Crédito: Agencia Uno
Mi experiencia con Bonvallet

Mi experiencia con Bonvallet

Aún no se apagan las voces que lamentan el trágico deceso de Eduardo Bonvallet. Siempre es impactante  cuando muere un famoso; en este caso la resonancia es mayor dada las circunstancias. El suicidio es sinónimo de pena profunda , de desesperación, indeseable para cualquier ser humano.

Las imágenes fueron contrastantes. Bonvallet vivía solo, estaba aislado. En su despedida final, sin embargo,  llegaron cientos de amigos y seguidores. Familiares, bonvadictos,colegas y ex futbolistas. Lamentablemente  no alcanzaron a persuadirle de vivir.

Era evidente que el ánimo de Bonvallet venía mal. En un capítulo de Vértigo, en mayo pasado, encaró en duros términos al diputado Giorgio Jackson. Su bravura, cara a cara, fue inusual en su historial televisivo. También le incomodó la rutina de Daniel Alcaíno como Yerko Puchento. Su mirada, su semblante de entonces, indicaban que no estaba a gusto.

El 2002 trabajé con él. Fue durante el Mundial de Japón-Corea. Recuerdo que no llegó al debut de la Copa, pero se integró a las transmisiones en días sucesivos. Bonvallet ya era fenómeno radial, y el desafío era trasladar su éxito al 13.

Su rutina me impresionaba: llegaba una hora antes de los partidos, y se ponía a hacer flexiones en la oficina de deportes. De terno y corbata, daba igual. Era un rito freak, pero a él no le importaba lo que opinasen los demás.

Yo era veinteañero aún, y temía que me atacara o me subiera al columpio. Por lo mismo, escogí que nuestra relación fuese estrictamente profesional. Más allá de los partidos, nos guardamos distancia. A la larga me trató con respeto. Sin el micrófono era mucho más ameno y cercano que en su tribuna mediática. Nada que ver con el perrsonaje voraz e irascible de la radio. En la conversación privada, Eduardo Bonvallet era otro.

No nos fue bien en ese Mundial. Pese a contar con el comentarista de moda, perdimos en audiencia con TVN, que tenía un equipo consolidado. Él, lejos de preocuparse, siguió adelante.

Su tono, su énfasis, sus silencios, además de su impiadosa crítica, continuaban de pie. Se le pasó la mano muchas veces, incluso sumó querellas, pero no se detuvo.

En varias ocasiones  estuve en desacuerdo con su trato público a otros protagonistas del deporte. Hasta se burló de mi apariencia, aunque en ese caso me sonaba divertido, me daba risa.

También noté contradicciones en su discurso. Así y todo, el tipo sabía de fútbol y tenía notables momentos de humor. Cuando le sintonizaba, me atraía esa faceta. Es innegable que a pesar de sus excesos, era un muy atractivo comunicador.

Años después, aceptó que el nuevo equipo de deportes del canal (D13) lo acompañara semanalmente en su aventura como entrenador de Temuco. El programa se llamó “Temuco, la última frontera”, y una vez más, en las reuniones previas, demostró que la persona era mucho más afable que el personaje.

Dicen que ahora último estaba cansado, que no podía más con sus problemas personales, y que terminó en la ruina por los costos de sus tratamientos. Ni él ni nadie merece morir así. Que en paz descanse.  


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