Crédito: A. Uno
Café, café
Opinión

Café, café

Santiago es una ciudad en constante cambio. Cada día se pone más interesante, nos muestra nuevas facetas, se descubren nuevas esquinas y rincones, nos deleita con actividades culturales, deportivas y sociales. Pero, y lo que es más fascinante aún, es que cada día da pasos agigantados en su oferta de delicias para devorar, brebajes interesantes, bocadillos internacionales audaces y experimentos culinarios que, hasta hace poco creíamos, había que viajar al viejo continente para degustar.

Así, paulatinamente, entre desayunos, brunches y comidas, la vida urbana santiaguina se vuelve interesante y a veces imperdible. Tanto así que estamos siempre pendientes, nariz en alto para olisquear esos cambios que, habiendo pasado su etapa de “moda”, se empiezan a asentar en la fase “costumbre”.

"Ya podemos empezar a creer que el café está dejando su fase de moda y entrando a paso firme en la costumbre. ¡Qué tranquilidad!"

Este es exactamente el caso del café, brebaje que, gracias a las divinidades del cielo, no solamente ha sido un símbolo de este cambio urbano, sino que ya podemos empezar a creer que está dejando su primera fase y entrando a paso firme en la segunda. ¡Qué tranquilidad!

Y es que durante mucho tiempo, realmente demasiado, los santiaguinos, estuvimos pegados y amarrados a esa sustancia polvorosa que se osa hacer llamar “café” instantáneo. Tanto fue así que hasta en la Lonely Planet de Chile (guía para viajeros con mochila), destacan el incomprensible amor nacional por este brebaje, y recomiendan paciencia ante esta incomprensible adicción local…

Pero volvamos a la alegría del cambio, porque en Chile no solo estamos recibiendo excelentes granos de diversos países productores, sino que también ya tenemos quienes lo tuestan localmente y, por sobre todo, quienes saben tratarlo. Sí señor, ya podemos decir que tenemos una camada de muy buenos baristas dando vueltas por ahí.

En países cafeteros, el barista es algo así como un ídolo juvenil. Es un verdadero bakán que hace su arte y deleita a quienes prueban sus resultados. Porque la verdad sea dicha que hacer un buen café requiere tanto de conocimiento como de oficio. No basta con tener la mejor máquina, y el grano recién molido. Este debe estar de un grosor determinado por la temperatura ambiente y alcanzar una temperatura máxima que no lo queme ni lo deje tibio.

"La próxima vez que vaya por su café, pídase uno bueno, converse con el barista, no deje que le quemen la lengua y disfrute de lo que los árabes bien llamaron el vino del grano."

Lo mismo con la leche. Un buen barista sabe que al aplicarle vapor debe conseguir entibiarla e insertarle microburbujas que transformen el líquido en óleo, sin quemarla tampoco. ¿Ve usted cómo sí es un arte? Después ya viene el envasado y la clásica figurilla de arte latte para servir un producto que no solo se ve bien sino que sabe perfecto y jamás quema la lengua. ¡Arte!

Así es que la próxima vez que vaya por su café, pídase uno bueno, converse con el barista, no deje que le quemen la lengua y disfrute de lo que los árabes bien llamaron el vino del grano.

Y si está en su casa y se quedó con las ganas, le dejo esta receta para hacer un café frappé en casa, y jugar a ser barista.

Café frappé hecho en casa

Del libro Comer Rico. Del Blog a la Mesa. Receta Para 4 personas

Ingredientes:

  • 20 cubos de café congelados
  • 2 tazas de leche
  • Azúcar o endulzante
  • Helado de vainilla

* Mis cubos de hielo son de 20 ml cada uno, o sea que por persona se utilizan 100 ml de café. Un poco menos de media taza.

Preparación:

Poner en la juguera o licuadora los cubos de café junto con la leche. Batir hasta que queden los hielos molidos. Agregar azúcar o endulzante a gusto (no mucho, porque en general el helado de vainilla es bastante dulce en Chile). Opcionalmente, se puedn agregar unas gotitas de esencia de vainilla.

Servir de inmediato, antes de que se derrita, y agregar cucharadas generosas de helado de vainilla encima.


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