Crédito: Agencia Uno
La Roja distante

La Roja distante

Un amigo uruguayo afincado en Santiago me decía, con cara de sorprendido, que aún no respiraba aroma a Copa América. Yo intentaba convencerle de que en Chile el entusiasmo es gradual cuando se trata de fútbol, y que el interés masivo llegaría recién con el puntapié inicial.

Pero, en el fondo, este amigo tenía razón. Descontando a Brasil y Argentina, la efervescencia en otros países del continente suele ser mayor ante eventos como este. Lo he visto en Ecuador, Colombia o Perú, desde el aeropuerto hasta el hotel. Una vez  abajo del avión se suceden promociones coperas, publicidad estática en la ruta, radios deportivas en el taxi, programas de TV con eventos en vivo, gente con la camiseta de su selección por las calles, etc.

Sin embargo, aquí somos distintos. Por cultura, por defecto. Incluso cuando inauguramos un estadio nuevo, como el Sausalito, el titular periodístico (y que me disculpen los simios) son los monos que cuelan bengalas a la galería o invaden la cancha.

La Selección tampoco hace mucho por encender el clima futbolero. Las restricciones de Requínoa se replicaron en Macul con calles cortadas, y vecinos pataleando al municipio por acceder a la feria del barrio.

El absurdo, del cuál las autoridades son cómplices, debutó con un hincha ensangentado tras lidiar con la policía. ¿Es ese el espíritu que queremos impregnarle a la Copa América?

En un medio como el nuestro, para encender la fiesta, no basta con el empeño de los medios o las marcas. Primero se necesita una Selección cercana, amable. Esa misma que transmite empatía en los spots alusivos, pero que en la vida real no se ve. Durante su preparación, jugadores y técnico prefieren esconderse.

Es tan distinto en las tandas comerciales: Valdivia baila con la gente del supermercado; Alexis, Medel, y Vidal se lucen en la selección de todos los tiempos; Beausejour convoca al mall, y hasta el bueno de Bravo invita a elegir un buen televisor para ver los partidos. Tema aparte la megaproducción de Pinilla en el Mineirao para una empresa de comunicaciones, y el “papá bonachón” Sampaoli convocando a su banco. El admirador de Bielsa haciendo lo que su mentor jamás habría hecho.

Ahora bien, todos son libres de sacar provecho a su fama. Y qué bueno que las empresas todavía avisen en el fútbol, se agradece. El tema es cómo conservar esa onda positiva una vez firmado el cheque y apagadas las cámaras. Finalmente, cómo asumir en serio el rol de personajes públicos.

Antes eran visitas solidarias, acciones sociales. Eso no ha pasado de moda, y además hay nuevas plataformas para provocar a una población lenta a la hora de contagiarse con la Copa América. Repeler a los medios va contra el marketing, pero ya nos acostumbramos. El problema hoy es que también se está alejando al hincha, que además se entera en paralelo de lo corrupta que es la dirigencia del fútbol.

No se escondan tanto. Afuera sólo hay un país dormido y que, cuando despierta, no muerde sino que es feliz al lado de su selección. Salvo, claro, que le importunen el sueño. 


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