Crédito: A. Uno
Responsabilidad política
Opinión

Responsabilidad política

La responsabilidad política es de esos conceptos que, de tanto manosearse, parecen no significar nada. Es uno más de esos eufemismos que hemos escuchado de forma repetida de parte de los involucrados en el caso Penta.

Al parecer la responsabilidad política termina en caras compungidas, declaraciones públicas ensayadas y disculpas vacías. Se parece más a una mala escena de teleserie que a asumir responsabilidad alguna.

El problema radica en la mala comprensión que tienen algunos de nuestros representantes sobre lo que se debe esperar de ellos desde el punto de vista ético. El primer error es entender que el deber ético de quienes aspiran (y a veces logran) acceder al poder político, termina en el estricto cumplimiento de la ley. Así, hemos escuchado estos días a algunos involucrados haciendo salvedades poco razonables.

"El primer error es entender que el deber ético de quienes aspiran (y a veces logran) acceder al poder político, termina en el estricto cumplimiento de la ley."

Por ejemplo, Ena Von Baer declara que al momento de responder la pregunta sobre si pidió aportes a Penta, lo hizo pensando sólo en el momento de campaña. ¿No parece absurda esa afirmación, si lo que se cuestiona es exactamente el financiamiento irregular de la política? ¿No es éticamente mediocre responder así cuando a días de la elección se piden 100 millones de pesos para cubrir los hoyos de una campaña que, supuestamente, ya había llegado al límite del gasto electoral?

Otras situaciones interesantes son las de Moreira, Undurraga y Velasco. El primero reconoció públicamente haber solicitado dinero usando boletas ideológicamente falsas, tratando de atenuar la falta diciendo que no había llegado ese dinero a su bolsillo. Como si el uso de esos recursos no le hubieran permitido hoy, ostentar el cargo de senador de la República, con todos los privilegios personales que eso conlleva.

Undurraga, por su parte, se apresuró en salir a declarar que su fundación hizo un estudio sobre desigualdad urbana a Penta a cambio del aporte recibido. Sin embargo, las declaraciones del expediente dan cuenta de una historia distinta, en la que el informe fue más bien una excusa para justificar un aporte ya acordado. Todo dentro del marco de la ley, por cierto.

Velasco, por otro lado, insiste en inverosímil historia de que un almuerzo de tres horas habría terminado con un honorario, fijado ex post, de 20 millones de pesos. Amén de las declaraciones de diversos involucrados que desmienten su versión y plantean que esos dineros, sumados a una boleta a su contador, se usaron para financiar su proyecto político. Paradójico dilema para quién se presentaba como el paladín de las buenas prácticas.

"Quizás el premio en esta categoría se la lleva la declaración pública de la UDI. Llena de disculpas poco creíbles, frases afectadas y rodeada de rostros compungidos"

Quizás el premio en esta categoría se la lleva la declaración pública de la UDI. Llena de disculpas poco creíbles, frases afectadas y rodeada de rostros compungidos. Pero en el fondo, el mensaje que dan es el mismo: disculpen, pero no nos pidan nada a cambio. Incluso, se dan el lujo de usar su propia interpretación de la ley como parámetro ético.

El segundo error consiste en creer que la responsabilidad política termina en mostrar la cara, leer un comunicado y retirarse dando un par de frases a la galería. Quienes ostentan poder tienen responsabilidades éticas que deben ir más allá del mero cumplimiento de la ley.

La norma escrita debiera ser el punto de inicio, y no la meta a la que debieran aspirar nuestros representantes. Precisamente porque existen situaciones en las cuales es posible cumplir la ley y cometer, al mismo tiempo, actos reprochables (de ahí nace la necesidad de pedir disculpas). Es importante que los que tienen a su cargo el cuidado y dirección de la comunidad sean los primeros en asumir las consecuencias de sus acciones.

Esto no es descabellado considerando el escenario internacional. En España, luego del escándalo de financiamiento del gobernante Partido Popular, el mismo presidente Rajoy salió a declarar que todos los miembros de su partido que estén involucrados iban a ser suspendidos de sus cargos mientras concluyeran las investigaciones.

En el Reino Unido, un escándalo de gastos reservados del Parlamento (en montos incluso menores a los que aparecen en el caso Penta) terminó con la renuncia de ministros y parlamentarios, junto con sanciones internas de los partidos que significó, en la práctica, el fin de la carrera política de los involucrados. Todo ello antes que se establecieran las responsabilidades legales.

"La norma escrita debiera ser el punto de inicio y no la meta a la que debieran aspirar los representantes. Hay situaciones en las cuales es posible cumplir la ley y cometer, al mismo tiempo, actos reprochables."

La responsabilidad política en Chile es un término vacío precisamente porque no significa nada. Los que ostentan cargos públicos no pretenden hacer ningún acto reparatorio (para qué hablar de renuncias, por simbólicas que sean) más allá de leer discursos a viva voz.

Los que aspiran a ostentarlos, se quedan tranquilos esperando que pase la tormenta, con la convicción de que no existen muertos en política. ¿Y el resto de nosotros? Aquí, mirando todo esto como un show de circo o una película de acción. Nos emociona e indigna a veces, pero sospechamos que cuando termine la función, todo va a seguir igual. Ojalá no esta vez.


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