Crédito: A. Uno
El gran cambio
Opinión

El gran cambio

¿Son los escándalos de los casos Penta, Caval o SQM el punto de inflexión de nuestra política post dictadura? O dicho de otra forma, ¿van a producir un cambio significativo y permanente en la forma en que las personas piensan sobre la política y los políticos?

Lo que ha ocurrido estos últimos meses en torno a la relación entre política o dinero corresponden a uno de los temblores políticos más grandes de nuestra historia reciente. Desde el financiamiento ilegal de campañas políticas del partido más grande de la derecha, hasta el uso que habría hecho el hijo de la Presidenta de sus contactos personales corresponden a casos graves que parecieran enlodar a todo el sistema político. Pero para que eventos como estos generen un cambio relevante en las preferencias políticas de los votantes, se tienen que conjugar, al menos, dos elementos: relevancia de los temas y expectativas.

Durante años hemos vivido bajo la impresión de que en nuestro país no tenemos grandes casos de corrupción. Esto se ha visto reflejado consistentemente en encuestas de opinión pública, donde hasta antes del caso Penta, la corrupción no ocupaba un lugar relevante entre los temas más importantes para los chilenos. Obviamente, esta es una tendencia que se ha revertido en los últimos meses, pero que no necesariamente va a mantenerse en el tiempo.

"Durante años hemos vivido bajo la impresión de que en nuestro país no tenemos grandes casos de corrupción."

Desde el punto de vista de las expectativas, es importante entender cuánto es el nivel de decepción que puede haber en la opinión pública al enterarse de casos de corrupción. Detrás del enojo e indignación inicial, muchas veces hay una confirmación de una expectativa previa y que plantea que la mayoría de los políticos son corruptos. Nuevamente, al ver las tendencias en encuestas, podemos ver que la confianza en los políticos, ya sea de los partidos, coaliciones o el Congreso, llevan años en los derroteros. Es decir, la gente puede estar indignada con lo que se está destapando, pero eso no implica que estén sorprendidos.

Un buen caso para comparar es el escándalo que vivió el Parlamento británico en 2009. Después de una revelación en un diario, salió a la luz pública que los parlamentarios británicos de todos los partidos habían hecho mal uso de sus asignaciones. El caso generó gran impacto, con parlamentarios renunciando a sus puestos en el gobierno, mientras otros anunciaban que no se repostularían en las elecciones de 2010 a causa de este caso. Todos los involucrados debieron reintegrar los dineros y algunos terminaron con penas de cárcel. 

El caso guarda similitudes con el chileno, en especial en relación a los indicadores de opinión pública. Tanto la confianza en los políticos como los niveles de importancia de la corrupción como problema país eran bajos. Durante los meses en que se supo el escándalo, ambos índices se vieron afectados, pero al siguiente año, en la elección general, quienes estuvieron involucrados en el escándalo no tuvieron un impacto significativo en sus niveles de votación. Incluso la derrota del laborismo es más fácil de explicar por la situación económica que por el escándalo.

Pero que el 2010 no haya habido consecuencias no quiere decir que el tema haya pasado desapercibido. En las elecciones generales de este año, el Reino Unido enfrenta un escenario completamente nuevo, en el que ninguno de los partidos más fuertes (Conservadores y Laborismo) va a ser capaz de asegurar una mayoría, y tendrán que entrar en un delicado proceso de negociaciones para formar un gobierno. Esto es algo normal en otros países europeos, pero no en Gran Bretaña. 
Hay muchos factores que explican este fenómeno, y se vienen arrastrando desde el 2010. Uno es la evaluación que hacen los electores sobre la capacidad de los partidos de resolver los problemas más importantes. Esta evaluación ha estado contaminada en el último tiempo por el surgimiento de UKIP, el partido de ultra-derecha nacionalista que aspira a reducir drásticamente la inmigración y retirar al Reino Unido de la Unión Europea. UKIP, con un discurso marcadamente populista, ha capitalizado el descontento de sectores de la población que se sienten decepcionados de la clase política. Han sabido crecer a costa del desprestigio de la política, además de alimentarse de un creciente racismo y del siempre latente sentimiento conservador antieuropeo. Aunque mucho está por decir, es posible aventurarse a plantear que el escándalo del 2009 fue uno de los peldaños de la escalera que ha levantado la popularidad de UKIP.

"Los partidos han mantenido una marcada indiferencia a la percepción sobre cómo se encargan de sus asuntos internos."

Volviendo al caso chileno, aún es temprano para hablar de efectos a largo plazo. Sabemos que van a haber reacciones sobre cómo cambiar el marco institucional que regula la relación entre dinero o política, la comisión Engel es su expresión más clara. Pero lo más importante va a ser el impacto que va a tener en la percepción a largo plazo que la gente haga de la política y los políticos. Si no hay un trabajo decidido de la clase política de reconstruir confianzas que llevan años en el suelo, las consecuencias pueden ser complejas para todos. 

Durante años, era fácil soslayar estos indicadores. Con un sistema electoral a la medida y con un electorado más preocupado de la delincuencia que ocurre en las calles que de la que ocurre en el Congreso, los partidos han mantenido una marcada indiferencia a la percepción sobre cómo se encargan de sus asuntos internos. Al destaparse la olla de las oscuras relaciones entre poder político y económico, la opinión pública confirmó sus temores. 

La elección pasada estuvo marcada por dos elementos. Por un lado, por una ciudadanía activa que impuso el tema educacional en la agenda y, en menor medida, logró cuestionar la legitimidad de nuestra constitución. Por el otro lado, vimos el auge de liderazgos populistas, más interesados en separarse de la clase política que de construir una mejor política. Ojalá que quienes hoy ejercen el poder tomen nota, y abran la puerta a la ciudadanía mientras le pegan un portazo al populismo.


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