Crédito: Agencia Uno
El ejemplo de Pablo Otárola

El ejemplo de Pablo Otárola

En marzo pasado la familia del fútbol, esa compuesta por jugadores, técnicos, dirigentes y languzinos varios, lamentaba el accidente sufrido por el defensa de Temuco, Pablo Otárola. Un camión embistió contra el vehículo del zaguero dejándole a las puertas de la muerte. 

Sus fracturas, hemorragias y TEC abierto entre otros daños físicos, le tuvieron en coma durante meses. Despertó un día de agosto, aún maltrecho. Desde entonces su estado de conciencia es mínimo, pero sigue batallando.

Pablo es sometido a sesiones de reactivación neuronal. El objetivo es que retome movimientos básicos de su cuerpo. Proceso largo y tedioso. El costo, finalmente, de su milagrosa sobrevivencia.

La citada familia del fútbol suele sostener que el jugador es la raza  más noble que puede existir. Una máxima algo discutible: en primer lugar se trata de una generalización apresurada, y en segundo término, muchos ejemplos, dentro y fuera de la cancha, desmienten a menudo la afirmación. Sin embargo, frente al caso Otárola, los pares del deportista han puesto el hombro.

Las cadenas de oración fueron múltiples tras el accidente. Donaron sangre, lo visitaron, le contaron que su club Deportes Temuco estaba haciendo un campañón en la B. Contra ese respaldo gremial, los medios masivos reducíamos la cobertura del episodio.

El martes 15 hubo un nuevo evento para ir en ayuda de Pablo. El Gimnasio Olímpico de la UFRO se dispuso a una velada de Showbol en su beneficio. Jugaron históricos temuquenses, un equipo del SIFUP, los “pijes” de la B, y la selección chilena encabezada por Iván Zamorano.

Los triunfos de quedaron en casa: el Sindicato de Futbolistas y la Roja se fueron derrotados, pero daba lo mismo. Los asistentes disfrutaron y hasta vieron en acción a Pablo Contreras, de vuelta en la cancha tras desvanecerse en Bolivia durante un partido similar. Esta vez fue Bam Bam el que activó una alarma menor tras sufrir una lesión muscular.

Los familiares de Otárola agradecieron con sinceridad la compañía. Agregaron que la recaudación sería muy valiosa para financiar el tratamiento médico de Pablo, pues la isapre del jugador les tenía en ascuas. Como tantos chilenos, los futbolistas tampoco se salvan de la letra chica.  

La otra dificultad brotó desde las graderías: se esperaban 3.500 personas en graderías, pero no llegó siquiera el 50% del público estimado. La difusión a nivel regional, así como la promoción en redes no bastaron. Tampoco la presencia en la cancha de grandes referentes del fútbol local y nacional.

Algunos sostuvieron que el trajín navideño conspiró contra el evento. Curioso sería, pues la Navidad invita justamente a sensibilizarse frente ante aquel que está en problemas. Así debiese ser, al menos.

En esta pasada, los futbolistas defendieron su fama noble, así como el público y la prensa de mayor alcance quedamos en deuda. Mientras, en una clínica de Concepción, Pablo Otárola sigue dándonos a todos el más grande ejemplo de voluntad y esfuerzo.  


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