Crédito: Agencia Uno
Así no se suspende un clásico

Así no se suspende un clásico

Siempre se ha sostenido que los árbitros de fútbol son masoquistas. Se les atribuye esa condición por disponerse a un espectáculo donde  son abucheados, insultados, y en el mejor de los casos ignorados. 

A menudo los hinchas les sacan la madre, así como también los periodistas andamos pendientes de sus yerros. En la cancha, jugadores y técnicos  les empapelan a garabatos, les reclaman, les engañan con simulaciones. En casos extremos hasta les pegan, como sucedió hace unos años en Arica y San Felipe con René De La Rosa y Enrique Osses respectivamente.

"Ajustada a sus procedimientos, la ANFP evitó suspender el partido más temprano. Como si la norma fuese más importante que la realidad, esperó que el árbitro llegara para que echase a correr la pelota en una cancha evidentemente anegada"

En paralelo a la ensalada anterior, trabajan durante la semana en diversos empleos. De lunes a viernes son profesores, operadores de alimentos, o administrativos. Una doble vida que cargan en silencio. Ellos y sus familias. 

Por si fuera poco, el arbitraje goza de una formalidad a ratos militar. Además de su disciplina física se someten a manuales de conducta que no dejan margen a las emociones. Si estas quedan en evidencia, el castigo es inminente.

Pese a todo lo anterior, cuesta entender el protocolo de Eduardo Gamboa  el domingo en San Carlos de Apoquindo. El sentido común indicaba desde el amanecer que el clásico universitario no debía jugarse, pero se esperó hasta casi las 11 de la mañana para notificarlo

Gamboa en su calidad de juez, vive en su propio mundo. Y en parte se comprende su manera de actuar. El problema  es que sus empleadores, que debiesen resolver con mayor lucidez, lo hayan empujado al absurdo

"Un jugador involucrado me contó que en su plantel se enteraron a las 10:15 de la suspensión, o sea antes de que Gamboa llegara a la cancha. Si la decisión estaba tomada, ¿por qué no comunicarla a tiempo también al resto?"

Ajustada a sus procedimientos, la ANFP evitó suspender el partido más temprano. Como si la norma fuese más importante que la realidad, esperó que el árbitro llegara para que echase a correr la pelota en una cancha evidentemente anegada. Y a las 10:30 en punto, dos horas antes de fijado el partido entre la UC y la U. No antes.

Llama la atención la falta de sintonía de la asociación con lo que pasa en la ciudad. No sólo por la lluvia incesante en las horas previas, ni por el desborde del Mapocho, sino que además porque la mayoría de Santiago estaba sin agua potable. Más encima, la misma organización del partido había obligado a los hinchas visitantes a llegar al estadio desde  las 10:30, es decir, a la misma hora que Gamboa se prestaba para el show de la pelota embarrada. 

¿No merecía más información el hincha que se levantó de madrugada para llegar temprano a San Carlos? ¿No habría sido oportuno redistribuir antes  a Carabineros hacia focos ciudadanos más urgentes? Mientras la intendencia pedía que la gente se quedara en sus hogares, el fútbol se quedaba callado. 

"¿No merecía más información el hincha que se levantó de madrugada para llegar temprano a San Carlos?"

Un jugador involucrado me contó que en su plantel se enteraron a las 10:15 de la suspensión, o sea antes de que Gamboa llegara a la cancha. Si  la decisión estaba tomada, ¿por qué no comunicarla a tiempo también al resto?

A menudo la dirigencia  declara su deseo de que el público familiar vuelva al estadio. Para eso, sin embargo, será necesario primero respetar al aficionado. El domingo, en San Carlos, se burlaron de él.


Lo más visto en T13