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La turbulenta historia de los terrenos donde estará el estadio de la Universidad de Chile

A los infructuosos intentos por construir el gran Parque Científico-Tecnológico de la casa de Bello, se suman tensiones con grupos ambientalistas por el uso de un parque que supera en un tercio la superficie del Cerro San Cristóbal.

La turbulenta historia de los terrenos donde estará el estadio de la Universidad de Chile

Cuando este jueves se anunció la construcción del futuro estadio de la Universidad de Chile en la Laguna Carén, muchos recordaron los dolores de cabeza que aquellos terrenos han provocado en sus dueños, la casa de Estudio del mismo nombre.

La historia comenzó en febrero de 1994, cuando a días de su término, el gobierno de Patricio Aylwin decidió transferir a la Universidad de Chile el predio fiscal de poco más de 1.000 hectáreas y rotulado como parque metropolitano, por lo tanto, protegido.

Hasta ese momento, el paño de la comuna de Pudahuel, dependía de la extinta Digeder, es decir, del Ministerio de Defensa que encabezaba el DC, Patricio Rojas. La idea, en ese entonces, era que la principal universidad del país pudiera crear una suerte de Ciudad Universitaria con un gran parque público de 200 hectáreas.

Tal como narraba Patricio Herman, de la Fundación Defendamos la Ciudad, en una columna de 2009, “una vez terminada la tramitación legal de la transferencia (marzo de 1994), en los inicios del gobierno de Eduardo Frei, la universidad le entregó poderes plenos a una Fundación, denominada Valle Lo Aguirre, presidida por el mismo Patricio Rojas, para llevar a cabo en el predio un ambicioso Proyecto de Desarrollo Científico y Tecnológico”.

Sin embargo, al poco andar, llegó la polémica cuando se priva de su calidad de área verde al parque, y Vivienda y Urbanismo autoriza a la citada fundación a desarrollar en el parque actividades que, a ojos de organizaciones medioambientales, no habrían estado autorizadas por la legislación vigente.

Según explica el mismo Hermann, al ser parte del “sistema metropolitano de Áreas Verdes y Recreación” no podía ser censurado de su condición como defendía la autoridad. “No podemos darnos el lujo de desafectar el área verde más grande de esta contaminada región”, decía.

Duros fueron los rifirrafes entre los administradores del parque –que supera en un tercio la superficie del Cerro San Cristóbal, considerado el pulmón verde de la capital- y las organizaciones ambientalistas que veían como partes del predio comenzaban a ser urbanizadas.

Pero ahí no quedó el asunto. En paralelo, a principios de 2001, la Contraloría decidió iniciar una investigación contra la Universidad de Chile por la “fallida” construcción del mencionado parque tecnológico, proyecto emblemático en el que se habrían invertido más de $1.600 millones y que aún no veía la luz. Una situación que se intentó subsanar cuando, en 2004, el entonces rector Luis Riveros, firmó un crédito con el Banco de Chile de US$ 20 millones para poder por fin iniciar la primera etapa del megaproyecto.

Según el comunicado emitido por la Universidad, la idea era que las instalaciones “junto con ser un centro de investigación empresarial y académico, contará con espacios para el desarrollo de actividades recreacionales, deportivas, culturales y de esparcimiento con grandes áreas verdes, parques y paseos peatonales”.

Sin embargo, en 2009, las noticias no eran alentadoras. Raúl Morales, decano de la Faculta de Ciencias, admitía que esa primera inversión sólo alcanzó “para hacer una urbanización. Si hoy uno visita esa zona de la Laguna Carén se dará cuenta que sólo un 10% de su superficie se ha ido urbanizando, es decir se han hecho caminos, se ha loteado y sectorizado el entorno para que haya luz y alcantarillado”.

Pero mientras la casa de estudios sufría dificultades para alcanzar el sueño de su parque tecnológico, otros comenzaban a ver con buenos ojos parte del predio: Azul Azul. La concesionaria que administra el club de fútbol lo incorporó a su carpeta de opciones para emplazar, de una vez por todas, el estadio que ya llevaban tantos años soñando. A las opciones de La Cisterna, Maipú, o La Pintana, se agregó la Laguna Carén en Pudahuel, pero no con muchas posibilidades. Según advertía un análisis de La Tercera, no solo había involucrado demasiados actores –entre ellos, el Estado- sino que tenía serias limitaciones medioambientales.

Unas objeciones que hoy, cuatro años después, parecen haberse superado.

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