Crédito: Agencia Uno
La caja de Navidad
Opinión

La caja de Navidad

A estas alturas dar mayores argumentos de por qué la reforma del sistema electoral tiene una serie de inconvenientes, podría ser infructuoso. No obstante, la reflexión intelectual no se agota en razón de una votación parlamentaria, de hecho, en democracia el que las decisiones puedan ser revisadas es un aspecto fundamental.

Se debe hacer la salvedad, de que la constante revisión de leyes y reformas no es para nada un objetivo deseable, pues demostraría una falla estructural del sistema, a saber, que las decisiones se están tomando de manera apresurada porque, entre otras razones, las mayorías son febles y las visiones de corto plazo se imponen a las de largo.

La dinámica del proyecto se ha caracterizado por generar una serie de expectativas en torno a lo que éste produciría. Así, entre otros resultados estarían: mayor representatividad y participación del electorado, más inclusión de corrientes y visiones alternativas, mejores posibilidades de éxito a partidos fuera de las coaliciones, recambio de las elites políticas, menores costos, mayor competencia, mayor proporcionalidad entre votos y escaños, etc.

"La ingenuidad y por otra, el dogmatismo han llevado los autores de esta reforma a ofrecerle al país esta especie de caja de Navidad."

Sin embargo, no hay ninguna razón para que todos estos objetivos se cumplan con un cambio de sistema, ni menos, con este cambio de sistema. Por una parte, la ingenuidad y por otra, el dogmatismo han llevado los autores de esta reforma a ofrecerle al país esta especie de caja de Navidad. De no cumplirse estas expectativas, el riesgo de perdida de legitimidad del sistema es alto.

La posibilidad de conseguir todos estos objetivos no es que sea difícil sino que es imposible. Todos ellos no son compatibles entre si siempre. Por ejemplo, un sistema que fomenta la creación de partidos de baja densidad electoral ciertamente genera mayor oferta electoral (sistemas proporcionales). Sin embargo, también puede provocar más desgaste en el electorado y con ello aumentar la abstención, junto con afectar la gobernabilidad del sistema político dado que la toma de decisiones se hace más costosa. Otro ejemplo, la menor tasa de reelección podría ser visto como deseable pero desde un punto de vista de la continuidad del proceso de políticas públicas podría terminar siendo todo lo contrario.

En general, todos estas cualidades que nos gustaría proveyera un sistema electoral suponen marcos institucionales específicos que no se cristalizan en un solo caso en la experiencia comparada. Por ejemplo, los sistemas mayoritarios con distritos de un escaño (como las elecciones de alcaldes) en que gana quien obtiene más votos tienen la ventaja de que los resultados son inescrutables y nítidos. No obstante, imponen importantes restricciones a los partidos pequeños para obtener representación, a menos que acuerden con los partidos más grandes ciertos bloqueos o cupos parlamentarios (como sucede con el binominal), lo que no siempre resulta mejorar la representatividad.

"La menor tasa de reelección podría ser visto como deseable pero desde un punto de vista de la continuidad del proceso de políticas públicas podría terminar siendo todo lo contrario."

La segunda vuelta del sistema mayoritario francés admite, a veces, que los partidos pequeños se expresen en la primera vuelta, sólo que el costo es la negociación posterior para la segunda vuelta y puede no ser bueno en términos de la gobernabilidad distorsionando a veces los resultados.

En resumen, parece del todo razonable esperar que el excesivo voluntarismo por sacar un proyecto antes de “salir de vacaciones” no estará exento de inconvenientes, lo que importa es que cuando nuevamente se platee el tema, probablemente después de las próximas elecciones, exista la disposición a tener en cuenta éstas y, por cierto, otras consideraciones.


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