Crédito: Agencia Uno
Reencantando a la pareja

Reencantando a la pareja

Debatir sobre la asistencia a los estadios se puso de moda. Que las barras bravas, que el calor, que las vacaciones, que los partidos malos... Es cierto, el fútbol los sufre, pero también hay factores externos que parecen no entenderse o no se quieren combatir. 

Los elementos de discusión no son nuevos. Febrero por ejemplo, es históricamente el mes de mayor merma no sólo en las tribunas, sino que también en los ratings televisivos. Así como las tribunas se vacían, la audiencia del programa de goles estrenado hace unas semanas no supera los 2 puntos de promedio. 

"Más desorienta que las fechas empiecen un miércoles y terminan al lunes siguiente. Mientras más dispersas, más cuesta hilarlas"

El calor dejó de ser un tema desde que los actores acordaron jugar desde las 17 horas en adelante. Más desorienta que las fechas empiecen un miércoles y terminan al lunes siguiente. Mientras más dispersas, más cuesta hilarlas. Y al hincha que quiere entretenerse – el fútbol pertenece a la industria de la entretención – hay que ofrecerle un producto fácilmente digerible.

Las barras bravas no alcanzan a estropear todo el sistema. Existen desde los años '80, y aunque ahora sean más violentas, en la mayoría de los partidos el clima es de rivalidad deportiva. ¿Cuántos episodios delictivos nos han dado Unión Española, O’Higgins, Antofagasta, Magallanes, o la Universidad de Concepción?    

Si bien es mediocre, el nivel del fútbol chileno no es mucho más malo que en su promedio histórico. O sea,  recién ganamos un título continental después de 100 años. La diferencia, en un mundo globalizado, es que ahora podemos comparar diariamente el espectáculo con las ligas europeas, posibilidad inexistente hace unas décadas. Y en esa confrontación obviamente perdemos.  

Ahí está precisamente la punta del iceberg: en una oferta de entretención que se multiplicó en los últimos años, y que compite con un fútbol depreciado desde el discurso de sus propios protagonistas.

"Si bien es mediocre, el nivel del fútbol chileno no es mucho más malo que en su promedio histórico. O sea, recién ganamos un título continental después de 100 años"

El mall vende panoramas familiares (y se llena los fines de semana); el cable ofrece, sábado y domingo, decenas de partidos internacionales sin moverse de la cama; Netflix sirve cientas de películas a libre elección; las nuevas plataformas agregan infinitas alternativas de diversión: ferias, conciertos, panoramas o simplemente ligue. 

En paralelo los futbolistas y técnicos se autocensuran, no hablan, esconden sus entrenamientos, y las imágenes de los partidos se restringen al arbitrio del CDF. Desde la era Mayne Nicholls, las radioemisoras tampoco pueden ambientar sus transmisiones desde el pasto. Los clubes, por su lado,  dificultaron (y encarecieron) la compra de boletos en ticketeras, y no ofrecieron nada a cambio. El "gancho" para el público no existe. 

Lamentablemente los esfuerzos por sumar abonados, han sido inversamente proporcionales a las nulas o mal encauzadas estrategias de marketing, al paso que sus competidores en la industria de la entretención se volvieron cada vez más feroces.   

El ultraje descriteriado en las boleterías termina por hastiar incluso a los que trabajamos en los estadios. Que el carné, que la botella (esencial para los que relatamos), que el bolso…Ni hablar de aquellos a los que requisan mamaderas y bloqueadores solares

"La Roja", los partidos coperos, y unas cuantas excepciones locales indican que el hincha no ha muerto; simplemente, y como sucede con las parejas, hay que reencantarlo. Pero en serio. 


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