Crédito: A. Uno
Caperucita Roja
Opinión

Caperucita Roja

Entre 1985 y 1989 me gané el apodo de Caperucita Roja porque pasaba en El Bosque. En la Iglesia El Bosque, a 2 cuadras exactas de mi casa en la Plaza Las Lilas.

En estos días me entero que este año se estrena la película El Bosque de Karadima y otra vez vienen los recuerdos y la repetida sensación de alivio desde el testimonio de James Hamilton a principios del 2011. Este me permitió por fin entender por qué las mujeres de la Acción Católica del Bosque éramos irrelevantes para Karadima. 

El 14 de Agosto de 1985 fue mi primera vez en esas charlas de los miércoles, motivada absolutamente por la presencia de un joven que participaba en ellas. A eso le siguió la participación progresiva en dichas charlas, la misa diaria de las 20 horas, el rosario de las 19:40, la colecta dominical y la limpieza de los copones, cáliz y candelabros los viernes en la tarde, acompañada por mi persistente búsqueda de atención del joven aquel.

En el período más intenso de participación debo haber pasado unas 11 horas semanales en El Bosque si es que además no me anotaba para la colecta de alguna misa temprano de domingo. En perspectiva obviamente uno dice “cómo”, pero ahí estaba como varios otros y otras que sentíamos estar trabajando por la santidad.

Sí, la arenga permanente de Karadima era esa: llamados a ser santos. Todos los que participamos de sus sermones podemos decir que eso lo escuchamos muchas veces. 

"Simplemente intento un relato de esos años de Acción Católica fiel a lo que vivía, lo que veía, lo que no veía y lo que sentía."

Anticipo que si bien perseveré en la búsqueda de atención del joven mencionado, no fui correspondida, por ende nunca fui parte del círculo de mujeres cercanas a Karadima ni pareja de nadie de la Acción Católica del Bosque.

Lo anterior me instala en el lugar de la observadora participante, con los afectos que significan las amistades de la adolescencia y juventud, pero que no lleva ese componente emotivo, transgresor y horroroso que está en los relatos de Hamilton, Cruz y Murillo. Simplemente intento un relato de esos años de Acción Católica fiel a lo que vivía, lo que veía, lo que no veía y lo que sentía. 

La sacristía y “los elegidos”

Diariamente, a eso de las 19:55 hrs, los hombres de la Acción Católica estaban firmes a la espera de ser elegidos para asistir a Karadima en la misa como acólitos. Dos serían los elegidos. Era algo extraño y conmovedor entrar a la iglesia por la puerta de la sacristía, y ver a varios amigos serios y tensos ante ese acto de elección del líder.

"Diariamente, a eso de las 19:55 hrs, los hombres de la Acción Católica estaban firmes a la espera de ser elegidos para asistir a Karadima en la misa como acólitos."

Extraño porque eran tipos a mi juicio inteligentes y se veían ahí sumisos, oscuros y sometidos. Y conmovedor cuando a veces una y otra vez los cercanos a uno no eran los elegidos y en las conversaciones sensatas de amigos reconocían la frustración por la marginación. Años después y luego de los testimonios relatados he podido entender lo simbólico que era ese acto. 

Acceso denegado

A la salida de misa de las 20 horas yo y otras esperábamos con cierta ansiedad el momento de encuentro y conversación con los muchachos. La conversación y el coqueteo duraba hasta la hora en que “se entraban” y partían al comedor con el cura. Sólo hombres.

Esa puerta de vidrio con marcos blancos separaba el lugar común y mixto del espacio donde sólo accedían los hombres. ¿Qué pensábamos quienes nos quedábamos al otro lado? Ganas de poder participar alguna vez, pero entendiendo que era un sector donde residían los sacerdotes, varios de ellos ancianos y enfermos, por ende el acceso estaba prohibido para quienes no fueran sacerdotes, seminaristas u hombres cercanos a Karadima. Con el tiempo y con la experiencia de otras comunidades he podido resignificar lo patético de todo aquello. 

En El Bosque hice amigos

Amigos de esos con que se iba y bailaba en las fiestas de la época o se pasaban horas en lo que serían las juntas de hoy. En las infinitas conversaciones que tuvimos tanto individuales como en grupos nunca alguno de ellos habló sobre lo que ocurría, salvo para hacer alguna referencia a que “el padre” tenía preferencia por algunos y no por otros.

