Selección chilena: Héroes del silencio

Selección chilena: Héroes del silencio

Por profesional que sea, el fútbol sigue perteneciendo a la industria del espectáculo, y como tal se debe a su público. Una máxima universal asumida en casi todo el mundo, pero relativizada en Chile.

Las medidas de seguridad en Requínoa, que incluyen restricciones para los vecinos del Monasterio Celeste, no sólo contradicen esa lógica del fútbol-espectáculo, sino que además rozan lo inconstitucional. 

Desde hace unos años, y más aún con la llegada de Marcelo Bielsa, la selección chilena vive escondida. De los espías, de los falsos espías, de lo hinchas, de la prensa. La única contraseña para verlos parece ser el dinero, conforme los sponsors sí pueden grabar spots en la cancha durante los días de concentración.

Soy de la generación que entrevistaba jugadores en los camarines, y que podía compartir en una mesa con futbolistas,  entrenadores, e incluso árbitros. Muchas veces me reporcharon o negaron atención, pero ás allá del éxito o fracaso de la gestión periodística, había un contacto humano de por medio. Eso hoy no existe.

Las nóminas de la selección se entregan por comunicados virtuales, hubo un jugador que renunció a la Roja por twitter (Jorge Valdivia, y no le importó al DT), y otro que acaba de desertar por instagram (Fabián Orellana). Cada vez más atrás queda el recuerdo de las conferencias donde se revelaban los nombres de los citados, con respuestas de cara al auditorio . O los mano a mano con jugadores que no rendían ni más ni menos por difundir lo que pensaban. Hoy casi no los vemos ni escuchamos, están escondidos. Sólo leemos sus mensajes (cuando son suyos realmente) en el computador.

Se culpa a las nuevas tecnologías. Yo diría que el problema, más que ellas, es su uso. Hoy la ANFP tiene la oportunidad de acercar su producto estrella a la gente mediante las redes. El tráfico es cada vez mayor, y ni hablar el negocio que crece detrás. Pero no: la instrucción es declarar día por medio, ojala con mayoría de lugares comunes y frases hechas. Sin atractivo para el público ni las marcas.

Dirán que el estadio igual se llena. Y es cierto, porque la selección gana. Cuando pierda veremos cuán fidelizado está el hincha.

En Brasil, Dunga convocó a su selección a la antigua, frente a la gente. Los belgas, antes del Mundial, entrenaban con 10 mil personas en las tribunas. Otras federaciones organizan dinámicas en internet para acercarse a su público. Incluso en clubes millonarios de Europa la comunicación no es opcional: es obligatoria.

Sincerémonos:  lo que nos aleja de la Roja es el dinero, la influencia de los representantes (varios ni siquiera hacen la pega de “enseñarle a hablar” a sus jugadores), el bielsismo mal entendido. ¿O me van a decir que en el Monasterio se prepara una estrategia revolucionaria? ¿Estarán acaso ensayando 200 centros diarios para evitar los goles de cabeza? ¿O practicando 50 penales cada uno para no repetir la pesadilla del Mundial? Difícil.

Se agradece la voluntad de personajes como José Sulantay, Humberto Cruz o Leonardo Véliz para hablar de fútbol cada vez que estalla un tema. Enseñan al mismo tiempo que opinan. Pero también se extraña que referentes de los ’90 en adelante se expresen más .

Nos quejamos a menudo de que el medio chileno no es futbolizado. Yo diría, peor que eso, es un medio incomunicado. Y la selección, en eso, la lleva. Ojala en la cancha sí saquen el habla. 


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