El verso de los refuerzos

El verso de los refuerzos

A fin de año y sin campeonato, el fútbol suele levantar como noticia los traspasos de jugadores. Sucede desde que el balompié se hizo profesional, hace ya varias décadas.

Los medios se permiten licencias impensadas en otros ámbitos. La falta de rigor da pie a una interminable lista de nombres que llegan, se van, o “podrían ser”.  Sólo algunos chequean la fidelidad de las negociaciones, mientras otros tantos, sobre todo en internet, simplemente reproducen información ajena. 

Pero más allá de la veracidad de cada negociación, el hincha suele entrar en el juego con entusiasmo. Es la oportunidad de evadir la realidad y soñar. Soñar con un refuerzo excepcional que tire al equipo para arriba hasta lograr la meta de la temporada, sea título, copa internacional, o salvación del descenso.

En ese vuelo surgen nombres como el de Radamel Falcao, ligado a Colo Colo durante el Día de los Inocentes. Era broma ciertamente, pero ahí estuvo, metido también en el baile.

El presente terrenal, sin embargo, nos sugiere más mesura. A la espera de los balances 2015, recordemos  los estados financieros de los clubes un año atrás. Mientras la ANFP terminaba el período 2013-2014 con ganancias millonarias, los clubes arrojaban pérdidas por casi US$ 37 millones. Sólo seis salvaron números azules.

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En ese contexto, parece irresponsable ir por jugadores de alta categoría y precios onerosos. El 2016, por si fuera poco, promete ser un año de contracción económica. La inversión será limitada a todo nivel, afectando a las sociedades anónimas deportivas igual que al resto del país. 

Por otro lado hay que ser sincero: los jugadores sudamericanos emergentes no ven en Chile un mercado atractivo. Sus objetivos enfocan antes a Europa, México o a los petrodólares del Medio Oriente. De lo contrario, a Brasil o Argentina. Si declaran otra cosa es verso.

Más a la mano parece convencer a buenos futbolistas que pasaron los 30 años y juegan lejos del continente. Aquellos que soportaron culturas y tradiciones extrañas, pero ya ahorraron lo suficiente dinero para regresar a casa. Es cosa de ver las grandes contrataciones del pasado torneo: Humberto Suazo, con 35 años, y David Pizarro, con 36. Ambos además, con evidentes mermas físicas que no pudieron superar mientras duró el Clausura.

A veces se acierta. Por ejemplo con  Justo Villar, la principal figura del último torneo con 38 años a cuestas. Coincidentemente también destacaron en el Colo Colo campeón Jaime Valdés y Esteban Paredes, dos más que pasaron los 30 hace un tiempo.

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Suazo

La alternativa: apelar a jugadores que no se adaptaron al fútbol extranjero, u otros que destaquen en el discreto medio chileno. Lo hizo el Cacique con los acereros Andrés Vilches y Martín Rodríguez, la U con Leandro Benegas y la UC con Germán Lanaro.  Igualmente valen los foráneos de bajo costo, preferentemente venidos del ascenso rioplatense y mercados inferiores. Pienso en Marcos Riquelme, sus compañeros palestinistas Agustín Farías y Pablo  Guede, Carlos Salom, Rómulo Otero, Canchita González…

El resto es encomendarse a los valores criollos de proyección. Como los audinos Mora, Valdés y Cornejo; ni hablar del cruzado Jeisson Vargas. Incluso en la B hay valores dignos de seguir. El tema es no mentirse: los grandes nombres internacionales dejaron de mirar a Chile hace rato. Salvo una improbable locura directiva, no llegará ninguno al próximo Clausura. El desafío es pegarle el palo al gato con buen ojo, ingenio, y sobre todo pocas lucas. 


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