritarias de nuestra región (tanto en el siglo XX como actuales)–, pareciera que no sólo el aura peyorativa de la que típicamente ha estado rodeado este concepto comienza a decaer, sino que, por el contrario, cobra cierta prestancia intelectual en nuestro país bajo el descrédito generalizado de la “clase política” y de las instituciones tradicionales de la democracia liberal –Congreso y partidos políticos–.

"Pareciera que no sólo el aura peyorativa del "populismo" comienza a decaer, sino que, por el contrario, cobra cierta prestancia intelectual en nuestro país bajo el descrédito generalizado de la “clase política"."

En efecto, los graves escándalos político-financieros recientes nutren el “ideario” populista en sus elementos claves. Primero, el desprecio a la élite (a los poderosos de siempre, al 1% más rico, etc.). Asimismo, una división maniquea entre buenos y malos, puros e impuros, que da espacio para nuevas formas de inquisición y fanatismo que toman diversas formas: un movimiento estudiantil glorificado llegando al Congreso a redimirlo, la necesidad de una Asamblea Constituyente como única alternativa de salvar nuestra democracia caída, o figuras hiper mediatizadas, auto-conscientes de su rol, tanto en el Ministerio Público como en el Poder Judicial, que se transforman  en las nuevas versiones de Robin Hood.

Un tercer componente es el discurso anti-política –de la cual la derecha echó abundante mano en el pasado–: el que se manifiesta tanto en que las instituciones representativas son el problema y hay un caudillo que puede barrer con las patologías que representa.

Por lo demás, una versión intelectual, sofisticada y compleja, que reivindica el populismo, la encontramos, por ejemplo, en los trabajos de Ernesto Laclau, quien ha dotado al populismo de un cierto linaje al interior de los círculos académicos.

Asimismo, la idea de utilizar las Asambleas Constituyentes para avanzar los ideales del caudillo e institucionalizar su programa político populista (las democracias radicales), encuentran su fundamento en juristas que no pueden ser pasados por timadores.

"La gravedad de los escándalos político-financieros requieren de que el andamiaje de la democracia representativa actúe inteligente, pero responsivamente ante demandas ciudadanas legítimas y necesarias de perfeccionamiento"

Es el caso del nuevo constitucionalismo latinoamericano en los trabajos de, por ejemplo, Rubén Martínez Dalmau y Roberto Viciano Pastor. Este enfoque ha desarrollado la tesis de la “unidad del poder”, esto es, la legitimidad de la concentración del poder público en torno al Presidente de la República –lo que ha incluido, por ejemplo, desahuciar la noción de que la Judicatura deba ser independiente– para poder realizar transformaciones sociales frente a lo que en Chile llamaríamos los poderosos de siempre que se resisten al cambio.

Este nuevo constitucionalismo, en palabras de estos autores, recupera el origen radical-democrático del constitucionalismo jacobino, dotándolo de mecanismos actuales que puedan hacerlo más útil en la identidad entre voluntad popular y Constitución.   

La gravedad de los escándalos político-financieros requieren de que el andamiaje de la democracia representativa actúe inteligente, pero responsivamente ante demandas ciudadanas legítimas y necesarias de perfeccionamiento a diversas reglas sobre la relación entre dinero y política. La alternativa populista no es otra cosa que el fracaso o inmovilismo de la democracia representativa ante estas demandas justas.


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