Crédito: Agencia Uno
Londres, Ferguson y ¿Chile?
Opinión

Londres, Ferguson y ¿Chile?

El 4 de agosto de 2011, cerca de la estación de metro de Tottenham Hale, al norte de Londres, Mark Duggan, negro, fue detenido por la policía inglesa a bordo de un taxi. Duggan abrió la puerta del taxi y salió corriendo. Según los reportes, la policía le habría gritado que parara, pero él no alcanzó a escuchar. Antes de eso, dos tiros atravesaron su pierna y su torso. Eran las 6.20 de la tarde, murió en el lugar 21 minutos después. No hay claridad sobre si Duggan portaba o no un arma en ese momento, pero lo que sí se determinó es que las únicas balas disparadas esa noche eran de la policía.

Este año, el 10 de agosto, Michael Brown salió de una tienda de Ferguson, Misuri, luego de robar un paquete de cigarrillos. Un policía se acercó y trató de detenerlo a él y a un amigo. Brown escapó y el policía, Darren Wilson, disparó doce veces impactando 6 balas en el cuerpo de Brown. Los testigos del hecho cuentan que recibió los últimos balazos mientras tenía las manos arriba y gritaba que por favor no le siguieran disparando. Michael, negro, no portaba ninguna arma.

Hace unos días, el cabo Alex Gutiérrez fue baleado en un operativo en Alto Lleu-Lleu. Las autoridades de la zona, antes siquiera de haberse iniciado la investigación, fueron rápidos en acusar a activistas de la “causa mapuche” sobre el hecho. A las pocas horas se supo que ningún miembro del pueblo mapuche estuvo involucrado y que la muerte del carabinero no tuvo que ver con ninguna reivindicación política o étnica. El parcelero que dormía en la propiedad pensó que lo estaban asaltando y  reaccionó disparando.

"En Chile, históricamente, hemos negado que exista racismo. Tendemos a esconder el concepto en otro tipo de discriminaciones, como el clasismo o la xenofobia."

La semana pasada, un partido de fútbol fue suspendido debido a los insultos racistas que recibió un jugador de San Marcos de Arica, Emilio Rentería, por parte de la barra de Iquique. Al mismo tiempo, el alcalde de Alto Hospicio declara en Twitter que “basta que un negrito llore para que se pare el partido”. El alcalde se disculpó luego, pero sin aceptar que sus dichos habían sido racistas.

Todos estos casos son manifestaciones – algunas más extremas que otras – de racismo. Pero además, en todos estos ejemplos hay autoridades involucradas.

En Chile, históricamente, hemos negado que exista racismo. Tendemos a esconder el concepto en otro tipo de discriminaciones, como el clasismo o la xenofobia. En el colegio se enseñaba que la élite chilena de la colonia era muy pobre como para importar esclavos negros, negando la historia de miles de afrodescendientes chilenos que aún luchan por un reconocimiento explícito. Se nos ha enseñado la teoría de la “raza chilena”, al mismo tiempo que desconocemos la relevancia de nuestros pueblos originarios, su cultura y cosmovisión.

Pero todo eso es mentira. El más moreno de la clase acomodada siempre será “el negro” y el extranjero es tratado distinto si es rubio. Incluso, no faltó el que, al nacer mi hija, me dijo, con la mejor de las intenciones, “ay, ojalá que mantenga los ojitos claros”. Más allá de la anécdota, lo más grave es cuando esa discriminación opera desde la autoridad.

El racismo, al igual que otro tipo de discriminaciones, no sólo se expresa en el trato entre iguales, sino que se convierte en un mecanismo estructural de opresión. Sí, aunque a algunos les suene “marxista”, lo que ocurre en este caso es opresión. Personas que experimentan cómo, en todos los ámbitos de su vida, lo que pesa es aquello por lo que otros las clasifican y no lo que han construido de sí mismas. Dan lo mismo los méritos o las opciones, es más relevante aquella característica con la que nacemos y que no podemos – ni tenemos por qué – cambiar.

"El más moreno de la clase acomodada siempre será “el negro” y el extranjero es tratado distinto si es rubio"

¿Llegará el día en que todos estos mecanismos de opresión se supriman? No lo sé, pero sí tengo claro que requiere de un compromiso explícito por parte de quienes ejercen autoridad. Ellos deben ser medidos con una vara más alta que el resto, por el solo hecho de que ejercen poder. El rol de la autoridad no termina en el cumplimiento de su función, sino que asume un carácter simbólico cuando, con su actuar, perpetúan discriminaciones estructurales.

Londres, Ferguson, Alto Lleu-Lleu o Iquique son todos ejemplos de una sociedad que por mucho tiempo se ha dedicado a excluir a otros, a los distintos. Y ya ni siquiera corresponde hablar de minorías, porque en el grupo de víctimas de discriminación parecieran caber todos quienes no son hombres, blancos y heterosexuales. Es decir, el sistema está estructurado para que una minoría le diga a otros que lo son.

Mecanismos como el racismo no se resuelven con buenas intenciones o campañas publicitarias. Se requieren cambios estructurales en la forma en que se eligen, capacitan y operan nuestras autoridades.

En Chile, nos falta conversar más sobre el tema, hacerlo presente y dejar de esconder el racismo en otras clasificaciones. Me alegra profundamente que la ANFP esté dispuesta a sancionar a un equipo por los actos racistas de sus hinchas, pero eso es sólo el comienzo. Debemos sancionar al gobernador que hace declaraciones racistas a pocas horas de un hecho trágico, o al alcalde que pasa por encima de la dignidad de un jugador de fútbol. El racismo no se cura con declaraciones de buena crianza, se modifica desde sus bases, partiendo por quienes tienen a su cargo el bienestar del resto.

 


Lo más visto en T13