Crédito: A. UNO
Típicamente chileno
Opinión

Típicamente chileno

25 de diciembre. Es temprano y aquí estoy, escribiendo esta columna apurada. La tengo que entregar hoy y, bien a la chilena, no está ni cerca de terminada.

Empiezo a hacer memoria de los temas que me han estado rondando la cabeza por estos días y como siempre en estas fechas uno empieza a mirar el año completo, en esa inevitable evaluación que conlleva diciembre.

Ese proceso que ocurre siempre entre la locura de la pega, los regalos de navidad, los paseos para aprovechar los feriados y las autopromesas con que nos llenamos, anticipadamente, el año que viene. Un fin de año normal, o como dicen los comerciales del vino felino: “típico chileno”.

Y se me viene a la cabeza una frase para el bronce que le escuché a un amigo en un asado. “Lo que pasa es que la comida, en verdad, es como un shot cultural”. Y aunque en esa conversación no estábamos hablando de Chile en particular, me resulta inevitable hacerlo y dibujar mentalmente el shot chileno.

Primero pienso en todas nuestras preparaciones más tradicionales, y para mí como santiaguina, las primeras que se me vienen a la cabeza son las del valle central, de esa cocina más huasa en donde casi todo lleva cebolla, carne, ají de color y comino.

Pienso en la nortina calapurca, y en la sureña cazuela de cordero; me acuerdo de nuestras islas con sus preparaciones enterradas en tierra, en la cocina de las zonas más extremas y finalmente en esos platos extranjeros que hemos importando e internalizado hasta hacerlos tan nuestros que resultan irreconocibles para sus autores originales.

Preparaciones como el sushi, que cualquier japonés que nos mirara comiéndolo pensaría que es un plato chileno entre tanta palta, queso crema y piscinas de soya.

Lo mismo pasa con el küchen, que ningún alemán reconocería como una receta de su tierra. Y mejor no entremos en el tema de las pastas, que descolocarían a cualquier italiano.

Y así, de un zapatazo, caigo en cuenta que no hay nada más típicamente chileno que tomar una receta, y adaptarla hasta que nos dé en el gusto. Esa es la base del shot chilensis: la adaptación y transformación.

No seremos los más dicharacheros del barrio, tampoco los más creativos ni ingeniosos. No somos los más condimentados, muy por el contrario, nos gustan las especies suaves, pero en platos bien grandotes.

Somos solucionadores, ya lo reflejan nuestros “suples” como la clásica servilleta doblada para solucionar la mesa desnivelada de restorán. Nos gustan las mesas ruidosas, llenas de familia, y los postres bien dulces, ojalá con harto manjar, para cerrar un buen patache.

Somos una sociedad, que adapta, corrige, adecúa y soluciona. Que mezcla, revuelve, agrega y elimina, hasta que la receta extranjera adquiere ese saborcillo chileno.

"No hay nada más típicamente chileno que tomar una receta, y adaptarla hasta que nos dé en el gusto. Esa es la base del shot chilensis: la adaptación y transformación."

Cuando llego a esta conclusión, me doy cuenta que la hoja ya se acabó, que ya casi completé los caracteres que necesitaba para esta columna, y que no me queda más que tratar de concluirla de alguna manera.

Así es como no puedo más que volver al principio, a retomar la evaluación del año y darme cuenta de que justamente ha sido la actitud típicamente chilena de nuestro shot cultural la que más ausente ha estado a lo largo de este 2014.

Como país, como sociedad, hemos cocinado poco nuestros temas durante este año, casi como si estuviésemos evitando la cocina. Pareciera que hemos cerrado esa puerta por algunos meses, olvidando que es lo que mejor sabemos hacer, y que hasta ahora siempre habíamos disfrutado pasar tiempo cocinando.

"Somos una sociedad, que adapta, corrige, adecúa y soluciona. Que mezcla, revuelve, agrega y elimina, hasta que la receta extranjera adquiere ese saborcillo chileno."

Tenemos que volver a entrar en el 2015 que se nos avecina. Necesitamos volver a sentarnos en torno a la mesa para adaptar esas recetas que estamos importando en todo orden de cosas, hasta darles ese gustillo nuestro.

Necesitamos reconocernos como esos expertos que somos en el arte de la adaptación, de agregar un poco más de esto, menos de aquello, sumar un par de ingredientes nuevos, y retirar otros. Todo con un solo objetivo: hacer del platillo importado uno nuestro. Una receta que sea típicamente chilena.


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