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Binominal: reforma en la medida de lo posible
Opinión

Binominal: reforma en la medida de lo posible

Toda reforma legislativa es una transacción de intereses y la reforma al sistema electoral no escapa a dicho fenómeno. Los legisladores fueron jueces y parte, pero esta premisa se aplica a una amplia gama de temas donde existen intereses materiales e ideológicos incluyendo financiamiento político, reelección de autoridades, funciones del poder Legislativo, restricciones en los poderes de otros poderes del Estado, etc. etc. etc. La política es así, un asunto de intereses.

La pregunta es, ¿por qué se aprobó la reforma en esta ocasión y no antes? Las razones son tres: primero, y quizás la más importante, es que se contaba con los votos necesarios para avanzar con esta reforma. Al respecto, el gobierno de mayoría hizo valer su poder en el Legislativo disciplinando a sus legisladores con un objetivo muy claro y definido: acabar con el binominal.

Segundo, primó una alta cuota de pragmatismo al plantear una reforma que no afectara los intereses de quienes están en el poder (los incumbentes). Para un legislador en ejercicio será más fácil resultar reelecto en el año 2017. Al reducirse los umbrales permitidos para obtener un escaño, estos incumbentes soñarán con más facilidad con su reelección. Pero además, no se alteraron sustantivamente los distritos (solo se fusionaron), lo que reducirá también la incertidumbre de quienes compiten por un asiento.

Tercero, también fue relevante la decisión del gobierno de priorizar esta reforma y asignarle las urgencias necesarias para permitir un acuerdo en la Cámara Baja primero, y luego en el Senado. El ejecutivo transó con independientes y logró obtener los votos que requería. El resultado político se explica entonces por la combinación pragmatismo, votos y astucia política del Ejecutivo.

"¿Qué impacto tendrá esta reforma? Aumentará sin duda la competencia dado que más candidatos(as) podrán competir por un cargo en el Congreso."

Ahora bien, ¿qué impacto tendrá esta reforma? Aumentará sin duda la competencia dado que más candidatos(as) podrán competir por un cargo en el Congreso. Seguramente aumentará la representación de mujeres electas por el sistema de cuotas que se implementará. El sistema será también más representativo en la proporción entre legisladores y electores. Si antes teníamos un representante por cada 100 o 120 mil electores, ahora la cifra se rebajará un representante por cada 70 u 80 mil electores.

Aunque tendremos una mejor representación, ello no implica necesariamente que en el futuro veremos una renovación completa del Congreso—aspecto que tampoco sería muy deseable. El mapa político no variará tan significativamente pues, como ya dijimos, algunas de las medidas aprobadas incentivarán la permanencia de incumbentes mientras otras incentivarán su renovación (cuotas).

En definitiva, lo que veremos será un moderado ciclo de renovación, con mayor competencia y menores incentivos para realizar primarias; esto último debido que la cantidad de candidaturas posibles a presentar será mayor.

¿Mejorará la calidad de la política, de la representación, y de la democracia? Depende. Si lo evaluamos en términos de competencia política, efectivamente observaremos mayores opciones desde donde escoger.

Sin embargo, la reforma no resolverá por sí sola la profunda desconfianza que la ciudadanía tiene respecto de los políticos y congresistas. Se necesita más: se necesita democratizar los partidos y reformar significativamente la estructura de financiamiento de la política. Se necesita un programa coherente de reformas que coloque incentivos correctos para una política más transparente, con igualdad de competencia y responsabilidad frente a los electores. Al eliminar el binominal, sin duda se dio un paso significativo aunque los problemas de legitimidad del sistema político subsistirán. 


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