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En camino hacia la dignidad
Opinión

En camino hacia la dignidad

La muerte de Pedro Lemebel pareciera ser el capítulo perdido de su novela. La "loca del frente" termina sus días en medio de una sociedad que pareciera reconciliarse, poco a poco, con su rareza. En la misma semana en que se va, queda su lucha incansable e irreverente, reflejada en uno de los pasos más significativos que hemos dado en el último tiempo: el Pacto de Unión Civil.

Por el simple y azaroso hecho de haber nacido con una identidad de género y una sexualidad acorde con lo que la sociedad considera “normal”, no podré nunca sentir en carne propia la discriminación y odio que sufren quienes tuvieron una suerte distinta. Pero si entiendo que, algo tan incontrolable como profundo, no puede ser el origen de una segregación tan cruel como la que ha fomentado históricamente en nuestra sociedad.

La semana pasada, finalmente, nuestro país le ha devuelto parte de la dignidad robada a quienes, como Pedro, encuentran que su identidad no se ajusta con las expectativas. El Pacto de Unión Civil, que pareciera haber sido un proceso expedito luego de la última discusión en el Congreso, es el producto del trabajo de miles de activistas del mundo LGBT quienes, durante años, han trabajado por visibilizar y expandir una cultura basada en la igualdad de derechos y dignidad.

"Tenemos que agradecerle a gente que como Lemebel, no le tuvieron miedo a salir a la calle a mostrar sus miedos y aspiraciones."

A ellos y ellas debemos darle las gracias y otorgarles nuestra admiración. A quienes, como Lemebel, no le tuvieron miedo a salir a la calle a mostrar sus miedos y aspiraciones. A quienes no se dejaron amedrentar con incendios, asesinatos, golpizas y maltratos. A quienes no cedieron ante la presión de considerar que “el país aún no estaba preparado”.

Como uno de muchos que dije eso en su momento, les doy las gracias por insistir, por demostrarme lo equivocado que estaba y por dejarme, desde la galería, apoyarlos en su lucha. También aprovecho de pedirles perdón.

Pedro Lemebel se va de un país que se demoró demasiado en estar a la altura de su obra. Se va de una sociedad que no sólo lo discriminaba por ser gay, sino que por ser pobre. Vivió en carne propia la marginalidad de la intersección y, desde ahí, nos hizo sentir incomodidad. Porque ese es el camino en que se remueve a una sociedad conservadora, incomodándola al punto de no poder sostener sus dogmas. Cuestionarla al punto de desnudar la injusticia.

Con el PUC, Chile avanza un pequeño pero significativo paso. Un paso que no sólo va hacia el progreso o el futuro. Con esto, Chile da un paso hacia la dignidad, hacia reconocer que todos somos parte de la misma comunidad, con los mismos derechos y, algún día, con las mismas oportunidades.

Ojalá que éste sea un paso intermedio, y que antes de lo que nos imaginamos, seamos capaces de otorgarle protección a quienes desean construir su vida desde el matrimonio, sin importar su sexo o identidad de género.

"Pedro Lemebel se va de un país que se demoró demasiado en estar a la altura de su obra. Se va de una sociedad que no sólo lo discriminaba por ser gay, sino que por ser pobre."

La lucha por el reconocimiento y la dignidad sigue. Nuestra sociedad democrática requiere que pensemos en ella como un proyecto en el que la inclusión y la tolerancia sean los ejes esenciales. No basta con la creación de instituciones ni normas básicas, sino que debemos pensar en cómo modificamos prácticas y cultivamos la diversidad.  En esa pelea entramos todos. 


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