Crédito: Agencia Uno
¿Qué esconden tanto?

¿Qué esconden tanto?

El fin de semana volví a escuchar la frase: “no hago análisis individuales de jugadores”, decía el entrenador de O'Higgins tras una célebre victoria en Rancagua. La autocensura, nada nueva, ya había sido planteada en idénticos términos por  José Luis Sierra Sierra, Mario Salas, y otros técnicos. Llamativo, sobre todo porque ellos mismos se quejan que en Chile no se habla de fútbol.

El tema no es nuevo. En los 90 ´la selección chilena de Arturo Salah marcó la primera gran distancia con los medios, y  por añadidura con la audiencia. Una reja simbólica alejó a los reporteros de los jugadores en Juan Pinto Durán. Entonces comenzaban a restringirse las entrevistas, y con ellas la promoción del espectáculo, en beneficio de las conferencias colectivas de unos pocos personajes. La medida contagió a otros con rapidez.

Años después vino la censura en los estadios: restricción televisiva y radial para estar en la cancha durante los partidos del fútbol chileno. En los clubes,  los entrenamientos privados se multiplicaron, así como empezaron a florecer los llamados “días de atención” para las notas periodísticas. En una actividad que necesita público – dicen echarlo de menos-, y en un país que comenzó a admirar las ligas extranjeras, la promoción del “producto” retrocedió en vez de avanzar. 

Se redactaron reglamentos internos en los clubes con prohibición de abrir la boca. Creyeron que el hincha importante era el ocioso que llegaba a hacer el aguante al complejo deportivo en la semana, sin reparar que el aficionado genuino perdía interés en el fútbol nacional de manera vertiginosa. Hoy el  Barcelona es más popular que la mayoría de nuestros clubes.

Mientras en Bélgica la selección mundialista del 2014 entrenaba con 10 mil personas alrededor, en Chile le doblábamos las trabas a la gente común  para entrar al estadio –en algunos casos sufren  un verdadero ultraje en los accesos-. Le dificultamos la compra de entradas, le fomentamos la lata, la lejanía, en vez de pintarle en colores un circo que es parte, se supone, de la industria de la entretención.

Si es por copiar estrategias comunicacionales extranjeras, háganlo con inteligencia, seducción, sin olvidar que el hincha consumidor también es un pilar del sistema. Si es por unir al plantel, un buen líder y la voluntad propia de ellos debiesen ser suficiente sostén de la cohesión. Los mejores no se consagran porque midan sus palabras o porque se escondan del mundo. Imitemos su entrega, su espíritu de superación, su compromiso con el trabajo. ¿O acaso nuestros futbolistas no están preparados? ¿Es eso lo que tanto ocultan? ¿O son las peleas, los vicios, los malos manejos, los conflictos? ¿Y los técnicos? ¿Por qué temen a hablar de fútbol con más soltura y frecuencia ante las masas?

Las sociedades anónimas cerraron el círculo contratando jefes de prensa cuyo deber es acallar, filtrar información, manipular. Seamos justos: también hay colegas empeñados en facilitar las comunicaciones externas, aunque con medida, cautela, sumo cuidado.

Hace un par de décadas, hasta los Consejos de Presidentes eran abiertos. Hoy resulta impensado. Lamentablemente en el fútbol chileno impera, y crece,  la lógica del secretismo. ¿Qué esconden tanto? 


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