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Road Movie: Sinatra y María Marta

Aldo Schiappacasse, desde Estados Unidos, analiza la presión que tiene Argentina por levantar un título.

Crédito: AFP
Road Movie: Sinatra y María Marta

Argentina está concentrada en Hoboken, donde nació Frank Sinatra en 1915. Es un sitio privilegiado, porque tiene una vista sobre Manhattan sólo superada por el Brooklyn Heights Promenade. Desde allí ven el Empire State iluminado con los colores de las naciones finalistas, en un fino homenaje de esta ciudad a los dos mejores equipos del certamen.

Messi –que lo conocemos bien- debe estar viviendo su propio calvario. El mejor jugador del mundo desde hace rato ha levantado todas las copas posibles con el Barcelona, pero no puede igualar la leyenda de su antecesor porque con la "albiceleste" se ha quedado en el peldaño anterior a la gloria. Maradona se lo ha dicho en todos los tonos posibles, hasta con mala clase, y eso a la Pulga le debe doler. Durante este certamen lo vejó dos veces: lo peló con Pelé y luego le advirtió que “si no ganaban no volvieran”. Lindo.

Un factor que puede pesar sobre los transandinos es la presión. La presión de ganar. La final de Brasil debió asegurarla Higuaín y luego el mismo Messi, pero fue Gotze el que marcó las diferencias. Y en Santiago pudieron sacrificarnos en el  minuto noventa, pero también fallaron. Toda la publicidad de los últimos años ha sido dirigida a ganar, a limpiar las lágrimas, a saldar las cuentas.

María Marta Serra Lima les canta ahora diciendo que “la tercera es la vencida”, y pone un ladrillo más en la muralla. Es la tercera consecutiva, es cierto, pero en Copa América ya habían perdido de manera increíble con Bielsa y Basile dos finales que debieron haber ganado –por fútbol y favoritismo- frente a los brasileños.

Acá en Nueva York los jugadores chilenos pudieron pasearse por Times Square (el más feo, sobrecargado y extraño de los símbolos de la ciudad) sin ser acosados, para alegría del Conejo, que sigue vendiendo maní en una de las esquinas. Poco después que el nuevo y dudoso presidente de la Confederación, Alejandro Domínguez, pusiera en duda el título ganado el año pasado y su premio más sabroso: la disputa de la Copa Confederaciones. Tuvo que rectificar al rato, porque la movida era muy impresentable, pero deja en claro que Chile fue un ganador que incomodó a los poderosos, a los que piensan sólo en el dinero y que podría volver a serlo.

Esa es la gracia. Y ahí está la presión. Esa que los desvela en Hoboken, la tierra de Sinatra, el hombre que mejor le cantó a Nueva York.

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