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Road Movie: Jirafales y la educación pública de calidad

Aldo Schiappacasse, desde Estados Unidos, da su particular mirada acerca del duelo de "La Roja" ante México en la Copa América Centenario.

Crédito: Agencia Uno
Road Movie: Jirafales y la educación pública de calidad

Si hay algo que me une culturalmente al Nico Castillo, a Marcelo Díaz o a Arturo Vidal, por poner tres nombres, es que – pese a las diferencias generacionales – todos crecimos viendo El Chavo del Ocho, el gran legado mexicano en su colonización del continente.

Más que Diego Rivera, naturalmente. O que Emmanuel, Muchacha Italiana viene a Casarse o Carlos Fuentes. La Vecindad fue universal, masiva, no supo de géneros ni clases y se eternizó en el tiempo gracias a una mirada tierna, profunda e indulgente sobre la pobreza, el desamparo, la orfandad y, sobre todo, la amistad. Nadie como el Chavo nos enseñó de la vida en momentos duros y tristes, y nos acercó tanto a una expresión común entre padres e hijos. Me perdonarán los fanáticos, pero más que La Guerra de las galaxias, incluso.

"A México lo conocemos hace rato. Sabemos lo que es, cuánto calza, lo que vale, lo que piensan"

Justo hoy, cuando estamos en la antesala del duelo frente a México, se nos muere el Profesor Jirafales, que era para esa comunidad de gente carenciada y siempre en la cornisa del desborde el hombre bueno, justo y severo, el candil de sabiduría. Pero el personaje de Rubén Aguirre era, por sobre todas las cosas, un hombre enamorado, lo que siempre se valorará en mayor medida.

Si las protestas pingüinas requieren hoy de un símbolo que encarne la educación gratuita, universal y de calidad debería ser Jirafales, que se empeñó con el Chavo, el Quico, el Ñoño, la Chilindrina y el resto hasta lo imposible, con paciencia de santo, como diría mi abuelita, que también veía la serie. Era un curso disfuncional, con problemas de aprendizaje, pero al profesor jamás se le ocurrió rendirse ni mucho menos sugerir Ritalín.

"Entendemos que hay que ganar para estar entre los cuatro mejores, una meta mínima para este equipo chileno"

Para decirlo en argot futbolero, a México lo conocemos hace rato. Sabemos lo que es, cuánto calza, lo que vale, lo que piensan. Lo entendemos como potencia y acogió a una interminable lista de nuestros mejores astros, desde Reinoso y Quintano hasta Zamorano. Nuestros formadores o técnicos no hicieron escuela en esas tierras, quizás porque no tuvimos nada que enseñarles.

En los números estamos parejos: el año pasado empatamos ante un equipo alternativo y entendemos que hay que ganar para estar entre los cuatro mejores, una meta mínima para este equipo chileno. Pero también que son casi locales y favoritos. Esa es la gracia. Hagámoslo por Jirafales, que es tan nuestro como de ellos.

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