¿Y en qué influía? A nivel de declaraciones, en la distribución del poder en la Acción Católica: el presidente de ésta era prácticamente investido por Karadima y ostentaba cierta “altura espiritual” que lo ubicaba en un lugar aspiracional y protagónico en su más amplio sentido. Ni imaginaba uno lo que ocurría puertas adentro. En mi época lo fueron Gonzalo Tocornal y luego Jimmy Hamilton.

Pinochet y la señora Lucía

Con mi escasa conciencia cívica y política de mi edad y del entorno en que vivía, igual no me terminaba de calzar esto que un presidente no elegido participara como gran autoridad en la misa.

Pinochet fue muchas veces al Bosque. Y el trato definitivamente era servil de parte de Karadima. Tampoco me hacía sentido que las cartas o declaraciones de los obispos en esos años de intenso trabajo por recuperar la democracia, no fuesen leídas en la misa dominical. Algo hacía ruido ahí. Con el tiempo las piezas calzan perfecto.

"Pinochet fue muchas veces al Bosque. Y el trato definitivamente era servil de parte de Karadima."

Al Seminario

Si hay algo que siempre me llamó la atención era que Karadima definía quién iba al Seminario y quién no. Lo que uno siempre entendió como un tema de “vocación”, en ese entorno el tener o no tener vocación estaba mediado por el don de “Consejo” del cura.

En la zona intermedia entre entrar o no al Seminario, qué carrera estudiar y qué hacer, estaba la relación con el sexo opuesto. No sé qué se conversaba en el comedor o en la “dirección espiritual” que ejercía Karadima, pero sí está claro que la relación hombre-mujer, a la luz de mi capacidad de observación de la época, era poco fluída, poco libre y con la venia o la prohibición del cura de por medio.

En perspectiva esto no era sino más de lo mismo que los denunciantes han declarado: abuso, control de conciencia y voluntad… apropiarse de la vida de ellos y de pasada interferir la de nosotros las mujeres. Era lamentable y fue lamentable.

Fui testigo del dolor de un amor que no pudo vivirse por prohibición de Karadima. Seguramente mi amigo hoy habría dicho algo similar a lo que ha dicho Juan Carlos Cruz, “la mayor vergüenza que me da y que siento hasta el día de hoy es por qué dejé que ese cura me dominara la vida, cuando yo me considero una persona inteligente. He tenido educación, una buena familia"…  

Yo digo lo mismo

Creí como muchos en la cercanía y adhesión de Karadima con el Padre Hurtado, con la Virgen, con el Rosario, con la Misa, los jóvenes y su llamado a la Santidad. También me considero una persona normal, inteligente, he tenido educación, una buena familia y amigos.

Y pasé 4 años de mi vida como Caperucita Roja en El Bosque. Sin privilegios, sin participación alguna en el círculo cercano del comedor, la pieza, los viajes o las confesiones de Karadima. Por el contrario, lamentando no tener algún trato deferente del cura.

Y vi de cerca a todos esos nombres que circulan en los testimonios y que varios de ellos hoy tienen altos cargos en la Iglesia y que no se entiende, así como aquellos que son tremendos curas hoy en día y se desmarcaron tempranamente de la Unión Sacerdotal.

Como muchos de los que participamos en El Bosque, también experimenté el quiebre radical con ésta. ¿Cuándo? En mi caso cuando me moví unas pocas cuadras hacia el sur y me encontré con un grupo de Acción Católica mixto y no segregado, con guitarras y voces y no el órgano de sonido medieval del Bosque tocando solo, con gente joven de jeans y poleras y no vestidos de funeral, con curas hombres que hablaban como tales antes que como curas y no se investían de un halo de falsa santidad.

"Creo que al bautizarme de Caperucita Roja, mis padres sin querer me transmitieron un mensaje implícito: ten cuidado con el lobo."

Cuando me encontré con la vida en lugar de la culpa o la muerte. Cuando me encontré con la inconsistencia del Bosque respecto del legado del Padre Hurtado porque nunca vi a alguien hacer una obra social. Cuando me encontré con que daba lo mismo si había o no una gran Iglesia y un gran altar para hacer una misa: la misa de verdad se celebraba entre todos.

Ser mujer en El Bosque fue una experiencia de género más que individual: creo que a varias nos pasaba más o menos lo mismo y a partir del testimonio de Jimmy Hamilton el 2011 hemos podido entender qué era lo que ocurría y, en mi caso, “cerrar la Gestalt”. Creo que al bautizarme de Caperucita Roja, mis padres sin querer me transmitieron un mensaje implícito: ten cuidado con el lobo.  


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