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Opinión

Cambio y fuera

David Cameron nunca imaginó en 2013 que su promesa de hacer un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en Europa se convertiría en su propia lápida política. Hace 3 años, la movida sonaba como una medida desesperada ante la posibilidad de mantenerse en un gobierno de coalición por un segundo período. Cameron quiso acallar el surgimiento del UKIP entre los euroescépticos y asegurarse un triunfo en las elecciones del 2015. Lo logró, ganó mayoría absoluta en la elección y aseguró 5 años más de gobierno conservador, pero también se puso la soga al cuello y se convirtió en el eventual verdugo de la Unión Europea y Reino Unido.

Cameron es un político arriesgado, que cimentó su carrera haciendo ruletas rusas y empujando siempre el límite de lo que era considerado posible en su partido. En tiempos en que dominaba el laborismo light y buena onda de Blair, Cameron supo transformar a los Conservadores en el partido de la descentralización y el medioambiente. Se fue encima del ala más tradicionalista de su partido y aprobó el matrinimonio igualitario. En medio de las negociaciones con los Liberal Democrats para formar gobierno el 2010, prometió un referéndum para cambiar el sistema electoral a uno que claramente lo perjudicaba. En vez de claudicar a cambio de un gobierno de 5 años, puso a todas sus piezas en fila y ganó el referéndum del 2011, aplastando a sus compañeros de coalición. Con esa fórmula en la mente, le prometió a los escoceses que iban a tener la posibilidad de decidir sobre su propia independencia. Y ahí estuvo el 2014, firme haciendo campaña para evitar el desmembramiento de la unión. A pesar de los augurios, volvió a ganar su segundo referéndum y zanjó por un buen tiempo (o al menos eso pensaba el 2014) el tema de la independencia escocesa.

Quizás por eso mismo Cameron sacó este conejo del sombrero. Confiado en que su performance en los referéndum anteriores había sido exitosa, salió a aplicar la fórmula conocida de campaña y tratar de ganar los votos de los británicos. Pero le fallaron, al menos, dos cálculos. Primero, olvidó que el euroescepticismo no es sólo algo que corre fuera de su partido, sino que atraviesa el alma de los conservadores. Desde el inicio del proyecto europeo post guerra, los conservadores siempre han mirado de reojo a los otros países de la zona. El segundo fallo consistió en no darse cuenta que el euroescepticismo es un clivaje clave en todo el resto de la población. Tal como mostraron los resultados, este referéndum abrió la herida entre los pueblos británicos: uno que disfruta de los beneficios de la globalización, y otro que siente que le tocó la peor parte y que duda profundamente de todo lo que se parezca a establishment.

Ahora que se vio obligado a renunciar, queda la pregunta sobre quién tomará su lugar como líder del partido y, por consecuencia, de las riendas de la nación. El partido conservador se parece hoy más a dos partidos en coalición más que un solo bloque. Por eso mismo, quién llegue va a tener que saber motivar a quienes votaron por quedarse y los que votaron por irse. El candidato con mejores posibilidades es sin duda Boris Johnson. El carismático ex alcalde de Londres hizo una movida magistral al subirse al carro del Brexit a tiempo y en liderar la campaña. Pero hay otros en el partido que quizás quieran asumir su liderazgo. En esa iista estánMichaecl Gove, el otro ministro británico que salió a defender el Brexit, además de otros miembros relevantes del gabinete como Theresa May y George Osborne.

Quién sea que asuma, no podrá hacerlo antes de la conferencia del partido en Octubre de este año. Las reglas de elección son claras, y se requiere de un período de tiempo algo largo para llegar a un resultado. Sólo ahí vamos a tener más claridad sobre qué va a ocurrir en términos de negociaciones con la Unión Europea.

Hay dos intereses contrapuestos en este proceso de negociación. Por un lado, los líderes europeos, representados por Jean Claude Juncker, han llamado a iniciar el proceso lo antes posible, a través de la notificación formal desde el Reino Unido sobre su interés de salirse de la Unión. La UE está tratando por todos lados de evitar que la volatilidad existente continúe por mucho tiempo. El Reino Unido, en cambio, tiene que entrar en un proceso altamente duro de negociaciones con la UE y todos sus socios. Por lo mismo, van a tratar de tomar ventaja de que aún no hay notificación oficial para iniciar las negociaciones de forma informal. Con ello, pueden negociar con los países de la UE mientras son miembros plenos de la Unión. De otra forma, la pista se pondría aún más pesada.

Lo más complejo es que nadie, ni los mismos representantes de la campaña del Leave, pensaban que era posible que el Reino Unido votara por salirse. Eso se ve reflejado en la poca capacidad de reacción que mostraron para decir cuál es la ruta a segur o cuáles son las condiciones con las que van a trabajar en el proceso de salida. Lo que sí está claro es que David Cameron gatilló el proceso más complejo de participación directa que ha conocido Europa, y tendrá que cargar toda su vida con el hecho de que una noche de junio fue más importante que 6 años como primer ministro.


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