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¿Por qué no nos debemos preocupar (tanto) de las encuestas?
Opinión

¿Por qué no nos debemos preocupar (tanto) de las encuestas?

Parece raro que en un año post electoral estemos hablando tanto de encuestas de opinión pública, pero la irrupción de sondeos semanales parece estar dominando la conversación política.

Semana a semana nos enteramos si el político X o Z tiene alguna posibilidad en las próximas elecciones (¡en 3 años!), o si el gobierno ha subido algún punto más en aprobación.

Pareciera que estamos algo saturados de encuestas. Entre Cadem que saca sus reportes semanales y Adimark una vez al mes, debemos sumar las encuestas con fines académicos: UDP y CEP. Un poco más atrás vienen las encuestas que aparecen de forma más esporádica: Mori y CERC entre ellas.

Pero la verdad es que no estamos tan saturados como parece. En países como Estados Unidos o el Reino Unido, varios sondeos aparecen cada semana, preguntando acerca de pronósticos electorales a nivel local y nacional.

"Para poder creerle a los resultados de una encuesta, tenemos que tener claridad de qué foto están tratando de sacar."

Es cierto que son países donde hasta los encargados de la policía pueden estar sujetos a elección popular, por lo que hay más que preguntar y hay mucho más en juego. 

Pero, ¿podemos creerle a las encuestas en Chile? O aún más importante, ¿nos debieran preocupar tanto?

Para poder creerle a los resultados de una encuesta, tenemos que tener claridad de qué foto están tratando de sacar. No es lo mismo una encuesta que apunta a representar a todo el país a una que habla de ciertos porcentajes de representatividad.

Si una encuesta dice ser representativa del 80% de la población, ¿de qué parte de la población estamos hablando? ¿Del 80% más rico? ¿De todos los que viven en ciudades? Asimismo, las encuestas telefónicas tienen distintos sesgos que las presenciales o las que se hacen online. Todos esos distintos aspectos son difíciles de comprender sin la adecuada información. 

Las encuestas académicas tienden a ser abiertas sobre estos temas, fácilmente podemos acceder a sus datos y fichas metodológicas. Pero los sondeos comerciales tienen razones válidas para no compartir sus datos: es el producto con el que obtienen sus ganancias.

Sin embargo, eso no las excusa de ser transparentes con sus procedimientos. Si hay algo que sabemos es que las encuestas no sólo miden opinión, sino que también la generan.

Por lo mismo, no es irrelevante si tienen algún tipo de sesgo. En otros países esto se ha resuelto a través de legislación o autorregulación, sería interesante ver si los encuestadores chilenos están dispuestos a ponerse de acuerdo.

"En otros países esto se ha resuelto a través de legislación o autorregulación, sería interesante ver si los encuestadores chilenos están dispuestos a ponerse de acuerdo."

Pero más allá de los tecnicismos metodológicos, ¿cómo sabemos si una encuesta tiene alguna capacidad de predecir algo importante, como una elección? Cuando un analista financiero predice que el IMACEC del próximo mes será de 3%, sabemos perfectamente su habilidad de generar buenas predicciones: en un mes podremos comparar su predicción con el resultado final.

Bueno, muchas encuestas en Chile evitan hacer eso. Son esquivas a preguntar intención de voto (salvo honrosas excepciones como MORI) y, con ello, evitan que uno pueda medir su calidad frente a un resultado comprobable. 

Ahora, si preguntamos sobre intención de voto o aprobación presidencial, estos temas tienden a estar bastante presentes en la discusión pública, y es probable que encontremos un buen número de personas con opiniones formadas al respecto.

El problema es cuando las encuestas preguntan sobre tópicos que no son tan prominentes. Por ejemplo, sobre si debiera haber un cambio de gabinete, o si debiera regularse el aborto. 

"Si la política es de las secciones menos vistos en los noticiarios, no debiera sorprendernos que quienes respondan una enucesta no tengan el interés en formarse una opinión respecto al cambio de gabinete."

En el primer caso, estamos ante una materia en la que quienes responden la encuesta no tienen, necesariamente, mucho interés.

Si la política es de las secciones menos vistas en los noticiarios, no debiera sorprendernos que quienes respondan una encuesta no tengan ni la información ni el interés en formarse una opinión respecto al cambio de gabinete.

Eso no quiere decir que no van a responder – raramente alguien no responde una pregunta de una encuesta, aunque no tenga idea sobre lo que se le pregunta – sino que su opinión va a formarse con lo que tenga más a mano: lo que vio en las noticias, escuchó en la radio u opinó quienes son sus referentes en temas políticos.

Todos estos elementos hacen que lo que ellos digan hoy puede ser muy diferente a lo que respondan la próxima semana. La clave está en entender que nosotros no andamos por la calle teniendo opiniones firmes y fuertes sobre todo, sino que sólo sobre lo que nos importa. Cuando un encuestador nos pregunta sobre algo en lo que no hemos pensado mucho, se activa un proceso: no había opinión antes de la pregunta, la encuesta la crea.

El segundo caso es más complejo. Sin duda es un tema importante y va a haber mucha gente con opiniones formadas al respecto. Sin embargo, la pregunta que corresponde hacerse es la siguiente: si el 80% de los encuestados estaría dispuesto a legislar sobre aborto, ¿quiere decir que las autoridades van a ponerlo en el primer lugar de la lista de prioridades? Probablemente no.

Y no se trata de que no sean receptivos a la opinión de la ciudadanía, sino que no podemos sólo considerar ese dato a la hora de hacer un juicio. Si bien la mayoría pareciera no tener problemas con cambiar nuestra restrictiva legislación sobre aborto, el tema también aparece entre los de última importancia.

Cuando una encuesta no entrega información sobre eso, entonces no es posible  hacerse una película clara sobre lo que están midiendo.

"Cuando un encuestador nos pregunta sobre algo en lo que no hemos pensado mucho, se activa un proceso: no había opinión antes de la pregunta, la encuesta la crea."

En Chile, muchas veces pareciera que recurrimos a atajos para saltarnos las discusiones de fondo. Si estamos en un debate, hay veces que preferimos atacar de manera personal a quienes tienen ideas distintas, descalificando sus posiciones o poniendo en duda su integridad moral.

Cuando no hacemos eso, recurrimos a los sondeos como mecanismos de elusión de la discusión. Si la mayoría de las personas dicen que sí a algo, ¿cómo nos vamos a oponer a la voluntad popular? Pero eso no sólo empobrece el debate, sino que es poco crítico de la forma en que esta información se genera.

Las encuestas son herramientas útiles e importantes en el diseño de políticas públicas (y de política en general), pero son limitadas. No nos pueden entregar una respuesta confiable en aquellos temas que son poco relevantes y, por cierto, no pueden ser una excusa para saltarnos el debate en aquellos temas que se lo merecen.


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