Crédito: Agencia Uno
Ser un romántico viajero
Opinión

Ser un romántico viajero

Después del triunfo de la U el sábado y de una serie de sucesos ocurridos estos días, mi índice de confianza empírico se ha ido desmarcando de la tendencia que arroja la última medición de éste realizada por Adimark.

Sino fuera por la intensidad de lo vivido esta semana -que me obligó a reflexionar sobre mi propia responsabilidad en los hechos-, no habría reparado en cómo muchas veces soy yo misma la que prematuramente impregno de desconfianza, incredulidad y algo así como pre-frustración ciertas situaciones, lo que obviamente es un punto de partida difícil de administrar para quien está al otro lado haciendo su trabajo.

Y les doy cinco ejemplos que me hicieron volver a confiar:

Confianza 1

Contrariando al entorno directo que no recomendaba que yo y mi mini chuncho de 11 años fuéramos al estadio, partimos. La política de Estadio Seguro, en nuestro caso, funcionó sin problema. Es verdad, no somos de Los de Abajo ni estuvimos muy cerca de las barras, pero éramos 48.000 personas en el Nacional y un contexto que llamaba a la desconfianza.

"Si no fuera por la intensidad de lo vivido esta semana no habría reparado en cómo muchas veces soy yo misma la que prematuramente impregno de desconfianza y algo así como pre-frustración ciertas situaciones."

Se vivió un partido altamente tenso hasta los últimos minutos  y antes, durante y después de éste no hubo sensación de inseguridad. Y eso que yo andaba vestida de blanco y negro. Sin duda, volvería a ir de todas maneras.

Confianza 2

Este martes 8 partía un viaje familiar soñado y planificado hace mucho tiempo y perdí la cédula de identidad de mi hijo en el estadio. Razones hay miles, pero en la última línea es responsabilidad de quien escribe. Me voy a saltar el shock y el stress de las horas posteriores. No se lo deseo a nadie.

Ante mi incredulidad frente al servicio de agendamiento de hora para sacar cédula en la página web del Registro Civil, tengo que decir que funcionó según se comunica. Y no sólo eso, se respetó la hora y el trámite duró exactamente 7 minutos. A lo anterior agrego que el día y hora comprometidos para la entrega también se cumplió: con e-mail y llamado telefónico de aviso incluido.

Confianza 3

Lo anterior implicaba otra misión difícil: la reprogramación del vuelo para cuando tuviera la cédula. Mi aproximación a la oficina y señorita de la línea aérea era de absoluta desconfianza y casi resignación respecto a tener alguna posibilidad de reprogramar el vuelo para la nueva fecha y sin que ello implicara pagar un adicional (más bien ADICIONAL) o nuevos pasajes.

Las declaraciones de afiche que hablan de calidad de servicio y de orientación al cliente esta vez funcionaron para nosotros. No obstante, nuestros pasajes eran de cero flexibilidad por haberlos comprado en promoción.

Me explicaron gentilmente por qué en este caso sí se podía reprogramar sin costo y podían ubicarme en el mismo vuelo del día solicitado. Fue tanta mi impresión y felicidad que me puse de pie y le di un abrazo a la señorita Fernanda.

Confianza 4

Solicitamos un “móvil” para ir al Aeropuerto con muchísima anticipación, para tener esa seguridad que uno necesita cuando se viaja al alba.

"Fue tanta mi impresión y felicidad que me puse de pie y le di un abrazo a la señorita Fernanda."

Al igual que muchos usuarios habituales de radiotaxi, hay un aprendizaje frente a frases del tipo “el móvil está en su puerta” y uno se asoma y no hay móvil alguno esperándolo. A las 6:35, llamé molesta preguntando por el móvil y tal cual, me informan que “está esperándola”. Le discuto porque no está, hasta que notamos que yo había dado mal la numeración. Nada que decir, sólo disculparme.

Confianza 5

En el intertanto la estacionalidad navideña está en pleno. Y había que aprovechar de comprar algunas cosas propias de ésta y otras para el viaje, donde una cadena de locales de lindas cosas e ideas para la casa podía ser una buena opción.

Asumo que de sólo pensar la visita a la tienda la imagen que aparecía era la de desorden, la de cero posibilidad de contar con alguien a quien preguntarle o si hay alguien con la respuesta “es que estoy por Navidad, no sé, espéreme que voy a preguntar”. Sin olvidar la imagen de esa típica situación de llegar a la caja y que algo no tiene precio y lo único que genera es ganas de dejar el carro y partir.

Nuevamente, la experiencia no me dio la razón despertando mi asombro y obviamente mi recomendación. No sólo no había desorden y los chiquillos de soporte navideño sí sabían responder mis preguntas, sino que no tuve problemas en la caja y me envolvieron los regalos con dedicación y gentileza.

Mi sensación final es lo más parecida a que aquí sucedió algo extraordinario. Y mi deseo es que no lo sea.

Que más bien sean puntos que están construyendo una curva de redirección hacia un estándar de servicio aceptable y hacia el cumplimiento de declaraciones de intenciones que son realidad y que redundan en consumidores, usuarios y opinión pública que retoma las confianzas y un punto de partida más favorable para las relaciones. Esta semana fui afortunada y escribo desde el privilegio del disfrute en familia en Brasil. 


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