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Road Movie: Los intocables

Aldo Schiappacasse analiza desde Estados Unidos el trabajo de Pizzi y los gustos del mundo futbolero sobre los técnicos.

Crédito: Agencia Uno
Road Movie: Los intocables

Me gustaba mucho Brian De Palma y dejó de gustarme. Se los digo porque estuve como un calcetinero en esa escalera de la Union State en Chicago donde filmó "Los Intocables", su última buena película. Y ahora veo el skyline de Manhattan y no puedo dejar de pensar en Woody Allen, algunas veces  maestro y otras apenas un viejito ñoño.

¿Por qué a uno debe gustarle toda la obra de un autor? ¿No puede haber libros buenos y malos del mismo escritor? ¿O es obligatorio el fanatismo, considerar que todas las melodías de un mismo cantante son buenas? Serrat, para poner un ejemplo que me duele, me gustó mucho en los setenta y los ochenta. Después ya no.

Hay gente que se declara bielsista y encuentra que todo lo que hace e hizo el “Loco” es bueno. Y yo creo, en mi legítimo derecho, que no, que varias veces se equivocó pesado. ¿Hay que defender a rajatabla el trabajo de Sampaoli en la selección? Otra vez, tuvo cosas buenas –muchas- pero se equivocó y mal sobre el final, poniendo en entredicho su discurso y su consecuencia. ¿Alabar a Pizzi en esta Copa América me transformará en “pizzista”? Para la inmensa mayoría de la gente del fútbol sí, porque en el debate futbolero la pasión nubla a la razón y el argumento siempre es extremo, o tiende a serlo. Esa es la gracia, porque le da pimienta y caldo, siempre que no se lo tomen tan en serio.

Pizzi Agencia Uno

A diferencia de muchos comentadores, no me gusta seguir tendencias para siempre, porque entiendo que la obra cambia, muta, se ennoblece cuando hay materia prima, se envilece en la soberbia y el triunfo, habitualmente.

Puede parecer raro, pero acontece: para demostrar que tenías razón, terminas deseando que tu propio equipo pierda, se humille, tropiece, sólo para validar tu crítica. Pasó con Santibáñez, con Acosta, con Borghi, con Salah. En  victorias y desastres, dividieron y polarizaron. Ahora con Beccacece y Sierra, por ejemplo. ¿Cuánta gente de la UC quería otro fracaso para cambiar a Salas? Es más sabroso discutir de fútbol extremando posiciones: eres pellegrinista o antipellegrinista.

Quiero reconocerle a Pizzi que me conquistó con su audacia, por la  valentía para imponer sus propias ideas cuando la lógica indicaba que debía seguir el modelo preestablecido. Que en el momento de mayores dudas no descalificó, ni se taimó, ni se aisló. Y eso, para los tiempos que corren, me parece un mérito.

Me gusta Pizzi. Como me gustaron De Palma, Allen, Vargas Llosa y Thiersen durante un tiempo. La gracia es que me guste por un buen rato más.

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