Crédito: Agencia Uno
Arturo Vidal Selección Chilena

El Reino de Arturo

La fiebre está desatada con Chile en semifinales, y seguramente el partido con Uruguay será recordado por mucho tiempo. Fue una victoria trabajada, difícil. La refriega aumentó el valor de la gesta chilena. También se elevaron los sueños de campeón.  

Admito cierto asombro por la cohesión en la cancha tras el Caso Vidal. Si bien algunos jugadores apoyaron genuinamente al compañero caído, hubo otros que miraron con recelo su permanencia en Pinto Durán. Cosa normal en un grupo de trabajo numeroso. Así y todo, Chile fue ante Uruguay una oncena de esfuerzo, de concentración, de solidaridad. Seguramente Vidal perdió respeto dentro del plantel, pero el espíritu colectivo sobre el campo de juego no se rompió. En horabuena.

Medel corretea, Valdivia inventa, Aránguiz equilibra, y Alexis driblea en busca de su mejor gambeta. Mientras la encuentra, la Roja secuestra la pelota al mismo tiempo que se revela como el equipo más goleador de la Copa. El éxito le invitó incluso a un mayor acercamiento con la gente común. Los jugadores se asoman al portón de Macul, firman camisetas, pelotas, y abrazan a algún fan afortunado. Imagen opuesta a las calles enrejadas  al inicio del proceso en Santiago o Requínoa. El hincha lo agradece llenando los estadios, plazas, avenidas. Su desenfreno emocional brota rápido y está bien: es la consecuencia histórica del fútbol.

"En una sociedad donde la educación y el respeto van en franca caída, lo poco que nos va quedando son valores universales, incluso ante un gran logro deportivo"

El deporte rey tiene esa magia de cambiar un estado anímico en cosa de días. Por un rato nos olvidamos de la corrupción, del colapso en el transporte, de la crisis educacional, de las farmacias, del estrés cotidiano. Y quizás por lo mismo el manejo comunicacional de la autoridad ha caído en la tentación inexcusable  de sumarse a la barra olvidando sus deberes.

El Caso Vidal ha tenido un curioso giro. Y no sólo al ir, desde la condena directiva, al abrazo del jugador con el presidente de la ANFP, Sergio Jadue.

Luego del accidente, un ministro de Estado garantizó justicia en pleno Estadio Nacional, más allá de que el involucrado fuese un ídolo popular. Señal esperable, lógica, que nada tiene que ver con ser más hincha o menos hincha de la Roja. La autoridad debe responder primero  a su jerarquía.

El problema vino después, cuando otras autoridades, entre ellas la Presidenta de la República, posaron sonrientes con el imputado Vidal. Fotografía obviamente publicada tras un triunfo de Chile. ¿Qué mensaje de fondo se le da a la población? ¿Da lo mismo cometer un delito si se es famoso? ¿Ya no valen las formas, la prudencia, el protocolo?

Ojalá haya sido un exabrupto y no caigamos en la tentación otra vez. En una sociedad donde la educación y el respeto van en franca caída, lo poco que nos va quedando son valores universales, incluso ante un gran logro deportivo. La justicia, la disciplina, la consecuencia han de estar por encima.

Un carabinero que sí hizo la pega en el Caso Vidal fue simbolizado como la “reserva moral de Chile” por un prestigioso columnista. Sin embargo nadie “de arriba” se toma fotos con él.  Ese funcionario, como la Roja, también merece la ovación de América. 


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