Crédito: A. Uno
Somos millonarios
Opinión

Somos millonarios

Una tía mía alguna vez escribió, en una de esas interminables cadenas familiares, una frase para el bronce. “Somos millonarios”, decía, y no refiriéndose a fortunas materiales o autos lujosísimos.

Hablaba de la riqueza de una familia unida, y otros detalles con que no los voy a latear, pero básicamente trataba de abrirnos los ojos a las cosas que realmente importan y que, en el largo plazo, también se transforman en riqueza material.

Cuando pienso en Chile, se me viene la misma frase a la cabeza. Somos millonarios. No en oro, ni en petróleo que son los productos de moda de los últimos siglos, pero sí en comida y agua que van a ser, créame, la riqueza del futuro.

"Somos ricos en frutas y verduras. Somos ricos en carnes criadas y de caza. Somos ricos en mariscos, moluscos, pescados y algas. Somos ricos en glaciares, ríos, montañas nevadas y lagos."

Somos ricos en frutas y verduras. Somos ricos en carnes criadas y de caza. Somos ricos en mariscos, moluscos, pescados y algas. Somos ricos en glaciares, ríos, montañas nevadas y lagos.

Somos millonarios, pero a veces pareciera que no nos hemos dado cuenta y, de paso, el mundo tampoco. Podríamos ser reconocidos como la comida vietnamita por lo frescas de nuestras preparaciones, o como la comida china por lo variada de región en región, o quizá como la peruana por su capacidad de unir mundos y generar nuevos y exquisitos platos.

Una pena señores, pero todavía estamos lejos de eso. Caminas por la calle y lo que más se ofrece para comer son papas fritas, completos, sopaipillas y, la nueva innovación culinario-callejera: el sopaipleto (un completo en masa de sopaipilla). 

Preguntas a un mochilero extranjero que nos visita ¿cómo es la gastronomía chilena? Y básicamente te va a hablar de empanadas, chorrillanas y más completos.

Te paseas por una caleta sureña, por allá por la décima región y te puede suceder que no haya pescados ni mariscos para comprar. Que en el principal restaurant del lugar te ofrezcan salmón, congelado de Chiloé, y caldillo de mariscos, también congelados. Y que en los puestos frente a la caleta vacía, vendan salchipapas, milcaos fritos y, por supuesto, sopaipillas y completos.

Todo esto cuando Chile tiene tanto, pero tanto que ofrecer. La bendita corriente de Humboldt que hace que el mar que tranquilo nos baña sea tan helado, trae el mejor alimento para nuestros peces y mariscos.

"Tampoco es cosa de deprimirse, porque tan tan perdidos no estamos. Ya empiezan a aparecer las primeras organizaciones que buscan reivindicar la comida chilena, nuestras preparaciones tradicionales y las que hemos ido adoptando con el tiempo."

El clima de la zona central es ideal para todo tipo de frutas y verduras, y para producir vinos que, esos ya sí, compiten a nivel internacional. Pero todavía nos falta un buen trecho, un camino que parte por abrir los ojos, mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de que somos millonarios.

Tampoco es cosa de deprimirse, porque tan tan perdidos no estamos. Ya empiezan a aparecer las primeras organizaciones que buscan reivindicar la comida chilena, nuestras preparaciones tradicionales y las que hemos ido adoptando con el tiempo.

Cada vez se ven más cocineros y chefs que cocinan, orgullosamente, platos locales exquisitos, y cada vez más restaurants ajustan sus cartas para presentar más y mejores platos nacionales.

Estamos lejos, pero nos estamos moviendo, y por eso no podemos olvidar, y aunque ya parezca majadería, que somos millonarios. 


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