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Cambio al sistema electoral: continuidades, cambios y omisiones
Opinión

Cambio al sistema electoral: continuidades, cambios y omisiones

Hace pocas horas, y tras una titánica sesión, fue aprobado el cambio al sistema electoral por uno "proporcional inclusivo" como metafóricamente le han denominado los autores del proyecto.

Previo a la revisión de las cuestiones de fondo, es necesario precisar que las condiciones del debate no estuvieron a la altura de la importancia del tema. El Ejecutivo se negó a aceptar algunas indicaciones de la oposición, que no ponían en duda el “espíritu de la ley”, pero sí constituían un aporte para aplicar de un mejor modo el método de asignación de escaños, posición incluso avalada por el Servel como consta en las actas de la Comisión de Constitución del Senado. Pero la posición del Ejecutivo fue la de un auténtico e infranqueable frontón legislativo.

Surgen entonces dudas sobre las verdaderas motivaciones de quienes aprobaron el nuevo sistema electoral sin un respaldo transversal, lo que es complejo dada la legitimidad que adquieren las reglas del juego en el plano temporal. Los ciclos de reforma electoral no se abren en cuestión de meses y años, tardan décadas, pero por las falencias del proyecto aprobado -el propio senador Alejandro Navarro expresó que algunos puntos constituían una "tragedia" y el Senador Montes señaló que muchos de estos errores podían ser enmendados a través de mociones- no sería extraño que tengamos que volver a discutir sobre modificaciones a la regla de asignación de escaños.

Más en el fondo, y en cuanto al redistritaje, resultan poco claros –y nada técnicos- los criterios utilizados para la fusión de las actuales zonas electorales. Aparecen así ciertos nudos críticos, como distritos con menos electores a los que se asignan más diputados que otros, como es el caso del nuevo distrito 4 (ex distritos 5 y 6), donde a 221.707 electores se le asignan 5 escaños, mientras que los distritos 16, 18, 22 y 25, con más electores, se les asignan menos escaños.

Con respecto al aumento de representantes (155 diputados y 50 senadores), se omitió que habían otras propuestas que, cambiando el sistema binominal y sin incurrir en un aumento tan sustancial de parlamentarios, corregían de mejor manera el problema de la llamada desigualdad del voto.

"Surgen entonces dudas sobre las verdaderas motivaciones de quienes aprobaron el nuevo sistema electoral sin un respaldo transversal."

De acuerdo a lo aprobado, surgen también medidas para facilitar la constitución de nuevos partidos a escala regional. Pero avanzar en la promoción de partidos regionales que muchas veces no son más que plataformas que proyectan liderazgos e intereses personales, no parece pertinente, ya que la tramitación legislativa podría obedecer a la capacidad de veto o chantaje que impongan estas agrupaciones.

Adicionalmente, se da una tensión con otras legislaciones pro competencia en materia política, como es la ley de primarias. Al instaurarse una cuota de género, los cupos vacantes para ser disputados en elecciones primarias, sólo se acotarán al 40% de los candidatos: estamos hablando entonces de “primarias a medias”: señal errática.

Finalmente, corresponde también señalar que muchos de los fenómenos que se desprenden de la mecánica del sistema binominal también se replicarán en la nueva fórmula. Sucesos que generan confusión ciudadana como candidatos con altas votaciones que no resultan electos, o candidatos con bajísimas votaciones que sí lo son electos, se darán también, ya que la lógica de asignación de escaños bajo cifra repartidora continuará operando bajo modalidad de lista.


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