Crédito: Agencia Uno
Estoy con Sierra

Estoy con Sierra

No soy su devoto, e incluso  a veces siento que se dirige a los periodistas  con un sarcasmo que roza la arrogancia. Tampoco me gusta su autocensura cuando dice que no comenta el rendimiento individual de sus jugadores. Se supone que a los técnicos les gusta hablar de fútbol (es lo que siempre predican), y lo que juegan sus dirigidos es precisamente fútbol. 

Sin embargo, el trabajo en la cancha de José Luis Sierra merece mi respeto. Como jugador y entrenador campeón en Unión Española, como conductor en la selección chilena (memorables jornadas en Wembley y Saint Etienne el '98), y también en Colo Colo, donde fue campeón en un "Cacique" altamente respetado en Chile y el continente. Súmele eliminatorias y tres Copas América.

"Si Jaime Valdés o Esteban Paredes estuviesen en su plenitud física, difícilmente habrían regresado del exterior"

Toda esa experiencia anterior, además de su paso por las ligas española, mexicana y brasileña, van diseñando al director técnico que Sierra es hoy. Con distintas lecciones, con diferentes legados. 

Al respecto, no concibo la factura que aún se le pasa por haber alineado con suplentes en la fecha 9 frente a San Marcos de Arica. A simple vista asoman dos razones suficientemente poderosas: 

  • a) El calendario de Colo Colo era asfixiante: cuatro partidos en once días, y ante rivales de alta exigencia, como Atlético Mineiro en dos ocasiones y la Universidad Católica. 
  • b) Un equipo de alto promedio de edad, en que seis de sus habituales titulares superan los 30 años. O sea, más de la mitad del equipo. Y con frecuentes lesionados en el último tiempo, particularmente  sus máximos referentes Jaime Valdés y Esteban Paredes. 

La memoria es frágil, pero a los mismos colocolinos les penó en el alma jugar "con todo" el campeonato local y la Copa Sudamericana el año 2006. Tras empatar la final de ida con Pachuca en México, la llave estaba lista para celebrar el título en Santiago. Sin embargo, envuelto en la misma euforia actual de su entorno, Claudio Borghi decidió tres días antes de la definición  jugar con titulares ante Cobreloa. El partido fue friccionado, desgastante, y la recuperación no alcanzó para seguirle el ritmo a los mexicanos en la revancha. El "Cacique" perdió 1 a 2, y sus jugadores lloraron desconsolados por largo rato en la cancha del Estadio Nacional. 

Seguramente Sierra tiene esa imagen más grabada que muchos hinchas y periodistas que le exigen presencia completa a los estelares en cada partido de Colo Colo, así sea a beneficio. Y la realidad es dolorosa, pero hay que enfrentarla: si Jaime Valdés o Esteban Paredes estuviesen en su plenitud física, difícilmente habrían regresado del exterior

"Hay un Colo Colo con el "Pájaro" (Valdés) y con el goleador (Paredes), y otro mucho más desteñido sin ellos. Y el "Coto" debe lidiar con eso, lo reconozca o no."

El problema es que ambos son fundamentales para que el equipo rinda, prueba evidente es la ausencia de ambos en el opaco empate ante la "U" hace unas semanas. Hay un Colo Colo con el "Pájaro" y con el goleador, y otro mucho más desteñido sin ellos. Y el "Coto" debe lidiar con eso, lo reconozca o no. 

Se le puede discutir a Sierra la confección del plantel, la dependencia de dos jugadores, o el dispositivo defensivo en Brasil; sin embargo seguir con la cantinela de los juveniles en Arica, de la que incluso se han hecho eco anónimamente directivos del club, sólo demuestra ceguera frente al problema de fondo: el limitado nivel de nuestros planteles para competir en el ámbito internacional


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