¿Falla la política comunicacional del gobierno? Responden Max Colodro y Jaime Quintana

El analista político Max Colodro y el presidente del PPD, Jaime Quintana, debaten sobre las recientes polémicas a raíz de las reformas claves del gobierno.

¿Falla la política comunicacional del gobierno? Responden Max Colodro y Jaime Quintana

 


MAS ALLÁ DE LO COMUNICACIONAL.


POR MAX COLODRO, Sociólogo, doctor en Filosofía y analista político.

 

En la superficie, el gobierno va perdiendo la batalla de las comunicaciones. Según las últimas encuestas, la proporción de gente que rechaza el proyecto de reforma tributaria es bastante mayor al que lo aprueba; y en materia de cambios educacionales, la creciente incertidumbre de padres, apoderados y sostenedores, se ha convertido en una variable central en el debate público. En rigor, la sensación térmica se mueve en dirección contraria a los intereses del oficialismo, mientras ‘la calle’ comienza a hacer sentir su impaciencia respecto a los tiempos y al destino de las reformas.

Con todo, en la profundidad de las aguas, el problema del Ejecutivo no es puramente comunicacional; las debilidades que se están haciendo visibles son más bien políticas y convergen sobre un nudo gordiano que no se ha podido despejar. Los objetivos de las transformaciones planteadas nunca han salido de las definiciones genéricas, recubiertas además con un manto simplificado de ideología, que hace difícil su traspaso a criterios técnicos políticamente viables. El oficialismo se mantuvo por demasiado tiempo en el campo de las ambigüedades, tratando de encontrar fórmulas de consenso mínimo que hoy no existen en la coalición gobernante, mientras los plazos se hacían cada vez más perentorios.

El programa de gobierno se encuentra así ante una encrucijada vital: debe conjugar visiones e intereses diversos, hacerse cargo de los efectos y eventuales costos que sus reformas tendrán en importantes sectores sociales, tratando de no ahondar más el deterioro de expectativas que la desaceleración económica está imponiendo. La cuadratura de círculo se ve difícil; los cambios impulsados han tenido que irse corrigiendo sobre la marcha, dejando en evidencia un diseño de los mismos poco prolijo. Para colmo, el margen de acción de la autoridad es escaso, dado el énfasis puesto en sus consignas ambiciosas.

En definitiva, la política comunicacional del gobierno tambalea, y ello no parece ser más que la dura constatación de fundamentos políticos relativamente febles. Al parecer, la concreción de los cambios está condenada a seguir ahondando los disensos en la coalición oficialista; fisuras que hoy recorren a esa mayoría ilusoria que le ofreció al país un sonoro cambio de rumbo.


DESDRAMATIZAR EL DEBATE


POR JAIME QUINTANA, Senador y presidente del Partido por la Democracia (PPD).

 

Estamos en democracia y eso no es menor. En democracia se puede debatir, presentar proyectos de ley y discutir como corresponde.

Existe la constatación de parte de quien lidera la Nueva Mayoría y es la Jefa de Estado, de que Chile cambió y que eso no se puede obviar. Como coalición tenemos una oportunidad de lograr algo que no se logró en los anteriores gobiernos de la Concertación, que es reducir la brecha de la desigualdad.

Reducirla no se logra de la noche a la mañana, quizás no en los cuatro años y se logra apuntando a la productividad. ¿Cómo se apunta ahí? Mejorando la educación, las oportunidades, repartiéndolas de manera más equitativa. Por eso se empieza pro un proyecto que “empareja la cancha”: el fin del lucro, el copago y la selección. Ahí está el origen de los principales males del sistema educativo.

Y va a haber que ir removiendo, paso a paso, durante este año, de manera más fuerte y más agresiva si se quiere, cuando tengamos que modificar la Constitución, porque claramente, mientras tengamos este Estado subsidiario donde, a diferencia de lo que hicieron los países de la posguerra en Europa, que se hicieron cargo de servicios elementales, Chile los dejó al arbitrio del mercado.

Probablemente vamos a tener otros puntos de inflexión durante este año. Nadie dijo que la reforma iba a ser sin dificultades, donde todos pensamos y decimos lo mismo. No sorprenden las críticas, sino que lo que molesta un poco es que actores que debieran estar ciento por ciento comprometidos con la reforma, porque son parte de la coalición, se tiendan a salir del margen.

Lo que haría es un llamado a desdramatizar el debate, en la medida en que lo circunscribamos a un debate de ideas, de aspectos técnicos para mejorar. Aquí no tenemos un gobierno inflexible, es un gobierno que ha escuchado a los partidos, principalmente a la ciudadanía, también a los técnicos, incluso durante toda la campaña presidencial.

Quienes quieren que las cosas no cambien dijeron que con esto se producen desequilibrios, que se fortalece demasiado lo público. Al revés, durante décadas hemos dejado lo público bastante abandonado a su suerte.  

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